martes, agosto 25

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Cualquiera que hubiera visto a la pequeña Dolly Parton correteando por una casa rural, apretujada entre otros once hermanos, habría necesitado más que una bola de cristal para predecir que, más de cuarenta años después, un peruano la vería llegar en un carruaje dorado. De igual forma, hubiera sido casi imposible predecir que, tras su fallecimiento, cada periódico del mundo escribiría sobre su muerte a los 80 años.

Cualquiera que hubiera visto a la pequeña Dolly Parton correteando por una casa rural, apretujada entre otros once hermanos, habría necesitado más que una bola de cristal para predecir que, más de cuarenta años después, un peruano la vería llegar en un carruaje dorado. De igual forma, hubiera sido casi imposible predecir que, tras su fallecimiento, cada periódico del mundo escribiría sobre su muerte a los 80 años.

Se trata de un legado que hoy se mide casi tan alto como la propia leyenda: más de 3.000 canciones compuestas, más de 160 millones de discos vendidos y 11 premios Grammy, además de una fundación de libros infantiles que ha repartido más de 270 millones de ejemplares gratuitos en cinco países.

Dolly Parton y Johnny Cash, retratados a mediados de los años setenta, cuando ya eran amigos cercanos dentro del circuito country de Nashville, años después de que él la presentara en su debut en el Grand Ole Opry. (Foto: Dolly Parton Facebook)

Dolly Parton y Johnny Cash, retratados a mediados de los años setenta, cuando ya eran amigos cercanos dentro del circuito country de Nashville, años después de que él la presentara en su debut en el Grand Ole Opry. (Foto: Dolly Parton Facebook)

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Y, sin embargo, pobre y remota como era —y sigue siendo— aquella esquina de Tennessee, la historia de su hija predilecta se fue construyendo a lo largo de décadas de canciones, películas y proyectos que llevaron su nombre mucho más allá de esas montañas. Miles de personas viajaron para verla cantar, mientras su figura se extendía también hacia el cine, la educación y la filantropía. Ahora, ese recorrido llega a su final, luego de que su sobrino Bryan Seaver informara de su muerte. “Tennessee ha cambiado para siempre gracias a ella, y nunca será la misma sin Dolly”, escribió en sus redes el gobernador de Tennessee, Bill Lee.

En enero de 1946 habría sido difícil predecir que aquella niña, que según se ha contado durante décadas llegó al mundo a cambio de un saco de harina de maíz que su padre entregó al médico rural porque no tenía con qué pagarle, se convertiría en un ícono de la música estadounidense. Según cuenta ella misma, a los 13 años subió por primera vez al escenario del Grand Ole Opry, el templo de la música country en Nashville, donde Johnny Cash la presentó ante el público como una niña llegada del este de Tennessee. El público le pidió tres bises esa noche. Años más tarde, siguiendo el ejemplo de Cash, se convertiría en la madrina de Miley Cyrus

En los últimos años, Parton había continuado vinculada a la música y a sus proyectos, aunque redujo sus apariciones públicas debido a problemas de salud. En marzo de 2025 había perdido a su esposo, Carl Dean, con quien estuvo casada casi 60 años y a quien mantuvo, deliberadamente, lejos de los reflectores. Ahora, su historia termina de forma pacífica en Tennessee, el mismo lugar donde todo comenzó.

Dolly Parton junto a su ahijada Miley Cyrus, con quien compartió escenario y colaboraciones musicales a lo largo de los años, en una relación que nació en el set de «Hannah Montana». (Foto: Instagram / @dollyparton)

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En 1995 Parton creó la Imagination Library, un programa de distribución gratuita de libros para niños menores de cinco años. La iniciativa nació en Tennessee y estuvo inspirada en su padre, Robert Lee Parton, quien no sabía leer ni escribir. Posteriormente, el programa se extendió a Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Irlanda y Australia. Actualmente distribuye más de tres millones de libros cada mes y ha entregado más de 270 millones desde su creación. De ahí que, entre tantos apelativos, uno de los que más le gustaba a Parton fuera “The Book Lady”.

