Pitazo final y Gaibor se funde en un abrazo con Castillo, le sonríe y le dice quizá que no se olvide de llevarse la pelota, que su hat-trick es para enmarcarlo porque fue el primero con Alianza, en Matute. Esa familiaridad, la confianza, no es un detalle menor: refleja la buena salud del camerino y el liderazgo efectivo de Pablo Guede. ¿El resultado? Un 8-0 descomunal, sublime, histórico sobre Cusco.
Pitazo final y Gaibor se funde en un abrazo con Castillo, le sonríe y le dice quizá que no se olvide de llevarse la pelota, que su hat-trick es para enmarcarlo porque fue el primero con Alianza, en Matute. Esa familiaridad, la confianza, no es un detalle menor: refleja la buena salud del camerino y el liderazgo efectivo de Pablo Guede. ¿El resultado? Un 8-0 descomunal, sublime, histórico sobre Cusco.
Y el liderato, el puntaje perfecto como local y los aplausos de un estadio lleno.
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Alianza empezó ganando desde antes. En la tribuna, con un Matute repleto, con un marco espectacular forjado -y cuidado- por el hincha. Luego llegó Cusco FC, el vigente subcampeón, el que pelea aún Libertadores, para terminar cediendo a la abrumadora apuesta en ataque de Alianza Lima.
“Me gusta ver el juego y detectar detalles para ayudar a mis compañeros”, dice Gaibor, el jugador-entrenador dentro del campo que ayer ante los cusqueños tuvo uno de sus mejores partidos. Relojito para repartir, preciso para recuperar y lúcido para entenderse con Eryc Castillo.
Su amistad es una radiografía del camerino: buena, estable y positiva. Fueron ellos quienes se repartieron los primeros cuatro goles en la primera mitad. Fueron ellos los que cuajaron la solidez del mediocampo y también hicieron jugar a sus compañeros.
“Hicimos un gran partido. Hay mucha unión y lo dije a comienzo de la temporada. El grupo está fuerte. El partido de hoy nos motiva más a seguir trabajando con mucha humildad. Le pesa a algunos equipos venir aquí“, agregaría Paolo Guerrero luego, insistente en que el discurso se consolide y no deje espacio a dudas: Alianza Lima es un puño.
Por eso en la conferencia de prensa Guede mantuvo el guion: “el triunfo es de los jugadores. No soy yo, son los jugadores, ellos son los que se llevan todos los méritos, creo que la humildad, la unión y el trabajo que hacen en silencio los chicos es meritorio”.
“Si les digo que se tiren de 50 metros no me preguntan por qué, me dicen cuántas veces, eso es un jugador convencido”, agrega el entrenador sin dejar espacio a que alguien dude en lo que se ha convertido hoy Alianza Lima.
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Intenso, analítico y acostumbrado al gesto fuerte, Guede asumió el partido como suele hacerlo: en cuclillas casi todo el rato, dando indicaciones y llamando a sus jugadores para aprovechar cada detalle.
Los dos goles en dos minutos los celebró eufórico, el resto fue más de quien celebra pensando en el siguiente reto. Enérgico, exigió mantener la intensidad pese a lo holgado que se iba haciendo la diferencia en el marcador. Nunca dejó que sus jugadores cedan a la comodidad de una goleada. Siempre los animó a ir hacia adelante, quizá también como una forma de entender -y representar-el respeto al rival.
Luego los goles, luego las cuatro tribunas cantando el “Se va el Alianza para campeón, se va, se va…”, y todos emocionados. Todo aplauso, luego Paolo con ganas de hablar, con ganas de dejar en claro que “esto es de todos”, que siempre lo dijo.
A ocho puntos de la ‘U’, peleando arriba con buena diferencia de goles, a estadio lleno. Pocas maneras existen de ver a un equipo más fuerte.




