De un tiempo a esta parte han aparecido una serie de libros catalogados como una nueva forma de poesía documental: ambiciosos proyectos conceptuales que, echando mano del testimonio, del dato objetivo o de la terminología académica, pretenden denunciar ciertos aspectos duros de la realidad como el extractivismo minero, la persecución a los migrantes indocumentados o la falta de una vivienda digna.
De un tiempo a esta parte han aparecido una serie de libros catalogados como una nueva forma de poesía documental: ambiciosos proyectos conceptuales que, echando mano del testimonio, del dato objetivo o de la terminología académica, pretenden denunciar ciertos aspectos duros de la realidad como el extractivismo minero, la persecución a los migrantes indocumentados o la falta de una vivienda digna.
Estos trabajos tienen momentos conseguidos y espacios donde su crítica se imbrica solventemente con su correlato objetivo y alcanza una lucidez fría que se traduce en un seco dramatismo, pero ninguno está del todo logrado: suele envolverlos una retórica derivativa que pierde toda intensidad o trastabillan en los tumbos de su compulsión expositiva.
Todo esto viene a propósito de que José María Salazar ha publicado un poema largo, titulado escuetamente “CS”, que a primera vista podría ser considerado un poema documental. Cabe puntualizar que los libros anteriores de Salazar me habían parecido poco satisfactorios, aunque era palpable un aprendizaje que lo ha ido sacudiendo de un sentimentalismo juvenil que no le hacía favor. “CS” es el resultado de ese paciente esfuerzo solitario: un texto donde química, historia (la de las naciones y la de los hombres solos), delirio frente a la razón taxativa de la ciencia, recuento de los muertos y pulsión profética y aforística confluyen en la comprensión de un tiempo que ya no admite épica ni elegía, sino la instauración de un conocimiento represivo y la celebración de sus víctimas.
El método de Salazar recuerda el de Charles Bernstein y el de algunos de los poetas del lenguaje que surgieron en Estados Unidos entre finales de los sesenta y principios de los setenta: maniobrar elementos que uno podría considerar radicalmente antipoéticos, reinterpretándolos, subvirtiéndolos, hasta que la extrapolación y reformulación de ellos produzca discursos quebrados por efectos inquietantes, cuando no siniestros. Salazar obtiene resultados valorables cuando opta por estos recursos, lo que se aúna a una estructura sagazmente concebida. Esta se funda en un acercamiento a la composición y a la historia de los gases lacrimógenos, para luego ramificarse en una secuencia de fragmentos que toman la manera del texto periodístico, el informe institucional, las voces irreconocibles de la multitud aplastada por las fuerzas del orden o el estilete que depura las impurezas de la historia oficial. Este entramado es consistente y soporta una voz que se alarga por distintos parajes y silencios, aunque por momentos ciertos facilismos formales atentan contra esa sostenida regularidad.
Pero más allá de los alardes técnicos y de las lecciones aprendidas, lo que resalta en este libro de José María Salazar es el modo en que se enmascara en el registro documental para hurgar en los procesos del lenguaje como traslación hacia el autoconocimiento. No hay alegoría, sino transmutación; no hay exploración hacia lo esencial, sino viaje hacia el dolor no enunciado, pero suspendido entre la traición de los vocablos y los símbolos. “CS” es uno de los mejores libros de los últimos años y tal vez uno de los poquísimos que no cae en la trampa aquella de confundir la poesía del lenguaje con inextricable seudofilosofía de ocasión.
“CS”
Autor: José María Salazar
Editorial: Personaje Secundario
Año: 2026
Páginas: 90
Relación con el autor: ninguna

