Sentados en la tribuna, uno está cruzado de brazos y el otro se lleva las manos al rostro. No importa si es martes de Coquimbo o domingo de Melgar, el resultado demoledor es el mismo, el gesto impaciente es el mismo. Álvaro Barco y Franco Velazco, los responsables de esta crisis deportiva que vive un Universitario que es cuarto en el Apertura 2026 y mira el liderato a ocho puntos de distancia. Crudo para el tricampeón que vio cómo en seis meses -desde finales de octubre 2025 a la fecha- el mountruo que ganó cinco torneos cortos al hilo en el Perú hoy esté pensando en que aún falta el Clausura para salvar el año.
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Hoy el entrenamiento será dirigido por Jorge Araujo. Según se conoció en las últimas horas, la ‘U’ decidió que su futuro continúe sin Javier Rabanal en el banco. ¿Por qué no se anuncia aún la salida? El tema estaría entrampado en lo económico. El español habría pedido que se le respete los dos años de contrato que tiene firmado en la ‘U’.
En medio año, la planificación puede sostener un proyecto o desnudarlo. En el caso de Universitario empieza a imponerse con una claridad incómoda. Lo que parecía la continuidad lógica de un tricampeón, terminó convertido en una cadena de decisiones que hoy explican el bajón futbolístico del equipo. En el centro de la escena aparece Álvaro Barco, director deportivo, señalado por errores de cálculo, gestión y lectura del plantel.
El primer punto es la planificación. Tras celebrar el título en octubre del 2025, la ‘U’ tenía una ventaja competitiva clara: estabilidad deportiva y tiempo para anticiparse al mercado. Sin embargo, esa ventaja se diluyó. La dirigencia, con Barco como responsable deportivo, tardó hasta mediados de diciembre en definir al nuevo entrenador. La negociación frustrada con Jorge Fossati abrió una espera que terminó siendo costosa. La apuesta final fue por Javier Rabanal, reciente campeón en Ecuador, pero la demora en su llegada arrastró toda la planificación de fichajes. En un fútbol donde anticiparse es clave, la ‘U’ empezó el 2026 corriendo desde atrás.
El segundo error fue conceptual. Barco no solo eligió a Rabanal, sino que respaldó la idea de “modernizar” un sistema que funcionaba. El 3-5-2 que había llevado al tricampeonato no era solo un esquema, era una identidad. Intentar modificarlo sin una transición adecuada terminó rompiendo más de lo que construyó. La ‘U’ dejó de ser ese equipo intenso, vertical y dominante, para convertirse en uno previsible, con mayor posesión pero menor impacto. Y aquí aparece un punto crítico: Barco no logró ser el puente entre el vestuario y el entrenador. Referentes como Aldo Corzo y Horacio Calcaterra buscaron canales de diálogo, pero las decisiones finales nunca reflejaron esas conversaciones. La desconexión quedó expuesta en la cancha.
Velazco se sentó a solas con el técnico Javier Rabanal. En la conversación no estuvo presente el director deportivo Álvaro Barco. | Foto: Universitario de Deportes
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El tercer gran error está en el mercado de fichajes. Durante años, Barco construyó en la Universidad San Martín una reputación como descubridor de talento en el fútbol exterior. Sin embargo, en este último mercado, esa virtud no apareció. En paralelo en sus años como gerente deportivo santo era un ácido crítico de Universitario en los tiempos de la presidencia de Julio Pacheco.
De las incorporaciones, apenas destacan Caín Fara y Lisandro Alzugaray. El resto no ha logrado justificar su llegada. El caso más evidente es el de Sekou Gassama: un delantero que llegó tarde a la pretemporada, que suma apenas minutos en cancha y ningún gol. La promesa de un ‘9’ de jerarquía quedó lejos de cumplirse. Se lo dijo a El Comercio en una entrevista y no pudo cumplirlo.
A ello se suman apuestas como Héctor Fértoli, Miguel Silveira y Bryan Reyna. Ninguno ha logrado consolidarse, y más preocupante aún, ninguno parece encajar en una idea de juego clara. El problema no es solo el rendimiento individual, sino la falta de coherencia en la construcción del plantel.

Javier Rabanal junto a Franco Velazco (administrador) y Álvaro Barco (director deportivo). (Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)
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El cuarto error fue dejar ir a un jugador irremplazable sin tener un plan de contingencia. La salida de Rodrigo Ureña marcó un antes y un después. Clave en el equilibrio del equipo tricampeón, su renovación nunca fue prioridad real.
La oferta económica no estuvo a la altura y el chileno terminó emigrando a Colombia. Barco confió en que Jesús Castillo podía asumir ese rol en solitario. No ocurrió. La ‘U’ perdió orden, liderazgo y presencia en el mediocampo. Y lo más llamativo: nunca se buscó un refuerzo para esa posición, pese a ser el eje del sistema.
El quinto punto es una decisión que mezcla lo deportivo con lo económico: la no venta de César Inga. El jugador tenía una oferta concreta de la MLS, en una operación que superaba el millón de dólares y que involucraba a ADT. La decisión fue esperar mejores condiciones a mitad de año. Hoy, con el bajón general del equipo, esa apuesta luce arriesgada. Universitario no es un club que venda con frecuencia al exterior, y dejar pasar una oportunidad así implica un riesgo financiero importante.
Finalmente, hay un error transversal: la falta de reacción. En estos meses, la ‘U’ ha mostrado señales claras de desgaste futbolístico e interno. Sin embargo, desde la dirección deportiva no hubo ajustes a tiempo. El respaldo a Rabanal fue sostenido incluso cuando el equipo no respondía. Y en un club donde la exigencia es inmediata, esa pasividad se paga.
Hoy, el margen de error es mínimo. Si se concreta la salida de Rabanal, Barco enfrentará su decisión más importante: elegir al próximo entrenador. Nombres como Fabián Bustos o el propio Fossati aparecen como opciones naturales. Pero también surge el de Juan Reynoso, una alternativa que divide opiniones pero que representa experiencia y conocimiento del medio.
Universitario es un club que no espera. La historia pesa, la hinchada exige y los resultados mandan. En ese contexto, la gestión de Álvaro Barco ya no se mide por lo que prometió, sino por lo que dejó de hacer. Y en el fútbol, esos vacíos suelen ser los más difíciles de llenar.
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