Esa misma generosidad respondió, año tras año, a las emergencias de su comunidad. Tras los incendios forestales que arrasaron Sevier County en 2016, creó el My People Fund y entregó 1.000 dólares mensuales durante seis meses a las familias que habían perdido sus casas; durante la pandemia de COVID-19 donó un millón de dólares al Vanderbilt University Medical Center, un aporte que ayudó a financiar la investigación que condujo al desarrollo de la vacuna de Moderna.

Ese mismo impulso, alimentado por un lugar del que nunca quiso alejarse del todo, dio forma a Dollywood, el parque temático que Parton levantó en 1986 sobre un antiguo predio llamado Silver Dollar City, en las montañas donde había nacido. Con el tiempo, el parque incorporó cerca de una decena de teatros dedicados al folclore del mundo —cada uno representando a un país distinto— reunidos bajo un Festival of Nations que, durante años, llevó a artistas de Europa, Asia, África y América Latina a bailar frente a un público internacional, siendo 2007 el año donde llegaría una delegación peruana de danza de tijeras.

Dolly Parton recibe su primera dosis de la vacuna de Moderna contra el COVID-19, el 2 de marzo de 2021 en el Vanderbilt University Medical Center de Nashville, la misma institución que ella ayudó a financiar con una donación de un millón de dólares. (Foto: Dolly Parton/Instagram)

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Sobre la muerte de Dolly Parton, Ángel Cataño Huamán -conocido como Rey Chicchi– no sabía nada. Sin embargo, desde Huancavelica nos cuenta la primera vez que la conoció. Cataño explicó que la invitación llegó a través de un director estadounidense vinculado a un consejo internacional de festivales de folclore, quien lo vio bailar en 2005 en Miami, durante una feria de las Américas. “Le gustó la danza”, recuerda Cataño, “y dijo que nos llevaría a un festival internacional en Tennessee”.

Según cuenta Cataño, la delegación viajó y permaneció tres meses, de marzo a mayo, bailando todos los días. Recuerda la llegada de la propia Parton al parque como una escena casi de cuento: “Tenía un carruaje de oro. Venía acompañada de una reina, en un carruaje llevado por caballos”. El parque reunía cerca de diez teatros, cada uno dedicado al folclore de un país distinto, y Perú se presentó ante un público que incluía veteranos de guerra y adultos mayores llegados de distintos puntos del país. “Nosotros mirábamos sus ojos impactados ante lo diferente, ojos de fascinación”, dijo. “Era uno de los ídolos de Estados Unidos y teníamos el privilegio de bailar en su teatro”.

El grupo peruano de danza de tijeras liderado por Ángel Cataño Huamán, «Rey Chicchi», durante su presentación en Dollywood en 2007, cuando el parque de Dolly Parton los invitó a representar a Perú en su Festival of Nations. (Foto: Archivo Rey Chicchi)

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El encuentro con Parton se dio a través de un intérprete, porque ella no hablaba español. Cataño recuerda que les hizo tres preguntas: qué significaban los vestuarios, qué significaba el sonido de las tijeras y qué significaban los pasos del baile. “Le explicamos todo”, nos menciona. Para la cantante, según su relato, fue la primera vez que invitaba a un grupo de Sudamérica: “Y la primera vez que veía de cerca a un danzante peruano”. El grupo, integrado por nueve artistas entre danzantes, bailarinas de tijera y músicos de arpa y violín, representaba a Huancavelica, en la sierra peruana. “Hablábamos quechua y español; éramos raíces de los incas eso atraía”, sigue Cataño, quien recuerda que Parton quedó impresionada por esa tradición y les pidió tomarse una fotografía juntos. Antes de despedirse, les dio un consejo que Cataño no ha olvidado: “Que sigamos llevando nuestra cultura viva del Perú al mundo”. Les confesó también, dice, que algún día quería conocer Machu Picchu.

Cataño, que entonces tenía 28 años, sostiene que esa experiencia reforzó su convicción sobre el valor del folclore peruano en el mundo. “El Perú es una potencia en folclore, en danza, en canto, estoy más convencido que nunca”, menciona . Hoy continúa formándose en la Escuela Nacional de Folklore, donde cursa el cuarto ciclo de una licenciatura que, dice, necesita para poder enseñar y dirigir de forma oficial lo que aprendió bailando desde niño. Antes de colgar el teléfono, todavía conmovido por la noticia agrega: “Hemos perdido a alguien grande”.

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