Las noticias vienen advirtiendo del gran impacto que tendrá el fenómeno de El Niño en nuestro país e incluso lo llaman una amenaza extraordinaria. Ello no se debe solo a las altas temperaturas, sino también a sus consecuencias: lluvias, huaicos, inundaciones y posibles rupturas en las cadenas productivas. El Cenepred indica que cerca de 8 millones de personas y más de 2,4 millones de viviendas se encuentran en riesgo muy alto de inundación, además de 275,615 hectáreas agrícolas.
Las noticias vienen advirtiendo del gran impacto que tendrá el fenómeno de El Niño en nuestro país e incluso lo llaman una amenaza extraordinaria. Ello no se debe solo a las altas temperaturas, sino también a sus consecuencias: lluvias, huaicos, inundaciones y posibles rupturas en las cadenas productivas. El Cenepred indica que cerca de 8 millones de personas y más de 2,4 millones de viviendas se encuentran en riesgo muy alto de inundación, además de 275,615 hectáreas agrícolas.
¿Por qué nos demoramos en actuar? ¿Por qué no logramos tomar las previsiones necesarias a tiempo para mitigar fenómenos como este y solemos tener una actitud reactiva más que preventiva?
En uno de sus tantos ensayos, Hannah Arendt, una gran pensadora del siglo XX, señalaba que la desaparición del sentido común es el signo más claro de una crisis. También decía que en cada crisis se destruye una parte del mundo que nos pertenece a todos.
A partir de Arendt, entendemos el sentido “común” como la capacidad de advertir que vivimos en un mundo compartido y de poder juzgar teniendo en cuenta los puntos de vista de los demás y de la comunidad. Paradójicamente, y como se dice coloquialmente, es el menos común de los sentidos. Lo usual es que cada uno mire solo su propio interés, lo que hace desaparecer ese sentido “común”.
Con ello, podemos darnos cuenta de por qué existe inacción. Si no reconocemos una realidad compartida y creemos que el problema o la crisis nos es ajena, no se activa el sentido común y, por lo tanto, no se activa nuestra necesidad de prevenir. A esto se suma, como dice Arendt, que en una crisis respondemos con prejuicios; es decir, normalizamos el riesgo considerando que no es la primera vez que vivimos ese fenómeno y, mal que bien, se manejó.
¿Cómo recuperamos el sentido común?
Tomando consciencia de que carecemos de él y, luego, entendiendo que es una labor compartida entre las autoridades y los ciudadanos. El Niño ya está aquí, pero lo peor de las lluvias aún no; aprovechemos el margen que todavía existe para impulsar mayores acciones preventivas con sentido común. Que esta crisis se convierta o no en desastre depende de nosotros.



