El gobierno de Estados Unidos señaló este martes 12 que el costo de la guerra contra Irán, hasta ahora, se sitúa alrededor de los 29.000 millones de dólares, 4.000 millones más que la cifra que había reconocido dos semanas atrás.
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Más allá de la actualización del reporte de gasto, Hegseth no dio una fecha exacta para entregar al Poder Legislativo el informe de costes de guerra que este último órgano viene solicitando a la gestión de Donald Trump.
Las cifras del desembolso en el conflicto de Medio Oriente se han convertido en un tema cada más sensible de la agenda política estadounidense, debido a que el presupuesto que Hegseth pidió supone un incremento del 42% con respecto al que se asignó para el 2026, que se situó alrededor de 1,05 billones de dólares. De ser aprobada esa solicitud se trataría del mayor incremento porcentual desde la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, la preocupación por el gasto en medio de una guerra que demuestra ser cada vez más costosa viene siendo una fuente de presión cada vez más grande para Washington.
A inicios de marzo el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) indicó que solo las primeras 100 horas de operaciones contra Teherán —que se iniciaron el 28 de febrero— habrían tenido un costo de 3.700 millones de dólares, es decir, 891,4 millones de dólares diarios.

La acción militar de Estados Unidos e Israel ha causado estragos en Irán desde el inicio de la guerra en febrero.
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Días más tarde, el 13 de marzo, un reporte de The New York Times señaló que para esa fecha el costo de la Operación Furia Épica había alcanzado los 13.000 millones de dólares con un consumo de recursos de 1.000 millones diarios.
Esta información contradecía la versión oficial del Pentágono, que aseguraba que el gasto era de 2.400 millones de dólares hacia mediados de marzo. El departamento encabezado por Hegseth reconoció que los números que había presentado eran “preliminares” y que no incluía gastos operativos adicionales.
La oposición y críticos han venido sospechando que los gastos bélicos serían considerablemente mayores y acusan a la Administración Trump de subreportarlos y no ser transparente.
Parlamentarios demócratas como Elizabeth Warren y Adam Smith sostienen que la gestión de Trump está desviando hacia la guerra de Irán fondos ya aprobados para otros fines como ciberseguridad e investigación de inteligencia artificial para maquillar el gasto en la incursión bélica en Medio Oriente.
Desde el inicio del conflicto el Congreso de Estados Unidos ha solicitado un informe detallado del gasto militar en Irán, pero el gobierno central todavía no ha enviado reporte alguno. La postura de la bancada demócrata en ambas cámaras es que no se aprobará ningún presupuesto mientras no se envíen esos datos.
En la audiencia de este martes, Pete Hegseth fue consultado con insistencia sobre cuándo su Departamento entregará el informe al Congreso, pero este solo afirmó que enviará lo que sea “necesario” para que se apruebe su solicitud presupuestaria.
Las operaciones de Estados Unidos contra el gobierno de Teherán han ido disminuyendo en el tiempo, lo que se ha traducido en gastos cada vez menores, pero incluso en ese escenario las operaciones sobre Irán suponen un gasto por día superior al que tuvieron otros conflictos como la guerra de Irak o la de Afganistán.
El Instituto de Estudios Bursátiles de España señala que para EE.UU. el costo de la guerra de Irak se situó alrededor de los 2 billones de dólares y la de Afganistán se situó en 2,3 billones. Otras fuentes señalan de forma complementaria que en ocho años de operaciones en Irak el costo directamente militar fue de 1,1 billones de dólares, sin contar otros gastos derivados.

(Foto: USAF)
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Las operaciones en Irak tuvieron su pico de erogación durante el 2008, alcanzando un coste de 300 millones de dólares diarios, mientras que en Afganistán cada jornada habría implicado un gasto de entre 150 millones y 300 millones de dólares.
Tal como se señalaba anteriormente, la actual guerra de Estados Unidos contra Irán habría tenido un costo de 1.000 millones de dólares por día, aunque algunos reportes elevan estos números a picos de 1.800 millones.
Jeff Colgan, investigador de la Universidad de Brown, señala que al costo de la actual guerra en Medio Oriente se deben agregar otros 32.000 millones de dólares debido al impacto que este ha tenido en los estadounidenses a causa de los incrementos del precio de los combustibles. Un portal de monitoreo independiente llamado “Iran War Costs Tracker” incluye esta y otras cifras, calculando que el gasto real asciende a 77.000 millones de dólares.
En diálogo con este Diario, Carlos Aquino, director del Centro de Estudios Asiáticos de la UNMSM, señala que la diferencia de gastos entre estos conflictos se explica en parte por la naturaleza de la intervención estadounidense. Si en Irak y Afganistán la guerra se sustentó en el despliegue de fuerzas militares y soldados, el conflicto contra Irán se ha caracterizado por bombardeos remotos con costosísimos misiles.
“Estados Unidos se ha enfrentado a un tipo de guerra para la que no estaba totalmente preparado, la guerra de drones, y es irónico porque se ha visto justamente entre Ucrania y Rusia: un país que se ha ‘plantado’ ante una superpotencia mundial haciendo uso de los drones”, comenta Aquino.

Esta fotografía, distribuida el 15 de julio de 2020 por el Ministerio de Defensa de Taiwán, muestra el lanzamiento de un misil Patriot III de fabricación estadounidense durante el ejercicio militar anual Han Kuang. (AFP).
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Esta disparidad de gasto se evidencia con el precio de las armas norteamericanas. Por ejemplo, un misil Patriot PAC-3 MSE, que se cuenta entre los más avanzados del arsenal de Washington, tiene un costo que supera los 4 millones de dólares, mientras que los Tomahawk cuestan alrededor de 2 millones.
Ello contrasta notablemente con los drones Shahed iraníes, que se producen localmente por entre 20.000 y 30.000 dólares. Estas armas baratas han debido ser derribadas con el caro armamento estadounidense en la región del Golfo Pérsico.
Esta asimetría de gasto a nivel ofensivo y defensivo ha llevado a un agotamiento inesperado del arsenal estadounidense, que ha gastado en días lo que esperaba gastar en años sin poder reponer esas armas en el corto plazo. El CSIS señalaba el 21 de abril que las existencias de varios tipos de misiles se habían visto severamente afectadas, en algunos casos en más de la mitad, generando un peligroso vacío de cara a la seguridad nacional estadounidense.
Un caso crítico es el de los de los misiles de defensa Patriot, de los que se contaban 2.330 antes de los ataques y de los cuales se han usado entre 1.060 y 1.430 en el conflicto. Una situación similar se registra con los también defensivos THAAD, que tenían un inventario de 360 unidades, y se calcula que entre 190 y 290 ya han sido lanzados contra Irán.
Los carísimos misiles navales SM-3 tienen un precio de 28,7 millones de dólares por unidad y había 410 de estos inicialmente, pero Washington podría haber disparado hasta 250 de ellos durante la escalada militar contra la república islámica.













