El panorama era radicalmente distinto hace apenas cuatro años. En los comicios del 2022, 33.570 de los candidatos a distintos cargos subnacionales participaron a través de 115 movimientos regionales como vehículo electoral. La cifra representó cerca de la mitad de aspirantes en contienda. En 2026, serán solo 5.665, inscritos en 22 movimientos regionales.
En la otra orilla, la participación de los partidos políticos de alcance nacional aumentó en casi 80% desde el último proceso electoral. De 40.672 candidatos y 12 partidos en 2022, se pasó a 73.060 distribuidos en 41 partidos en 2026.
Por otro lado, el 12% de los aspirantes participan con alianzas electorales. Hace cuatro años, estas agrupaciones representaban menos del 1% de la oferta electoral.
En el ámbito distrital, los movimientos regionales pasaron de concentrar el 47% de las candidaturas en 2022 a 6,3% en el proceso en curso.
En total, la participación de los movimientos regionales se redujo en 86%. En 11 departamentos del país no hay ninguna candidatura de movimientos regionales. La mayoría de las organizaciones regionales que sobrevivieron se concentran en Arequipa, Amazonas y Cajamarca.
Migración preventiva
El 29 de mayo de 2024, el Congreso de la República aprobó, en primera votación, una reforma que eliminaba a los movimientos regionales y permitía la reelección de gobernadores y alcaldes. Según el politólogo Alejandro Boyco, aunque la norma no fue ratificada en segunda votación y los movimientos regionales mantuvieron la posibilidad de participar en los comicios, quienes aspiraban a postular en 2026 habrían optado por asegurar un lugar en las listas de los partidos nacionales ante la amenaza de desaparecer.
“La razón es evidente: el intento de reforma que hizo el Congreso en el 2024 para tratar de bajarse a los movimientos regionales bajo la excusa de fortalecer los partidos y tener más presencia en regiones. Terminó aprobada en primera votación y asustó a los políticos en regiones. Dijeron: ‘Si esto se aprueba y no me acomodo rápido, mi futuro político está arruinado’. Tuvieron que ir a partidos por estrategia, por supervivencia básica. La reforma finalmente no se aprobó, pero tuvo los efectos que buscaba: empujó a muchos cuadros a afiliarse a un partido nacional por pura conveniencia”, explica Boyco, politólogo del IEP.
Según el especialista, la recomposición en la oferta electoral no indica, necesariamente, que los partidos políticos se han fortalecido -objetivo de la reforma que no fue aprobada-, sino que responde a un “cálculo instrumental” para poder continuar en la arena política.
“Al aumentar artificialmente la cantidad de candidatos que postulan bajo sus membretes, se genera la idea de que los partidos se han fortalecido, pero es mentira: son los mismos políticos regionales que llegaron por supervivencia”, sostiene.

