El telón acaba de levantarse. Sobre el escenario del teatro Manuel Ascencio Segura, en el Centro Histórico de Lima, los primeros compases de “Raymonda” anuncian el inicio de una nueva temporada del Ballet Municipal de Lima. Mientras el público sigue la historia, detrás de bambalinas otra coreografía también está en marcha. Pedro Archenti, jefe de escena, no suelta su walkie-talkie; en cualquier momento tendrá que coordinar el siguiente cambio de escenografía o luces. Una vestuarista permanece siempre atenta por si algún tutú necesita un ajuste de último minuto y, desde uno de los laterales del teatro, los maestros Carlos Valcárcel y Guadalupe Sosa Migone observan cada movimiento con la misma concentración con la que dirigieron semanas de ensayos. La función ya empezó, pero para ellos todavía queda mucho por hacer.
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“Somos un apoyo muy importante, no solo como maestros, sino también como personas que están formando y dirigiendo a personas. Ser bailarín es complejo no solo a nivel físico, sino también emocional, y como maestros procuramos estar ahí para cuando sea necesario”, dice. En una disciplina donde la técnica convive con la interpretación, acompañar emocionalmente a los bailarines también forma parte del montaje.
La misma búsqueda de fidelidad alcanzó al vestuario de “Carmen”. En la primera temporada (2024) las prendas llegaron desde Canadá por cuestiones de tiempo, pero esta vez fueron reproducidas en Lima a detalle: telas fosforescentes, trajes bordados con pedrería y más.
Si Guadalupe Sosa se encarga de conservar la memoria de una obra, el maestro español Carlos Valcárcel llegó a Lima para asumir otro reto: condensar “Raymonda”, uno de los grandes ballets de Marius Petipa, en una suite de apenas una hora sin perder su esencia. Considerando, además, que se trata del debut de la puesta en escena en suelo peruano.
“Lo más retador ha sido traer la esencia del ballet clásico como Petipa la concibió, sin perder esa delicadeza y potencia”, explica. La versión original supera las tres horas, por lo que sintetizarla implicó decidir qué conservar y qué dejar fuera sin alterar su identidad.
El resultado, asegura, también fue posible gracias al compromiso del elenco. “Me he encontrado con que el bailarín peruano es un bailarín que está cien por ciento dedicado a su trabajo, y con esa actitud se pueden conseguir cosas muy buenas. Ya lo verán en escena”, señala.

Pedro Archenti Dávila, jefe de escena, ha trabajado con el Ballet Municipal desde su creación al mando de la icónica Lucy Telge. Hoy, su equipo de tramoyistas consiste en seis personas, y frecuentemente convoca a artistas de Bellas Artes. (Foto: Elias Alfageme/ Revista Somos)
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Cuando los bailarines ocupan el escenario, Pedro Archenti comienza con lo suyo. Desde hace más de tres décadas, el jefe de escena coordina los cambios de escenografía, los movimientos de telones y cada transición que ocurre durante una función. Su trabajo consiste en asegurarse de que todo suceda en el segundo exacto.
Esta temporada implicó un desafío particular. Mientras “Raymonda” recupera la estética del gran ballet clásico, “Carmen” obligó a reensamblar una escenografía más libre, presta para juegos de luces y movimiento. “Es como volver a armar un rompecabezas”, resume.
Algunas estructuras requieren varios días de montaje para permanecer apenas unos minutos frente al público. Archenti insiste en que ese resultado nunca depende de una sola persona.“Siempre he dicho que esto es un conjunto. Están los bailarines, la parte técnica, la escenografía y las luces. Todo completa el espectáculo”. Y quizá esa sea la mejor definición de un ballet. No solo el que ocurre bajo los reflectores, sino también el que transcurre detrás de ellos: el de las manos que cosen un tutú hasta el último instante, las que devuelven el color a unas zapatillas de punta gastadas por los ensayos, las que ajustan una luz, levantan un telón o detienen una coreografía para repetir un paso una vez más.
Cuando la función termina, los aplausos se concentran, como debe ser, en quienes están sobre el escenario. Pero detrás de cada ovación permanecen quienes hicieron posible que el telón se levantara. //













