martes, julio 21

Las puertas del vagón se cerraban y Bray On respiraba hondo. Frente a él no había un público que hubiese comprado entradas para escucharlo ni luces que anunciaran su aparición. Solo pasajeros, personas distraídas, cansadas o atrapadas en sus propios pensamientos. Nadie lo esperaba. Aun así, comenzaba a cantar. Entonces su voz se abría paso entre el ruido del tren.

En aquella época, cantar en el metro de Santiago era una forma de ayudar a sostener a su familia. Había llegado a la capital chilena cuando tenía alrededor de 21 años, decidido a encontrar las oportunidades que no existían en el pequeño pueblo donde había crecido. Primero viajó solo; después llevó con él a los suyos.

Comencé a cantar en el metro por un tema económico y terminó siendo algo que me catapultó gracias a las redes sociales”, recuerda.

Interpretaba baladas, pop y canciones de artistas como Bruno Mars, Pablo Alborán, Backstreet Boys y Luis Miguel. Cada vagón que llegaba era una prueba para descubrir qué emociones podía despertar con su voz.

Hay personas que quizá no quieren oír música y tienes que conquistarlas. El metro te da una fortaleza increíble. Me hizo una persona más atrevida y me dio una conexión más directa con la gente”, señala.

Uno de sus videos comenzó a circular en redes sociales. Bray On aparecía interpretando “Entrégate”, de Luis Miguel, en un vagón del metro de Santiago. La grabación cruzó fronteras y cambió el rumbo de su historia.

Pero mucho antes de la televisión y los grandes escenarios, hubo un niño que tuvo que vencer su primer miedo.

Bray On —cuyo nombre real es Brahiron Chávez— comenzó a cantar a los nueve años. Creció escuchando a Michael Jackson, Elvis Presley, baladas, boleros y valses peruanos.

A los diez años participó en un festival en Taltal, el pueblo chileno donde vivía. Quedó tercero, pero lo importante fue atreverse a cantar frente a sus compañeros.

El reto más difícil era que ellos supieran que cantaba. Yo sabía que, si pisaba un escenario, iba a querer hacerlo por siempre”, recuerda.

Años después, esa vocación lo llevó a “Mi Nombre Es”, concurso de imitadores de TVN al que llegó tras hacerse conocido en redes sociales.

Pensé en Michael Jackson y Bruno Mars, pero terminé optando por un Luis Miguel joven. No fui con muchas expectativas, pero resultó muy bien”, señala.

Para interpretar a Luis Miguel, Bray On pasó días observando entrevistas, conciertos y gestos del cantante mexicano.

Más que copiarlo, intenté absorber todo lo que significan su imagen artística y su entrega”, explica.

El mayor desafío no fue reproducir su voz ni sus movimientos, sino asumir la seguridad con la que el artista mexicano domina un escenario.

Lo más difícil fue sentirme como él, porque arriba del escenario es un monstruo. Tenía que sentirme dueño del lugar. Si yo no lo sentía, la gente tampoco iba a sentirlo”, afirma.

La apuesta funcionó. En marzo de 2025 ganó la primera temporada de “Mi Nombre Es”. El triunfo también lo acercó a Kiko Cibrián, productor y colaborador histórico de Luis Miguel, con quien trabajó en su primer álbum.

“Kiko me apoya muchísimo. Es una gran persona, un tremendo músico, y tuve la oportunidad de hacer un álbum junto a él”, destaca.

La semejanza vocal y física también provocó una curiosa confusión. Después de que un video en el que aparecía junto a su hermano se hiciera viral, algunos usuarios comenzaron a asegurar que ambos eran hijos de Luis Miguel. El rumor creció tanto que Bray On decidió desmentirlo públicamente por respeto a la familia del artista.

Aunque la imitación le abrió puertas, Bray On asegura que su objetivo siempre fue transmitir algo propio.

Más allá de imitar, siempre busqué sentir las canciones y entregar al público cosas bonitas”, sostiene.

Tampoco considera que Luis Miguel se haya convertido en una sombra para su carrera.

Más que sombras, me dio luz. Si estoy aquí, en el Perú, es también gracias a eso. Siempre voy a estar agradecido”, asegura.

Bray On comenzó a ganar visibilidad en redes sociales gracias a registros espontáneos cantando en espacios públicos. (Foto: Julio Reaño/@photo.gec)

/ Julio Reano

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