El fenómeno de El Niño continúa intensificándose y ha alcanzado temperaturas récord en el océano Pacífico, semanas antes de llegar a su punto máximo previsto para diciembre. Los registros, que incluyen un calentamiento excepcional de las aguas superficiales y profundas, han llevado a algunos científicos a calificar el episodio actual como uno de los más extraordinarios de la historia.
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El Niño es un fenómeno climático natural que ocurre aproximadamente cada dos a siete años y suele durar alrededor de un año. Se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial y por cambios en la circulación atmosférica que pueden alterar las lluvias y temperaturas en distintas regiones del planeta.
Sin embargo, el calentamiento actual se extiende mucho más allá de la región tropical utilizada tradicionalmente para monitorear El Niño. Las comparaciones con los episodios de 1972-73, 1982-83, 1997-98 y 2015-16 muestran temperaturas oceánicas elevadas en una superficie mucho más amplia del Pacífico e incluso en el golfo de México, una situación relacionada parcialmente con el calentamiento global.
Pese a ello, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) señala que todavía no existe evidencia concluyente de que el cambio climático provocado por las actividades humanas esté haciendo que los episodios de El Niño sean más intensos o frecuentes. Esta relación continúa siendo objeto de investigación científica.
Lo que sí se conoce es que El Niño favorece la transferencia de calor desde el océano hacia la atmósfera, lo que contribuye a elevar las temperaturas globales. Combinado con el calentamiento provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero, este aporte adicional podría situar a 2026 entre los años más cálidos registrados, con temperaturas inusualmente elevadas que podrían prolongarse durante 2027.
Aunque la intensidad de El Niño no determina necesariamente la magnitud de sus impactos en cada región, sus efectos ya comienzan a manifestarse en distintas partes del mundo. La OMM advierte de alteraciones relacionadas con sequías e inundaciones, así como de una creciente preocupación por la seguridad alimentaria en algunas zonas de África Oriental y Asia-Pacífico. Mientras tanto, los pronósticos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) apuntan a que el fenómeno alcanzaría su máxima intensidad en diciembre.

