Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Después de más de dos décadas de guerras, operaciones militares y de lucha contra los yihadistas del Estado Islámico, Estados Unidos completó su retirada de Irak, dejando un país muy distinto al que invadió en el 2003. La salida de los últimos soldados estadounidenses abre una nueva etapa para Bagdad, que deberá asumir plenamente su seguridad mientras enfrenta desafíos internos y una creciente influencia de Irán en su entorno político y militar.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
“Irak tiene ahora un primer ministro maravilloso… Tenía la opción de quedarme o de irme, y sentí que, sin duda, había llegado el momento de que Estados Unidos volviera a casa”, agregó.
Estados Unidos invadió Irak en marzo del 2003 con el propósito de derrocar al régimen de Saddam Hussein y para eliminar las supuestas armas de destrucción masiva que, aseguraba, el dictador escondía.
Esas armas nunca fueron encontradas, pero la invasión derrocó a Hussein, quien fue ejecutado en la horca en el 2006. Irak entró entonces en un prolongado periodo de inestabilidad que años después facilitó el surgimiento del Estado Islámico.

El soldado estadounidense Marcus Atkinson vigila una calle durante una patrulla en Tikrit, Irak, el 18 de diciembre de 2003. (EFE/EPA/STEFAN ZAKLIN).
/ STEFAN ZAKLIN
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

Un 30 de diciembre del 2006, el expresidente de Irak, Saddam Hussein, es ejecutado en la horca en Bagdad. (HO / Al Iraqyia TV / AFP).
/ HO
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Unos 2.400 soldados estadounidenses permanecían en Irak en la fase final del retiro, que se completó el miércoles 30 de setiembre.
Las fuerzas de Estados Unidos se habían retirado de Irak en el 2011, pero regresaron tres años después para ayudar a derrotar al Estado Islámico.

Soldados estadounidenses pliegan su bandera nacional mientras se preparan para abandonar la base militar en Hila, al sur de Bagdad, el 15 de julio de 2010. (EFE/EPA/KHIDER ABBAS).
/ KHIDER ABBAS
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

El soldado británico Adam Williams, del sur de Gales, vigila una calle en Al Zuber, a las afueras de la ciudad portuaria de Basora, Irak, el 6 de diciembre de 2003. (EFE/EPA/SHAWN BALDWIN).
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
El 29 de junio del 2014, el líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, había proclamado en Mosul la instauración del califato en Irak y Siria.

Abu Bakr al Baghdadi habló en la Gran Mezquita de al Nuri en Mosul, Irak, en julio de 2014.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Inicialmente, el Gobierno Iraquí pidió apoyo aéreo a Estados Unidos para frenar el avance del Estado Islámico, que había conquistado amplias zonas del país. A esa acción se sumó luego el ingreso de tropas.
En octubre del 2014, se creó la coalición internacional liderada por Estados Unidos e integrada por una treintena de países.
Durante los siguientes años, sus bombardeos respaldaron a las fuerzas iraquíes y kurdas en la recuperación de ciudades clave, hasta culminar con la liberación de Mosul en julio del 2017.
En diciembre de ese año, Bagdad declaró derrotado territorialmente al Estado Islámico en Irak.

Iraquíes golpean la cabeza de una antigua estatua de Saddam Hussein con sus zapatos después de la oración del viernes en Al-Sader City, antes conocida como Saddam City, en Bagdad, 26 de diciembre de 2003. (EFE/EPA/JAMAL NASRALLAH).
/ JAMAL NASRALLAH
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Pero la derrota del Estado Islámico no significó el fin de la presencia militar extranjera. La coalición pasó a una etapa de estabilización, entrenamiento y asesoramiento de las fuerzas iraquíes, mientras combatía a las células remanentes del grupo yihadista.
La tensión en Irak aumentó en el 2020, tras el asesinato del comandante iraní Qasem Soleimani en Bagdad en un ataque de Estados Unidos, y escaló desde el 2023, cuando milicias iraquíes proiraníes intensificaron sus ataques contra las fuerzas estadounidenses en el contexto de la guerra de Gaza.
En setiembre del 2024, Estados Unidos e Irak acordaron poner fin a la coalición y el retiro progresivo de las tropas. El repliegue comenzó en el 2025 y se aceleró en el 2026.

El primer ministro de Irak, Ali al Zaidi, anunció el fin de la coalición internacional antiyihadista, liderada por Estados Unidos, que ha estado desplegada en Irak desde el 2014, y afirmó que «ha comenzado una nueva etapa» en el país. (EFE/ Canal de Telegram del primer ministro Iraquí).
/ Canal de Telegram del primer ministro iraquí
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
El 30 de setiembre, Estados Unidos y los demás países de la coalición completaron su salida de Irak, poniendo fin a 12 años de operaciones contra el Estado Islámico.
El Gobierno iraquí, dirigido por el primer ministro Ali al-Zaidi desde mayo del 2026, presentó la salida de Estados Unidos como un paso hacia la consolidación de su soberanía y declaró cuatro días de feriado oficial.

