jueves, agosto 13

“Cualquier fuerza militar del mundo sabe el poder de los Igla-S y Venezuela tiene nada más y nada menos que 5.000 Igla-S en los puestos claves de la defensa antiaérea para garantizar la paz», dijo Maduro en un acto transmitido en televisión.

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De acuerdo con la agencia AFP, el misil ya fue usado en ejercicios militares ordenados por Maduro en respuesta al despliegue estadounidense en el Caribe, donde Trump ha enviado al menos ocho buques de guerra, un submarino y miles de marines. Además, 10 aviones caza F-35 han sido emplazados en Puerto Rico.

Nicolás Maduro gesticula mientras habla durante una marcha de juramentación de las fuerzas combatientes en Caracas, Venezuela, el 7 de enero de 2025. (Foto de Pedro MATTEY / AFP).

Estados Unidos ofrece una recomprensa de 50 millones de dólares por la captura de Maduro. Lo acusa de liderar el Cártel de los Soles junto con altos mandos militares y figuras políticas de su entorno.

Washington sostiene que el Cártel de los Soles es responsable de inundar de droga a Estados Unidos.

Tras el emplazamiento de su flota naval, Estados Unidos inició el 2 de setiembre una serie de ataques sin precedentes contra lo que califica de lanchas narcoterroristas.

El miércoles, el secretario de Guerra Pete Hegseth, confirmó dos ataques en el Pacífico, con lo que el número de lanchas alcanzadas asciende a nueve. Hasta el momento han muerto 34 personas en esas acciones.

¿Cómo es el Igla-S?

El Igla-S (designado en Rusia como 9K338 y por la OTAN como SA-24 “Grinch”) es un misil antiaéreo portátil tierra-aire que se monta al hombro.

El sistema completo pesa un poco más de 18 kilos: el misil 11,7 kilos y el tubo lanzador 6,5 kilos.

Mide cerca de 1,6 metros y emplea un buscador pasivo infrarrojo de doble banda para alcanzar sus objetivos.

Su alcance operativo se sitúa entre 500 metros y los 6 kilómetros. Su altitud máxima de impacto es de 3,5 km.

El misil está diseñado para atacar helicópteros, aviones a baja altura, drones y misiles de crucero que vuelen rasantes.

Sin embargo, no es un arma capaz de neutralizar sistemas de defensa aérea de mayor escala, ni aeronaves que se desplazan a gran altitud.

A diferencia de las baterías antiaéreas grandes, los Igla-S son sistemas individuales que puede empuñar un soldado. También pueden ser escondidos en vehículos y edificios.

Su movilidad facilita poder colocarlos en laderas de cerros, bosques o azoteas sin necesidad de tener una infraestructura compleja y pesada.

Su tamaño y modo de empleo también hacen posible su emplazamiento en áreas civiles, lo que, desde el punto de vista operativo, aumenta tanto la capacidad de defensa local, como el riesgo para la aviación civil y la población en caso de error, caída de restos o empleo indebido.

Al usar guiado infrarrojo pasivo, el Igla-S no delata su posición por emisiones de radar, lo que complica su detección remota y favorece tácticas de ocultamiento en zonas montañosas o urbanas.

El equivalente estadounidense del misil ruso Igla-S es el FIM-92 Stinger, un sistema portátil antiaéreo desarrollado por Raytheon. Ambos cumplen el mismo propósito: derribar aeronaves de baja altura con un solo operador desde tierra.

El Stinger es célebre por su eficacia en combate, pues fue clave en Afganistán durante la invasión soviética de los años 80. Es considerado ligeramente superior en precisión y velocidad al Igla-S, aunque este último posee mejor resistencia a bengalas y señuelos térmicos gracias a sus mejoras electrónicas.

¿Venezuela busca disuadir a Estados Unidos?

El analista internacional Roberto Heimovits le dijo a El Comercio que el anuncio de Maduro sobre los miles de misiles rusos que tiene Venezuela tiene una doble estrategia: disuadir a Estados Unidos ante una posible incursión aérea y fortalecer internamente la imagen de un régimen que lo controla todo, aunque recordó que el líder chavista carece de respaldo popular real.

“Presumiblemente parte de las operaciones de Estados Unidos, si incursiona en Venezuela, sería en helicóptero, con comandos helitransportados, para eso sirven los Igla-S“, anotó Heimovits.

El miércoles, Trump anunció que prepara ataques contra los narcotraficantes que operan por tierra.

“Probablemente volveremos al Congreso y explicaremos exactamente lo que haremos cuando pasemos a tierra”, dijo.

Trump remarcó que su administración estaba “totalmente preparada” para ampliar las operaciones antidroga en tierra.

Heimovits indicó que si se toma al pie de la letra la declaración de Trump, el escenario podría escalar hasta incluir ataques a objetivos del régimen de Maduro dentro de Venezuela, aunque advirtió que la consistencia de las afirmaciones Trump es incierta y que en el pasado ha cambiado de posición rápidamente.

Explicó que, de concretarse una acción militar estadounidense en Venezuela, las repercusiones directas en América Latina serían limitadas, pues el impacto más fuerte del régimen chavista sobre la región ya se dio a través del éxodo de millones de venezolanos, que afectó a economías como la peruana o la colombiana.

El analista planteó tres interrogantes centrales en torno a una posible intervención de Estados Unidos: «¿Washington tiene realmente un plan operativo para derrocar a Maduro? ¿Está dispuesto a invertir los recursos necesarios para hacerlo? ¿Tras una eventual caída del régimen, Estados Unidos asumiría el costo político y económico de estabilizar Venezuela, o simplemente se retiraría después de su ofensiva?“.

Heimovits duda de que Maduro pueda sostenerse si Washington decide realmente derrocarlo, pues podría enfrentar fracturas internas dentro de su propio círculo de poder.

Y frente a la posibilidad de un respaldo exterior ante un ataque, el analista señaló que Rusia solo ofrecería a Maduro apoyo verbal, ya que está concentrada en la guerra de Ucrania, y no intervendría militarmente en defensa de su aliado el líder chavista.

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