“Abuelito”, “viejita”, “anciana” o “ya está grande para eso”. Son expresiones habituales que incluso pueden utilizarse con una intención afectuosa, pero que también pueden esconder una idea más profunda: asumir cómo debería comportarse una persona, qué actividades puede realizar o cuáles debería abandonar únicamente por su edad.
El debate cobra mayor relevancia en un país que envejece. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) citadas en el documento, las personas de 60 años a más representan actualmente el 14,3% de la población peruana. En 1940 constituían apenas el 6,4%.
(Foto: Freepik)
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Sin embargo, el aumento de la esperanza y las posibilidades de mantenerse activo durante más años no necesariamente ha ido acompañado de un cambio en la forma en que la sociedad percibe la edad. Persisten estereotipos que relacionan el envejecimiento con una menor capacidad para aprender, trabajar, ejercitarse, utilizar tecnología o tomar determinadas decisiones.
En el marco del Día del Adulto Mayor, Elizabeth Gómez, jefa de Proyectos Estratégicos de la Universidad del Pacífico, identifica cinco ideas que todavía persisten alrededor de las personas mayores.
Ser una persona mayor no significa necesariamente tener nietos. Tampoco la condición de abuelo o abuela define por sí sola la identidad de una persona. Según Gómez, expresiones como “viejito” o “ancianita” pueden terminar reduciendo a alguien únicamente a su edad.
La edad tampoco supone necesariamente abandonar la actividad física. Personas de 50, 60 años o más continúan entrenando, corriendo o practicando distintas actividades para cuidar su bienestar. La capacidad y las condiciones de cada persona, antes que una determinada edad, marcan esas decisiones.
La ropa, las actividades sociales o la manera de divertirse también suelen quedar sometidas a estereotipos relacionados con la edad. Viajar, salir con amigos, descubrir nuevos pasatiempos o, por el contrario, optar por una vida más tranquila son decisiones personales y no comportamientos que correspondan necesariamente a una determinada etapa de la vida.
Las cifras muestran que el uso de herramientas digitales también viene creciendo entre los adultos mayores. De acuerdo con datos del INEI recogidos en el documento, durante el primer trimestre del 2024, el 47,5% de las personas de 60 años a más utilizó Internet, 3,4 puntos porcentuales por encima del mismo periodo del 2023.
El dato permite cuestionar la idea de que existe una edad a partir de la cual resulta imposible adaptarse a nuevas tecnologías o adquirir habilidades digitales.
El envejecimiento de la población también está modificando la vida laboral y las oportunidades de formación. El documento señala que, según la OCDE, la edad de jubilación aumentará en más de la mitad de sus países miembros de acuerdo con la legislación vigente.
En el Perú también existen programas dirigidos a personas mayores de 50 años que buscan desarrollar nuevos proyectos. Uno de ellos es Emprende 50+, de Emprende UP, que ofrece formación, acompañamiento y mentoría para desarrollar ideas de negocio.

. Foto: Istock
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Para Gómez, el problema aparece cuando la edad deja de ser un dato y se convierte en una forma de establecer de antemano las capacidades y posibilidades de una persona.
“Cuando usamos una palabra para definir a una persona solamente por su edad, corremos el riesgo de asumir también cómo debería vivir, qué debería hacer o qué ya no puede hacer”, señala.
La especialista sostiene que el desafío no pasa necesariamente por encontrar nuevas denominaciones para quienes superan los 50 o 60 años, sino por evitar que esas categorías se conviertan en límites. Una persona puede comenzar a entrenar a los 60, aprender una nueva tecnología a los 70 o cambiar de rumbo profesional a los 50.



