lunes, abril 20

Si estando dadas todas las condiciones para que pasaran a la segunda vuelta dos opciones de derecha, pueda ocurrir que termine pasando Roberto Sánchez de Juntos por el Perú –la peor de todas las izquierdas porque congrega al gremio magisterial emparentado con Sendero y Antauro Humala–, ello se debe a dos razones: a que el voto por la izquierda radical se concentró en un solo candidato (que absorbió toda la votación de Atencio y de Cerrón) y a un voto de reparación por lo que fue percibido como un golpe contra Castillo ejecutado por los grandes poderes limeños.

Si estando dadas todas las condiciones para que pasaran a la segunda vuelta dos opciones de derecha, pueda ocurrir que termine pasando Roberto Sánchez de Juntos por el Perú –la peor de todas las izquierdas porque congrega al gremio magisterial emparentado con Sendero y Antauro Humala–, ello se debe a dos razones: a que el voto por la izquierda radical se concentró en un solo candidato (que absorbió toda la votación de Atencio y de Cerrón) y a un voto de reparación por lo que fue percibido como un golpe contra Castillo ejecutado por los grandes poderes limeños.

Esa narrativa terminó imponiéndose porque se montó sobre la matriz ideológica prevaleciente en los Andes de un centralismo expoliador que se lleva los recursos fuera. Es la ideología del despojo infundida desde los setenta por las izquierdas, Velasco y por Patria Roja y el Sutep en los colegios, de modo que tenemos una población sociológicamente emprendedora y capitalista pero ideológicamente revanchista.

El Perú no ha capitalizado para la conciencia y el orgullo nacionales la excelencia de la estrategia con la que derrotamos a Sendero ni el extraordinario crecimiento desde los noventa que redujo abismalmente la pobreza. La batalla cultural está pendiente.

Por supuesto, el ciclo anárquico de los últimos diez años también ha sido nefasto, pero su efecto deletéreo ha sido agravado por la tesis irresponsable de un pacto corrupto indiscriminado en el Congreso que aprobó leyes procrimen. Por supuesto que el Congreso ha cometido excesos –aunque también aprobó la bicameralidad y la reforma de las pensiones por ejemplo–, pero la única ley procrimen ha sido la que extendió el Reinfo porque no había Ley MAPE. Las demás reparaban extremos que permitieron muchos abusos de la justicia politizada y de la regular.

La promesa de esta elección es que a partir del próximo gobierno se ponga fin al ciclo anárquico e inauguremos una era de estabilidad política que, sumada a las reformas necesarias, dé lugar a un ciclo largo de altísimo crecimiento y reducción acelerada de la pobreza.

Esta vez Keiko Fujimori tiene más posibilidades de ganar: su punto de partida ahora es mejor: ha obtenido 17% en la primera vuelta (más el voto suyo que apoyó a López Aliaga) mientras que el 2021 obtuvo solo 13%. Su antivoto ha disminuido de 62% en el 2021 a 48% según Datum, está más cuajada como política y como persona luego del duro e injusto vía crucis de la cárcel, y ha revalorado la gestión de su padre, lo que le ha permitido recuperar parte del medio rural y darle respaldo al mensaje del “orden”.

Pero tendrá que conversar con Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno) y otros si quien pasa a la segunda vuelta es Roberto Sánchez, sobre todo para formar mayoría en el próximo Congreso. Porque Fuerza Popular y Renovación Popular juntas solo suman hasta ahora 30 senadores (la mitad) y 56 diputados de 130.

Una concertación es factible porque los planes de los tres partidos tienen suficientes puntos en común como para alcanzar un acuerdo de gobierno o en torno a reformas clave. El país lo necesita a gritos. Dios quiera.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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