Antes de convertirse en uno de los rostros más entrañables de la televisión peruana, Enrique Espejo pasó cerca de diez años detrás de un escritorio, como empleado del ya desaparecido Banco Hipotecario. Y dentro de la monotonía laboral, nada indiciaba a sus compañeros que, mientras buscaba información para su tesis universitaria, encontraría un espacio cuando llegó a un canal de televisión como un extra. Ese giro casual, sumado a su acercamiento previo al teatro, terminó de encaminarlo hacia la pantalla chica, donde construyó una carrera de más de cuatro décadas.
Antes de convertirse en uno de los rostros más entrañables de la televisión peruana, Enrique Espejo pasó cerca de diez años detrás de un escritorio, como empleado del ya desaparecido Banco Hipotecario. Y dentro de la monotonía laboral, nada indiciaba a sus compañeros que, mientras buscaba información para su tesis universitaria, encontraría un espacio cuando llegó a un canal de televisión como un extra. Ese giro casual, sumado a su acercamiento previo al teatro, terminó de encaminarlo hacia la pantalla chica, donde construyó una carrera de más de cuatro décadas.
En sus más de 40 años de carrera, Espejo nunca fue la estrella principal de un programa ni protagonizó un show con su nombre en el título. Fue, sin embargo, fue el secundario indispensable, ese actor sin el cual ningún sketch de Jorge Benavides parecía completo. Su personaje rara vez tenía la última palabra, pero era, invariablemente, el que se daba el pase para el remate final de un chiste. El comediante falleció a los 75 años y aún en su muerte, mucho lo llaman por aquella chapa que le pusieron sus colegas hace medio siglo: “Yuca”.
«Yuca» en el sketch del cobrador y los pasajeros de ‘Risas y Salsa’, el segmento con el que empezó a ganar popularidad en 1987 interpretando a un vendedor que recibía golpes por «pasarse de listo».
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Enrique Espejo nació el 22 de abril de 1951 en Barranca, en el seno de una familia de clase media baja. A los 15 años se mudó a Lima para estudiar Relaciones Públicas, carrera que llegó a ejercer en el sector bancario antes de que el teatro comenzara a atraerlo. Ese acercamiento a las tablas, sumado al encuentro fortuito que tuvo con un canal de televisión, lo llevó en 1980 a ser convocado por el recordado cómico Tulio Loza para integrar su programa, su primer contacto formal con la comedia televisiva.
Poco después llegó a ‘Risas y Salsa’, el espacio humorístico en el que coincidió por primera vez con Jorge Benavides y donde terminó de construir el personaje que lo acompañaría toda su vida: aquel que, sketch tras sketch, terminaba llevándose los golpes de los demás. Fue también en esos años, cuando tenía alrededor de 24, que nació su apodo artístico: durante la grabación de una escena, su compañero Adolfo Chuiman lo bautizó como ‘Yuca’ en medio de una broma sobre un cobro pendiente, y la ocurrencia divirtió tanto al público que el nombre quedó para siempre.

Jorge Benavides confirmó el fallecimiento de Enrique Espejo, ‘Yuca’, este viernes 11 de septiembre, a los 75 años, a través de un mensaje en sus redes sociales.
/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > ALLEN QUINTANA
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Tras alejarse de ‘Risas y Salsa’ en 1990, se sumó al elenco de ‘JB El Imitador’ y, desde 1994, a ‘JB Noticias’, retomando su alianza artística con Benavides. Con el correr de los años se convirtió en un personaje de soporte indispensable dentro de cada nuevo proyecto de su colega, una presencia que sobrevivió a los cambios de canal y de formato durante toda esa década.
Ya en los años 2000, su nombre quedó asociado a producciones como ‘La Paisana Jacinta’, con distintas temporadas entre 1999 y 2014, además de ‘Los Inimitables’ y ‘Risas y Salsa: Nueva Generación’. Su popularidad también se trasladó a la pantalla grande, con apariciones en cintas como ‘Asu Mare 2’ y ‘La Paisana Jacinta en busca de Wasaberto’, que confirmaron su lugar como uno de los secundarios más queridos de la comedia local.
