Hay pasiones que nacen en la cancha y otras que sobreviven fuera de ella. La de Jack Hurtado pertenece a ambas. En 2004, cuando una lesión lo obligó a dejar el fútbol competitivo en las divisiones menores de Sporting Cristal, encontró una forma distinta de seguir ligado al juego: empezó a coleccionar álbumes de figuritas. Lo que comenzó como una búsqueda personal terminó, más de dos décadas después, en un museo con más de 10 mil piezas y una obsesión que lo lleva cada cuatro años hasta Suiza, más de 10 mil kilómetros de distancia.
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“Yo colecciono desde 2004. Son ya más de 20 años”, nos dice, como si el tiempo fuera apenas una cifra más en su inventario. Pero detrás de esa frase hay una historia que explica mucho más que un hobby. Explica una manera de entender el fútbol.
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La primera conquista fue modesta: completar el álbum de la Copa América 2004, editado en Perú. “Logro llenar este primer álbum y eso causa en mí unas ganas de seguir llenando más álbumes”, recuerda. La sensación de cerrar un libro incompleto se convirtió en impulso. Primero fue hacia adelante, llenando cada colección que aparecía. Luego, cuando ya no quedaban pendientes, la mirada cambió de dirección: “Dije, ya no tengo nada más que completar. Entonces voy para atrás”.
Ese “ir para atrás” lo llevó hasta los años 30. Sin proponérselo, empezó a reconstruir la historia del fútbol a través del papel, del pegamento y de figuritas que viajaban de mano en mano. Hoy, su colección reúne cerca de 800 álbumes de más de 25 países, además de camisetas, balones, trofeos y objetos impensados con temática futbolera.
En 2018, cuando Perú volvió a un Mundial tras 36 años, la fiebre colectiva terminó de darle forma a su proyecto. Así nació el “Museo Coleccionables de Fútbol”, un espacio que se activa en temporadas clave -Mundiales, Copas América, finales- y que tiene en los álbumes su mayor tesoro. “La especialidad de la casa son los álbumes de figuritas”, resume.
La historia no se queda en Lima. Cada cuatro años, Jack emprende un viaje que combina logística, paciencia y una dosis de obsesión: ir hasta Zúrich, en Suiza, para conseguir una edición exclusiva del álbum del Mundial.
“Suiza publica una versión única en el mundo que solamente sale allí. Nosotros vamos a rastrear y traer el álbum y acercarlo a la gente”, explica. No es un capricho ni un lujo. Es una misión.
La pieza en cuestión no es cualquier álbum. Se trata de un box especial: una caja elegante que contiene un álbum de tapa dura -con diseño distinto al convencional- y 100 sobres cerrados. Una rareza que no se distribuye fuera del territorio suizo y que tiene un tiraje limitado. Es, en términos de coleccionismo, una joya.

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“El precio de salida está cerca de los 1000 soles. A eso hay que sumarle el costo de traerlo”, detalla. La experiencia de los mundiales anteriores le permite hacer un cálculo preciso: “Estamos hablando de entre 5000 a 6000 soles solamente lograr ingresar al Perú con ese álbum”.
Cinco mil, seis mil soles por una pieza de colección. La cifra puede parecer desproporcionada, pero en su lógica tiene sentido. “Es seguir con la tradición, seguir con la historia”, dice.
El Mundial 2026, además, añade un ingrediente especial. Será el primero con 48 selecciones, casi el doble de los torneos iniciales. Para Jack, eso convierte al álbum en algo más que una colección: “Hoy en día este álbum es catalogado como una enciclopedia, por ende, única, histórica”. Pero también hay otro factor que eleva su valor: será el último Mundial de Messi y Cristiano Ronaldo, los futbolistas que marcaron época.
“Esa cereza del pastel le da muchísimo más valor y protagonismo a los álbumes”, explica. En especial por un elemento introducido en Qatar 2022 y que se repite en 2026: las extra stickers. Figuritas especiales que no se pegan en el álbum y que aparecen de manera aleatoria en cajas de sobres.
La dinámica es simple y, a la vez, fascinante. Una caja de 104 sobres puede costar cerca de 500 soles. Dentro, con suerte, puede aparecer una figurita especial. “Te puede tocar un Messi dorado, que en el mercado podría costar hasta 100 dólares”, cuenta. Es, en cierto modo, una apuesta dentro del coleccionismo.




