jueves, mayo 7

Se suele decir que ver a un artista en vivo es la forma suprema de conexión con la música. Hoy esa afirmación admite matices. A veces se olvida que, para muchos, la experiencia del concierto ya ocurre a través de una pantalla: la del celular que se alza sobre la multitud o la de una sala de cine cuando la gira no llega al país. No es lo mismo que estar ahí, claro. Pero el concierto grabado ha dejado de ser un consuelo para convertirse en una experiencia con peso propio: estreno global, butacas llenas y una narrativa pensada desde el inicio para la pantalla grande. Esta semana, dos lanzamientos musicales llegan a las salas: la reciente gira de Billie Eilish y un documental de Iron Maiden.

Se suele decir que ver a un artista en vivo es la forma suprema de conexión con la música. Hoy esa afirmación admite matices. A veces se olvida que, para muchos, la experiencia del concierto ya ocurre a través de una pantalla: la del celular que se alza sobre la multitud o la de una sala de cine cuando la gira no llega al país. No es lo mismo que estar ahí, claro. Pero el concierto grabado ha dejado de ser un consuelo para convertirse en una experiencia con peso propio: estreno global, butacas llenas y una narrativa pensada desde el inicio para la pantalla grande. Esta semana, dos lanzamientos musicales llegan a las salas: la reciente gira de Billie Eilish y un documental de Iron Maiden.

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No es la primera vez que el cine intenta capturar la energía de un concierto. Ya en 1970, Woodstock demostró que el registro de un show podía tener valor cinematográfico independiente. En 1984, el concierto “Stop Making Sense” de Talking Heads llevó el formato a otro nivel, porque era una puesta en escena pensada para la pantalla. Después vinieron décadas de intentos desiguales. En 2011 “Justin Bieber: Never Say Never” probó que el público joven estaba dispuesto a llenar cines para ver a su artista favorito en 3D. Quizá el salto definitivo llegó en 2023 con “Taylor Swift: The Eras Tour”, que recaudó más de US$260 millones globalmente y reescribió ciertas expectativas del formato. De ahí en adelante, el concierto cinematográfico dejó de ser una rareza para convertirse en parte del ecosistema de la industria musical.

La película de Iron Maiden puede servir para calentar motores de cara a su concierto en Lima del próximo 17 de octubre en el Estadio Nacional.

/ Iron Maiden

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El fenómeno también ha ganado terreno en el Perú. Este año, el público ya ha podido asistir en pantalla grande a un concierto de BTS convertido en una experiencia colectiva única en su tipo, y a la proyección de material recuperado de Elvis Presley: un “concierto perdido” de su etapa en Las Vegas que encontró una segunda vida en el cine.

En ese contexto se estrena uno de los proyectos más ambiciosos del formato. “Hit Me Hard and Soft: The Tour (Live in 3D)”, codirigida por Billie Eilish junto a James Cameron (“Titanic”, “Avatar”). Cameron ha señalado que no es un simple registro de una gira y que el 3D no funciona aquí como adorno: busca colocar al espectador dentro del espectáculo, hacerle sentir la escala del escenario, la cercanía de la artista y la vibración del público. No hay una cámara fija registrando el show desde afuera, sino una puesta en escena pensada para la experiencia cinematográfica.

La tendencia no se limita a los conciertos filmados. También alcanza al documental musical, y el ejemplo más próximo es “Iron Maiden: Burning Ambition”, que llega a cines el 7 de mayo. Dirigida por Malcolm Venville, la película recorre los cincuenta años de historia de la banda con archivos inéditos, entrevistas a sus integrantes —presentes y pasados— y testimonios de figuras como Lars Ulrich, Javier Bardem y Chuck D, además de nuevas secuencias animadas de Eddie, su icónica mascota. En este caso, no es un concierto entero en pantalla grande, aunque tenga impactantes registros en vivo y una biografía presentada en 4K con sonido Dolby Atmos. El documental responde al mismo impulso de llevar al cine una experiencia musical que el público quiere vivir en comunidad.

El auge de las películas de conciertos puede responder a varias transformaciones acumuladas. En años de streaming y consumo individual, la sala ofrece un momento de comunión con extraños, como en un concierto real: aplausos, risas y ese silencio compartido frente a algo que conmueve. No son pocos los que incluso se levantan a bailar frente a la pantalla, como ocurre hoy mismo en funciones del ‘biopic’ de Michael Jackson. A eso se suma el acceso: no todos pueden viajar para ver una gira internacional ni pagar una entrada de estadio, y la película reduce esa distancia. También hay una lógica industrial: la gira no termina cuando se apagan las luces del último show; puede prolongarse en cines de todo el mundo, con otro alcance y otra rentabilidad. //

Además…

Estrenos de la semana

“Burning Ambition”

Recorre los cincuenta años de la banda británica Iron Maiden con archivos inéditos, entrevistas y nuevas animaciones de Eddie. Dirigida por Malcolm Venville, la película ofrece una biografía en pantalla grande con sonido envolvente, pensada para vivirse como experiencia colectiva en salas de cine.

“Hit Me Hard and Soft”

La más reciente película de concierto de Billie Eilish es una propuesta cinematográfica bastante ambiciosa. Codirigida junto a James Cameron, propone una experiencia inmersiva total en 3D, que mezcla show, intimidad y tecnología para situar al espectador dentro del espectáculo.

Estrenos de la semana

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