Balance de la invasión de Estados Unidos a Irak. (Imagen generada con IA, Gemini).
Un balance “agridulce”

Soldados estadounidenses de la Cuarta División de Infantería colocan una bolsa sobre la cabeza de un detenido tras una patrulla en Samarra, Irak, el 17 de diciembre de 2003. (EFE/EPA/SHAWN BALDWIN).
Para Francesco Tucci, director de la carrera de Comunicación y Periodismo de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), el balance de la presencia militar de Estados Unidos en Irak es “agridulce”.
Sostiene que si bien Estados Unidos derrocó a la dictadura de Saddam Hussein y contribuyó a instaurar un sistema político más plural, un cambio que una parte de los iraquíes ha valorado, el país no alcanzó la estabilidad ni la prosperidad que Washington había prometido.
“Después del 2003 siguieron unos años de insurgencia y de violencia sectaria”, señala Tucci. A ello se sumó la aparición de grupos armados y milicias chiitas y, posteriormente, del Estado Islámico.
La dimensión humana de ese proceso también forma parte del legado de la guerra. Tucci recuerda que, según cifras citadas por Reuters, alrededor de 200.000 civiles iraquíes murieron durante el conflicto, mientras que más de 4.500 soldados estadounidenses perdieron la vida.
La paradoja estratégica de Washington

Un miembro de los combatientes kurdos Peshmerga toma posición en la montaña Qarachogh, a unos 60 kilómetros al sur de Erbil, capital de la región autónoma kurda del norte de Irak, el 30 de septiembre de 2026. (Foto de Safin HAMID / AFP).
/ SAFIN HAMID
El analista internacional considera que existe una paradoja en el resultado de la intervención estadounidense. La cooperación entre Estados Unidos, las fuerzas iraquíes y los combatientes kurdos permitió finalmente derrotar el control territorial del Estado Islámico en el 2017. Pero antes, la caída de Saddam Husein en el 2003 abrió espacio para una mayor presencia de Irán en la política, la seguridad y la economía iraquí.
“Al derrocar a Saddam en el 2003, Washington facilitó la expansión de la influencia iraní en la política, la seguridad y la economía de Irak. Un resultado opuesto a los intereses regionales de largo plazo de Estados Unidos”, remarca.
Para Tucci, ese es uno de los principales contrastes del legado estadounidense: la potencia que llegó para transformar Irak terminó contribuyendo indirectamente a crear condiciones para que su principal rival regional, Irán, ampliara su influencia en el país a través de su Eje de la Resistencia.
Irán gana espacio, pero no controla Irak

Un cartel gigante del fallecido líder supremo de Irán, Ali Jamenei, en Bagdad, Irak, el 27 de septiembre de 2026. (EFE/EPA/HANNIBAL HANSCHKE).
/ HANNIBAL HANSCHKE
La retirada estadounidense puede beneficiar a Teherán. Pero Tucci advierte contra la idea de que Irak vaya a convertirse automáticamente en un Estado subordinado a Irán o en un satélite de la República Islámica.
“Irán tiene una ventaja, no un control absoluto sobre Irak”, sostiene. Aunque ambos países comparten una mayoría chiita, el analista recuerda que Irak conserva sus propios intereses políticos y nacionales.
“La salida estadounidense ha sido presentada por Irán y sus aliados como una victoria. El desafío inmediato será determinar si ese éxito simbólico se traduce en mayor capacidad política y militar de las milicias chiitas respaldadas por Teherán”, manifiesta.
Algunas de estas organizaciones ya operan fuera del control efectivo del Estado Iraquí y se resisten a entregar sus armas. Por ello, una de las principales incógnitas será si el Gobierno de Irak puede consolidar el monopolio estatal sobre el uso de la fuerza.
Tucci también subraya que Washington no desaparece completamente del escenario iraquí. Estados Unidos conserva instrumentos diplomáticos y económicos, además de mecanismos de cooperación militar. Por tanto, la retirada reduce la presencia militar estadounidense sobre el terreno, pero no supone una ruptura de la relación con Bagdad.
Tres desafíos para Irak

Un miembro de las fuerzas de seguridad de Irak gesticula frente a una enorme bandera iraquí en la plaza Tahrir de Bagdad, el 29 de septiembre de 2026. (Foto de AHMAD AL-RUBAYE / AFP).
/ AHMAD AL-RUBAYE
A partir de la nueva etapa, Tucci identifica tres grandes pruebas para Irak. La primera es el control estatal de las armas. La salida estadounidense podría ampliar el margen de maniobra de las milicias proiraníes, especialmente si el Gobierno no consigue someterlas a la autoridad estatal.
La segunda es la amenaza del Estado Islámico. Aunque el grupo ya no controla ciudades ni grandes extensiones de territorio como en el 2014, “no ha sido derrotado definitivamente” y conserva células capaces de realizar ataques.
Las fuerzas iraquíes están hoy mejor preparadas que hace una década, pero deberán demostrar que pueden mantener por sí mismas capacidades como la vigilancia, la inteligencia y la coordinación militar que antes recibían directamente de Estados Unidos, resalta Tucci.
El tercer desafío será el equilibrio exterior. Bagdad tendrá que mantener una relación con Irán sin quedar subordinado a sus aliados y, al mismo tiempo, preservar una cooperación útil con Washington.
“Irán gana espacio. Pero, ojo, ganar espacio no quiere decir dominar”, indica Tucci.
Para Tucci, ese equilibrio será difícil de alcanzar debido a la presión de las milicias y de Teherán, pero también por las consecuencias que dejó la propia gestión estadounidense de Irak desde el 2003.
Conforme a los criterios de
![]()
Tipo de trabajo:
Lo último en Asia
Más sobre Irak



