La animación como objeto de estudio académico es aún menospreciada por muchos investigadores. No faltó el colega que levantara una ceja cuando Álvaro Iparraguirre, experto en narrativa audiovisual, les confió que investigaba en la pasividad de La Bella Dormiente o el travestismo de Mulán.
Sin embargo, al leer su libro “De princesas a heroínas: nuevas protagonistas en el cine de animación”, donde el profesor de la Universidad de Lima analiza los cambios en el comportamiento de las princesas diseñadas por Disney, se sorprendieron al encontrar, entretejidos con estos cuentos de hadas modernos, reflexiones filosóficas, estudios de género y análisis de relatos míticos.
El corazón de su libro tiene que ver con el análisis del “camino del héroe”, marco teórico aplicado a los mitos universales propuesto por el estudioso estadounidense Joseph Campbell, quien advirtió cómo las estructuras y arquetipos en estos relatos se repetían en las diferentes culturas. En narratología, el viaje del héroe —también conocido como monomito— es el modelo común de las historias en las que un personaje emprende una aventura, sale victorioso de una crisis y regresa a casa transformado. Este camino del héroe fue, posteriormente, instrumentalizado por Christopher Vogler para la escritura de guiones de animación. A fines de los años 80, sintetizó el libro de Campbell en un memorando de siete páginas que transformó la forma de escribir historias en los estudios Disney, una lección que se aplicaron, por primera vez, en El rey león.
¿Pero la misma teoría aplica para las princesas Disney? Citando el libro El viaje de la heroína, de la escritora y psicoterapeuta Maureen Murdock (alumna del propio Campbell), Iparraguirre advierte que se trata de una estructura narrativa distinta. “Mientras en el relato del héroe el hombre lo abandona todo en pos de su aventura, para la mujer salir siempre resultó mucho más difícil. Para Murdock, el viaje de la heroína pasa primero por un replanteamiento de lo íntimo. No se trata de un viaje de fortaleza física, sino de una experiencia más introspectiva, tiene que ver con encontrarse consigo misma y hallar su sentido dentro de la comunidad”, explica.
Iparraguirre traslada este nuevo modelo de relato a su análisis de las princesas Disney, definiendo seis etapas que muestran la evolución en sus conductas de estas protagonistas animadas, desde las más pasivas, hasta las empoderadas e independientes. “Es interesante ver la evolución de estos personajes femeninos. Disney refleja y a la vez impone el espíritu de una época. Por cierto, Disney ha tenido muchos desaciertos. Varias de sus películas nunca funcionaron porque más allá de los números y los indicadores, nada es infalible en el cine. Debemos pensar en Disney como un enorme grupo de directivos tomando decisiones en incontables reuniones, antes de aprobar lo que nosotros vemos en pantalla”, añade.
1
Primera ola: las soñadoras pasivas (1937-1959)
Poseen ciertos ideales e ilusiones, pero son incapaces de ejecutarlos por sus propios medios. Su agencia es limitada y dependen por completo de la asistencia de un personaje externo, predominantemente masculino, para transformar su entorno y alcanzar el desenlace de su historia.
2
Segunda ola: las soñadoras perdidas (1989-1992)
Tienen una mayor iniciativa y el impulso de buscar su propio destino. Sin embargo, en el camino cometen un error decisivo o quedan atrapadas en un conflicto que las supera, por lo que requiriendo inevitablemente que alguien acuda a su rescate para restaurar el orden.
3
Tercera ola: las líderes activas (1995-2001)
Asumen el mando de su propia narrativa, pero para ser reconocidas deben atravesar un proceso de masculinización que valida su valor ante los demás. Una vez superado el conflicto central y legitimado su rol, el personaje regresa finalmente a su estado e identidad inicial.
4
Cuarta ola: las soñadoras sacrificadas (2009-2010)
Redefinen sus prioridades hacia metas personales y profesionales, como emprender o tener un negocio propio. Descartan el matrimonio como único destino, comprenden que no siempre existe un final feliz y priorizan su autonomía por encima de la búsqueda del amor ideal.
5
Quinta ola: las lideresas innovadoras (2012-2019)
Toman decisiones audaces fuera de los cánones tradicionales. El aprendizaje las transforma y les revela un horizonte más amplio. A diferencia de olas anteriores, no siguen arcos predecibles, sino que eligen caminos sorpresivos que desafían las expectativas impuestas.
6
Sexta ola: las heroínas trascendentales
Generan un impacto directo en el ámbito social y comunitario. Sus dilemas íntimos o familiares repercuten en todo su entorno, demostrando que la transformación personal ocurre en conexión con los demás y entendiendo la libertad no como una meta, sino como un proceso guiado por la esperanza.
“De princesas a Heroínas”
Autor: Alvaro Iparaguirre
Editorial: Fondo editorial U de Lima
Año: 2026
Páginas: 212