En la década de 2010, Espejo regresó de forma más estable al lado de Benavides en ‘El Especial del Humor’, ‘JB en Willax’, ‘El Wasap de JB’ y, finalmente, ‘JB en ATV’, programa en el que permaneció hasta el inicio de su enfermedad. En ese tramo final de su carrera quedaron algunos de los sketches por los que el público más lo recuerda, como ‘La Jugada Polémica’, ‘Rambo’ y ‘La Farmacia’, todos construidos sobre el mismo recurso que lo hizo popular desde los años ochenta: un personaje entrañable, siempre a punto de llevarse un golpe, capaz de improvisar sin quedarse nunca callado frente a las cámaras.
Enrique Espejo durante su regreso a la televisión en ‘El Especial del Humor’ (2011), el programa con el que retomó su alianza artística con Jorge Benavides tras un tiempo alejado de las pantallas.
/ NANCY DUEÑAS
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Los últimos años de Espejo no solo estuvieron marcados por el deterioro físico, sino también por una denuncia judicial que lo persiguió durante más de media década. En 2019, la actriz cómica Clara Seminara lo acusó de haberla tocado de forma indebida antes de grabar un segmento de ‘El Wasap de JB’. El proceso se extendió durante seis años, hasta que en enero de 2025 el Poder Judicial falló a favor de Seminara y sentenció a Espejo a tres años de pena privativa de la libertad suspendida, además de una reparación civil de seis mil soles. El comediante evaluó apelar la decisión, pero el litigio quedó finalmente truncado por el giro que tomó su salud.
Ese giro llegó el 14 de marzo de 2025, cuando Espejo fue hallado desorientado y, horas más tarde, inconsciente en una calle del distrito de Lince, luego de salir de una reunión de madrugada. Las cámaras de seguridad registraron el momento en que el personal de serenazgo lo encontró de pie y desorientado sin brindarle mayor asistencia, lo que llevó a sus hijos a sospechar de una agresión previa y a presentar una denuncia formal contra la comuna. Trasladado de emergencia, el cómico fue sometido a una operación de alto riesgo por una fractura en la cabeza y permaneció varios días en coma inducido, primero en el hospital Casimiro Ulloa y luego en el Hospital Nacional Alberto Sabogal.
‘Yuca’ también incursionó en el cine: repitió su papel de secundario entrañable en ‘Asu Mare 2’ y en ‘La Paisana Jacinta en busca de Wasaberto’
/ ERNESTO QUILCATE
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Espejo logró recuperar la conciencia y salir de cuidados intensivos hacia mayo de 2025, aunque su recuperación fue lenta y nunca fue completa. Meses más tarde recibió el alta médica, pero volvió a su casa postrado en cama y bajo el cuidado permanente de su familia, en lo que sus propios compañeros describieron como un retiro obligado de la televisión. En diciembre de ese año, un conmovido Jorge Benavides reveló en pleno programa que su amigo seguía con vida, pero que su estado era sumamente delicado y que ya no reconocía a quienes lo visitaban. Poco después, en enero de 2026, la propia Clara Seminara anunció que había decidido no continuar con el proceso judicial en su contra, en consideración a su frágil estado de salud.
Enrique Espejo murió sin que se precisara públicamente una enfermedad específica como causa de su fallecimiento, en medio de un deterioro que se extendió por año y medio desde aquella caída en Lince. Su partida cierra una trayectoria de más de 40 años que atravesó distintas generaciones de la televisión peruana y que Jorge Benavides resumió, al despedirlo, recordando su facilidad para la improvisación y los años de amistad que compartieron frente a las cámaras. Colegas, seguidores y espectadores que crecieron viéndolo recibir golpes con gracia en la pantalla se sumaron este viernes a las muestras de cariño por uno de los personajes más entrañables del humor peruano.



