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Hay escritores que construyen mundos y escritores que se dedican a desmontar el que ya tenemos. Mircea Cartarescu y J. M. Coetzee, dos de los grandes nombres de la literatura contemporánea, han hecho ambas cosas. El rumano ha convertido la memoria, los sueños y su Bucarest natal en una materia casi alucinatoria; el sudafricano, Premio Nobel de Literatura, ha construido novelas austeras donde el poder, la violencia, la culpa y la relación con los otros aparecen como preguntas difíciles de esquivar.
Hay escritores que construyen mundos y escritores que se dedican a desmontar el que ya tenemos. Mircea Cartarescu y J. M. Coetzee, dos de los grandes nombres de la literatura contemporánea, han hecho ambas cosas. El rumano ha convertido la memoria, los sueños y su Bucarest natal en una materia casi alucinatoria; el sudafricano, Premio Nobel de Literatura, ha construido novelas austeras donde el poder, la violencia, la culpa y la relación con los otros aparecen como preguntas difíciles de esquivar.
Los dos estarán en el Hay Festival Arequipa 2026, que se realizará del 5 al 8 de noviembre. Será una de esas coincidencias que permiten leer la literatura contemporánea desde dos extremos aparentemente incompatibles: Cartarescu, rumano, barroco, onírico y cercano a cierta vanguardia; Coetzee, sudafricano y luego australiano, austero, filosófico y silencioso. Uno parece querer introducir el universo entero dentro de una novela, mientras el otro puede hacer que una persona caminando por un sendero de tierra sea suficiente para preguntarnos qué hemos hecho con el mundo.
Mircea Cartarescu nació en Bucarest en 1956 y es uno de los escritores rumanos más reconocidos de las últimas décadas. Su trayectoria comenzó vinculada a la poesía y después se expandió hacia una narrativa cada vez más ambiciosa. Publicó “Nostalgia” en 1993, seguida por “Travesti” y, posteriormente, por la trilogía “Cegador”, compuesta por “El ala izquierda”, “El cuerpo” y “El ala derecha”. En 2015 apareció “Solenoide”, una novela monumental que terminó de consolidar su reputación internacional. Su novela más reciente es “Theodoros” y fue publicada en 2022.
Imaginar a Cartarescu es imaginar primero una habitación de Bucarest. Un hombre escribe y afuera se alza una urbe concreta con sus edificios, sus calles, sus recuerdos comunistas, sus tranvías y sus inviernos. Pero dentro de la cabeza de ese hombre la ciudad comienza a deformarse y el concreto de las paredes deja de estar tan fijo: una memoria puede convertirse en insecto, un cuerpo puede convertirse en una escultura y un sueño puede tener la consistencia de un documento.
Cartarescu escribe como si la imaginación fuera una forma de excavación. No parece interesado únicamente en contar lo que sucedió, sino en averiguar qué había debajo de aquello que sucedió. En “Solenoide”, un profesor de escuela de Bucarest lleva una existencia aparentemente gris mientras alrededor de él comienzan a aparecer experiencias que desafían las leyes habituales de la realidad. Hay una casa extraña, sueños, obsesiones y una búsqueda casi metafísica de una salida. La novela terminó recibiendo, entre otros reconocimientos, el Dublin Literary Award.
Pero quizá la mejor manera de explicar su importancia sea menos académica: Cartarescu consiguió que una generación de lectores descubriera que la imaginación también puede ser una forma de pensamiento. Para el escritor peruano J.J. Maldonado, autor de E-mails con Roberto Bolaño (Planeta. 2025), “Mircea Cartarescu es —o debería ser— una referencia ineludible para las nuevas voces de la narrativa escrita en español, especialmente por lo desbocado de su imaginación y por ese juego metaficcional de confundir al lector entre los límites de la ficción y la realidad, algo que Solenoide lleva casi al extremo.”
«Solenoide», de Mircea Cartarescu.
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Su llegada al Perú tiene algo de curioso. Cartarescu ya había sido anunciado como una de las figuras principales del Hay Festival Arequipa 2025, pero finalmente tuvo que cancelar su participación antes del festival. La organización explicó entonces que el escritor no podría realizar el viaje. Su eventual presencia en Arequipa en 2026 tiene, por eso, algo de segunda oportunidad.
A propósito de esto, Maldonado reflexiona sobre la relación del rumano con nuestro país: “Hay en Cartarescu una curiosidad genuina por César Vallejo, por esa relación casi mística que el peruano tenía con el lenguaje, como si escribir fuera una forma de invocar un lenguaje otro, una manera de tantear a Dios desde la palabra misma. El rumano lo ha reconocido afín a su propia búsqueda literaria. A eso se suma su fanatismo declarado por Mario Vargas Llosa, a quien ha citado entre sus lecturas fundamentales. Ahora que estará en Arequipa, podrá visitar la biblioteca personal del Nobel peruano, donde reposan libros autografiados por algunos de los mejores escritores del mundo.”
Si Cartarescu mira el mundo y sospecha que debajo existe otro, J. M. Coetzee parece mirarlo y preguntarse quién decidió que este era el mundo correcto.
John Maxwell Coetzee nació en Ciudad del Cabo en 1940. Estudió literatura y matemáticas en la Universidad de Ciudad del Cabo y pasó luego varios años en Inglaterra, donde trabajó como programador mientras investigaba al novelista Ford Madox Ford. Más tarde obtuvo un doctorado en la Universidad de Texas con una tesis sobre Samuel Beckett. Es decir, antes de convertirse en uno de los grandes escritores de nuestro tiempo, Coetzee ya había tenido al menos tres vidas posibles: matemático, programador y estudioso de la literatura.
