Es una triste ironía que el país donde la gastronomía es la principal fuente de orgullo de sus ciudadanos -el 48% respondió eso en una encuesta realizada por Ipsos Perú en julio del 2025- enfrente hoy en día los peores niveles de hambre de los últimos 15 años, según advierte el Índice Global del Hambre 2025 (GHI, por sus siglas en inglés) presentado recientemente por la red Alliance2015.
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Según los expertos de esta alianza conformada por la Fundación Ayuda en Acción, HELVETAS Swiss Intercooperation y Welthungerhilfe, la presión inflacionaria, la recesión económica sumada a la inestabilidad política, social y ambiental que ha enfrentado nuestro país especialmente en los últimos cuatro años ha llevado a que el Perú obtuviese un puntaje de 18.8, ubicándose en la frontera entre lo que el GHI considera “moderado” y “grave”, y que en el contexto nacional solo se puede comparar a los niveles alcanzados a inicios de la década pasada.
En ese sentido, en la actualidad las regiones con los indicadores más alarmantes de hambre en el país son Pasco, Huancavelica, Loreto, Arequipa, La Libertad, Cajamarca, Puno y Huánuco.
Sin embargo, otros 16 departamentos mantienen niveles moderados de hambre mientras que Ica destaca por ser el único que registra niveles bajos de hambre.
El reporte demuestra que la recuperación después de la pandemia es igual de complicada tanto para las áreas urbana como rural, en la primera el índica apenas se redujo de 18.9 a 18 del 2023 al 2024, mientras que en la segunda se mantiene prácticamente estancado con un 20.8 y 20.7 en los mismos años. Otro factor que ha resultado alarmante es el deterioro de la situación en la zona costera del país. Lima Metropolitana, por su parte, presentó un índice superior al de la selva y otros territorios costeros.
¿Significa esto que el Perú ha perdido oficialmente la batalla por cumplir el objetivo de Hambre Cero para el 2030? Para el representante de Welthungerhilfe para Perú y Bolivia, Lucas Dourojeanni, “las proyecciones advierten que si seguimos así, la meta de hambre cero no se va a cumplir para esa fecha, pero aún hay margen para revertir esta tendencia”.
Dourojeanni precisa que es necesaria la voluntad y compromiso de autoridades en todos los niveles de gobierno porque “es crucial entender el hambre como un problema estructural y sistémico, que no solo se reduce a falta de comida. Erradicarlo requiere desarrollar políticas públicas de estado que prioricen la reducción de brechas en salud, educación, infraestructura básica (como el acceso al agua potable), así como la promoción y revaloración de la agricultura familiar y la agroecología”.
Si hay un mensaje que ha dejado especialmente claro el GHI 2025 respecto al Perú es que en el país el problema no se origina desde la escasez sino desde la incapacidad de distribución. En el país no faltan alimentos, pero un gran sector de la población tiene serias dificultades para acceder a ellos. Lo mismo pasa desde el lado del tantas veces celebrado crecimiento económico que ha sido incapaz de traducirse en una reducción real de la vulnerabilidad alimentaria de los peruanos.
“La primera falla es la desconexión entre el crecimiento económico a nivel macro, y el desarrollo económico de las personas. Por otro lado, el estado peruano está actualmente sufriendo un proceso de debilitamiento institucional que se traduce en una incapacidad de brindar servicios básicos de manera plena y eficaz. Finalmente, el Perú ha descuidado el fortalecimiento de la agricultura familiar y los sistemas alimentarios locales destinados al consumo interno. Como resultado, los pequeños productores enfrentan alta vulnerabilidad frente al aumento de precios de insumos, la variabilidad climática y crisis externas, además de limitaciones estructurales en infraestructura, acceso a mercados y asistencia técnica”. enumera Dourojeanni.
Sobre esto último, el informe también alerta que el envejecimiento y la migración de jóvenes desde la zona rural hacia las zonas urbanas representan un riesgo para la agricultura familiar, la cual “aporta entre 60 a 70% de la alimentación en los hogares peruanos”, detalla a El Comercio Richard Haep, director de Helvetas Perú.
“Perder la agricultura familiar no es una opción, su rol no puede ser cubierto por la agroindustria o importaciones. No hay respuesta sencilla, pero de todas formas se requiere de voluntad política, no de palabras sino de acciones inteligente y de asignación presupuestaria. Quizás la agricultura familiar no parece reflejada en el PBI como debería, pero su rol para el desarrollo del país es enorme”, resalta Haep.
El representante de Helvetas Perú asegura que “el Estado ha mostrado que no puede solo” y considera fundamental la participación del sector privado, academia, comunidades y sus organizaciones sociales. Sin embargo, resalta que “ninguna organización social o el sector privado pueden sustituir el rol del Estado, su rol normativo, redistributivo, pero sobre todo su rol de ser el garante de los derechos de la ciudadanía debe cumplir en la mejor manera posible”.
En este contexto, la red Alliance2015 ha proyectado tres escenarios de impacto (leve, moderado y severo) de la coyuntura económica sobre el GHI a nivel nacional y subnacional. En caso se mantenga estable la economía, no será suficiente para revertir la crisis alimentaria que enfrenta el país. En un escenario pesimista (impacto severo), el GHI pasaría de 18.8 (2024) a 18.7 puntos, en un escenario moderado a 18.6 y optimista a 18.4. En todos los casos, el nivel de hambre en 2025 se mantendría entre los más altos desde 2010 (18.8).
Esto, al mismo tiempo, se traduce en alarmantes niveles de desnutrición y anemia. A la fecha, el 43.7% de menores de entre 6 y 35 meses de edad sufren de anemia infantil a nivel nacional, mientras que la desnutrición afecta al 12,1% de niños menores de 5 años, según la última Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) del INEI.
– Los efectos de El Niño –
En su último comunicado, la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno “El Niño” (ENFEN) mantuvo el estado de alerta de El Niño Costero, estimando que el fenómeno persista hasta enero del 2027. Y si bien los especialistas prevén que este persista en magnitud débil, tampoco descartan que alcance un nivel moderado entre junio y julio.
Esto podría tener un especial impacto en la costa, que según el GHI 2025 por primera vez alcanzó los mismos niveles de hambre que la sierra y la selva. Esto se debe a que “el problema no es solo de producción, sino de acceso a alimentos nutritivos y a la alimentaria: en las ciudades de la costa, la desnutrición convive con el sobrepeso y la obesidad. El Estado debe cerrar las brechas básicas de acceso al agua potable y saneamiento, así como atender obras de infraestructura postergadas, de modo que acceder a los alimentos no sea una lucha constante para las familias. En resumen, se requiere estabilidad institucional, protección del ingreso, políticas de salud y nutrición, infraestructura básica y fortalecimiento de sistemas alimentarios locales para reducir la vulnerabilidad estructural”, según Dourojeanni.
En cuanto a El Niño Costero, Haep considera que sin duda tendrá repercusiones en las próximas mediciones porque “los ocho departamentos cuya situación de hambre es considerada ‘grave’ serán entonces los más vulnerables ante un posible El Niño”. Además, el experto reitera que “el hambre no está directamente correlacionada con la producción, sino con el ingreso disponible para la alimentación. Lo que estamos observando por primera vez en años es que el hambre se ha convertido en un fenómeno urbano y capitalino”.
Para el representante de Helvetas Perú, sin embargo, lo más preocupante es que el hambre “no parece ser prioridad política: no ha sido tema de ninguna campaña electoral en los últimos comicios”.













