lunes, septiembre 7

Mientras el gobierno, con todas las atribuciones, recursos y presupuesto, dice que necesita las facultades legislativas para luchar contra la delincuencia, el alcalde de Lima presentó a la Guardia Metropolitana de Emape, que utilizará armas de fuego y que, dicen, va a proteger a los trabajadores y las obras de infraestructura ejecutadas por la municipalidad.

El gobierno, a pesar de que podría realizar muchas acciones contra la delincuencia sin las facultades, como bloquear las comunicaciones en los penales o reorganizar el INPE y la PNP, prefiere esperar y presionar al Congreso. Esto hace pensar que lo de la inseguridad y El Niño en las facultades solo es el anzuelo, y lo que realmente le interesa al gobierno es todo lo demás.

¿Y si el Congreso le da las facultades al Ejecutivo y la criminalidad no se reduce? ¿Y si después de tanto reclamar por facultades el gobierno no muestra resultados?

En estas cinco semanas, los dos principales problemas que el gobierno ha exhibido notoriamente son: a) la ausencia de un EQUIPO (grupo de personas organizadas para lograr un objetivo) profesional y adecuado, cohesionado y con liderazgo en varios sectores; b) desorden y falta de coordinación interna.

Tiene suerte el Ejecutivo de tener al frente a una oposición tan pobre que solo concentra su acción en tratar de oponerse a las facultades. Hasta hoy, todas las “vicisitudes” del Ejecutivo son exclusiva responsabilidad del gobierno y de su gente, cuyos nombramientos, en el Perú y en el exterior, parecen responder más a cercanía política o agradecimiento por favores recibidos que a criterios de eficiencia en la gestión pública.

Se pueden tener todas las facultades, se pueden elaborar los mejores lineamientos de política general, se puede priorizar bien en el papel, pero si no se tiene a la gente adecuada ni se hacen las coordinaciones oportunas y correctas para ejecutar todo eso con honestidad, autoridad y liderazgo, nada va a cambiar.

El Perú está sobrediagnosticado, sobrerregulado, tiene exceso de leyes y normas, pero lo que no tiene es buena gestión.

A más presión por las facultades, más eficiencia le van a pedir al Ejecutivo. Y, si con las facultades que tanto reclama el gobierno no muestra resultados reales y concretos al más breve plazo, no solo perderá rápidamente el apoyo de la población y generará un fuerte rechazo en varios sectores, sino que corre el riesgo de fortalecer a la oposición en la Cámara de Diputados y puede perderse ese tan precario equilibrio en la Cámara de Senadores.

Encerrarse en un pequeño círculo tan temprano, no hacer autocrítica, no reaccionar adecuadamente en momentos de crisis, defender lo que ya parece indefendible, y apostar todo a una sola opción, puede tener un alto costo político.

Mientras en la Municipalidad de Lima prefieren (¿voluntarismo o campaña electoral?) hablar menos y hacer más, sin facultades, moviéndose en el límite, aun cuando levanten las más encendidas críticas y acusaciones.

Dos enfoques, ambos riesgosos.

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