Comenzó a publicar ficción en 1974 con “Tierras de poniente”. Después vendrían “En medio de ninguna parte”, “Esperando a los bárbaros”, “Vida y época de Michael K”, “Foe”, “La edad de hierro”, “El maestro de Petersburgo” y “Desgracia”. Ganó dos veces el Booker Prize: en 1983 por “Vida y época de Michael K” y en 1999 por “Desgracia”. En 2003 recibió el Premio Nobel de Literatura.
Coetzee escribió sobre el apartheid, pero sus novelas no se agotan en Sudáfrica. Esa es una de las razones de su trascendencia. La violencia histórica aparece en sus libros como una condición concreta, pero también como una pregunta moral que puede trasladarse a cualquier sociedad: quién tiene derecho a hablar, quién tiene derecho a mandar, quién puede ser considerado humano y qué ocurre cuando una persona descubre que las reglas que la protegían también eran las reglas que dañaban a otros.
En 2002 dejó Sudáfrica y se estableció en Australia y en 2006 obtuvo la ciudadanía del país oceánico. Desde allí continuó construyendo una obra que ha ido alejándose cada vez más de las etiquetas nacionales, pues sus libros posteriores han explorado también los derechos de los animales, la ética, la vejez, la violencia y la relación entre seres humanos y otras especies.
«Desgracia», de J.M. Coetzee.
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La escritora peruana María José Caro, autora de Vida animal (Alfaguara, 2024), reflexiona sobre la figura del Nobel sudafricano: “Pienso en Coetzee y pienso en libros como Desgracia, La edad de hierro o su trilogía autobiográfica, en los que la violencia, la desigualdad y la culpa se meten en una casa o en un cuerpo sin ofrecer consuelo y, sobre todo, sin ninguna redención fácil. Creo que pocos autores han cruzado ficción y ética con tanta sabiduría sin caer en lo aleccionador, y cuando escribe sobre sí mismo se trata con la misma dureza que a sus personajes. Coetzee te obliga a mirar y a hacerte cargo de lo que ves; te deja con emociones de las que es difícil salir.”
Por ello se puede decir que Coetzee no es un escritor de grandes gestos. Incluso cuando habla de asuntos enormes —el poder, la crueldad, los animales, la vejez, la culpa, el colonialismo, la libertad— lo hace muchas veces desde una escena mínima donde solamente aparece un hombre, o una mujer, o un perro, o una carretera desolada. Y entonces ocurre algo incómodo: la escena continúa después de que termina el libro.
Aunque Rumania y Sudáfrica, tierra de Cartarescu y Coetzee respectivamente, se encuentren muy lejos del Perú, en la geografía y quizá también en el imaginario más próximo, se puede decir que el escritor y periodista peruano Raúl Tola está relacionado con ambos, pue escribió una columna en este diario llamada J.M. Coetzee: la timidez del Nobel se extingue a la hora de escribir, en la que, entre otras cosas, menciona que “La obra de Coetzee se ha concentrado en desarrollar la tragedia que asoló su país desde la instalación del apartheid, el sistema de segregación racial creado para concentrar el poder en la minoría blanca, con leyes que prohibían el voto a los negros, separaban los lugares de recreo y estudio, sancionaban los matrimonios e incluso las relaciones sexuales interraciales. La brillantez de su obra se vio recompensada con el Premio Nobel de Literatura 2003″.
Además, recuerda la admiración del nobel peruano, Mario Vargas Llosa, por él: “Hay una Piedra de Toque en la que Vergas Llosa habla de su admiración por Coetzee y lo ubica como el mejor escritor vivo contemporáneo, incluso por encima de sí mismo”.
A manera de primicia, Tola comenta que “Coetzee va a estar concretamente en Arequipa porque, aunque parezca increíble, está escribiendo y terminando un ensayo sobre Mariano Melgar, intelectual y poeta peruano. Viene trabajando en él desde hace algún tiempo, con mucha anticipación.”
Sobre el autor rumano, Tola apuntó una anécdota que lo perfila con mucha precisión: “A Mircea Cartarescu lo conocí porque lo invitamos a la primera edición del Festival de Escribidores, en Málaga, donde sostuvo un diálogo con Vargas Llosa. Él, al haber crecido bajo la dictadura de Nicolae Ceaucescu, vio cómo todo se desarrollaba dentro de la censura: no se podía publicar muchos libros y hablar de muchos temas. Sin embargo, por alguna razón, no se censuraron los libros del Boom latinoamericano. Así conoció a Vargas Llosa, por quien generó una gran admiración desde muy joven. Cuando yo conversé con él para coordinar en qué momento se podía juntar con Vargas Llosa en el festival, le pregunté qué día estaba disponible, y me dijo ‘para el señor Vargas Llosa, los 365 días del año’. Básicamente, asistió a un encuentro con su ídolo.”
Cartarescu llega después de una primera visita frustrada. Coetzee llega con una obra que ya pertenece a esa categoría extraña de libros que han dejado de ser solamente contemporáneos para convertirse en referencia.
El Hay Festival suele convertir durante unos días a Arequipa en una ciudad extraña: escritores caminando por calles blancas, lectores haciendo colas y perdiéndose en conversaciones sobre libros que terminan transformándose en diálogos sobre el mundo o la vida.
Y aquí se juntarán un escritor rumano que ha pasado buena parte de su vida buscando puertas secretas dentro de la realidad, y un escritor sudafricano que ha dedicado la suya a preguntarnos qué hacemos con aquello que encontramos detrás de esas puertas. Allí, en ciudad blanca, al pie de un volcán.



