El politólogo argentino Daniel Zovatto sostuvo que gane quien gane la elección presidencial en el Perú, sea Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) o Keiko Fujimori (Fuerza Popular), heredará “un país altamente polarizado, dividido en dos partes, y fragmentado no solo geográficamente sino ideológicamente”.
El politólogo argentino Daniel Zovatto sostuvo que gane quien gane la elección presidencial en el Perú, sea Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) o Keiko Fujimori (Fuerza Popular), heredará “un país altamente polarizado, dividido en dos partes, y fragmentado no solo geográficamente sino ideológicamente”.
— Durante el Día 1 Summit de El Comercio, usted refirió que si Sánchez gana la elección quedaría aislado en la región. Y esto lo llevaría a adoptar una ruta más moderada. ¿Continúa pensando esto?
Yo dije que dependía de los resultados que ocurriesen en tres elecciones [en la región] que iban a ser clave. La del Perú es una de ellas, también depende de lo que pase en Colombia y en Brasil. En Colombia la primera vuelta la ganó Abelardo de la Espriella [que es de derecha] y, en la segunda vuelta, del 21 de junio, está por verse si triunfa Espriella o Cépeda. Si gana el primero, el péndulo que está girando hacia la derecha, va a girar aún más a la derecha y quedaría la elección de Brasil. Si en Colombia y en Brasil gana la derecha, en Sudamérica, casi todos, salvo Uruguay, estarían en la derecha. Milei, en Argentina; Kast, en Chile; Rodrigo Paz, en Bolivia, entre otros. Y está el caso particular de Delsy Rodríguez en Venezuela, ella es una aliada o vasalla de Trump.
— ¿Qué escenario internacional enfrentaría Sánchez si concreta una victoria?
Habría que ver qué tipo de relación establece Sánchez con Estados Unidos y con la administración de Trump. Obviamente, el Perú tiene intereses geopolíticos y comerciales muy importantes con China, y China va a seguir siendo un actor importante, entre otras cosas, por el puerto de Chancay. Pero si gana Sánchez, habrá que ver qué tipo de relación y de alineamiento puede llegar a tener con la administración Trump, sobre todo con la iniciativa que Estados Unidos está llevando a cabo en América Latina con la “Doctrina Donroe”.
— Al momento, al menos 6,4 millones de ciudadanos no fueron a votar. ¿Esto muestra a un país donde a una gran parte de la población no le importa la democracia? ¿O es falta de conciencia cívica?
No, yo no diría que no les importa la democracia. Yo diría que hay un profundo malestar social de la ciudadanía con los partidos políticos en general. Hay una crisis de representación que ya quedó evidenciada en la primera vuelta. Keiko Fujimori sacó tan solo el 17% de los votos válidos, Sánchez apenas el 12% de los votos válidos. Entre los dos llegaron al 30% de los votos válidos. Y a eso le tienen que agregar los 3,3 millones de votos entre nulos y blancos de la primera vuelta y la abstención.
Entonces, en esta segunda vuelta lo que hemos visto de nuevo es que un porcentaje importante de la ciudadanía dice: “no me interesa participar, porque no estoy de acuerdo, estoy muy molesto y desencantado de la política tradicional”. Y, además, los políticos no están resolviendo los problemas de este sector.
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— El Perú es país fragmentado. ¿Existe algo parecido en la región?
Sí, claro. Si miras el mapa geográfico de la primera vuelta en Colombia, se ve que, en la costa y alrededor del centro ganó la izquierda. Y en el norte de Bogotá, que es más rico, votó por De la Espriella, pero el sur por la izquierda. Es decir, en varios otros países se observa este nivel de fragmentación. De todas maneras, lo del Perú es marcadamente significativo. En Lima, Keiko Fujimori tiene casi el 65% de la votación, pero en Puno o Cusco casi el 80% ha votado por Sánchez.
— ¿El resultado de las elecciones presidenciales en el Perú pueden marcar la aguja en América Latina? ¿Por qué?
No, no creo que un triunfo de Keiko Fujimori o un triunfo de Roberto Sánchez marquen la tendencia en las elecciones que vienen [en la región]. No creo que sea determinante para que gane De la Espriella o Cépeda en Colombia, tampoco para que gane o pierda Lula o Bolsonaro en Brasil. Pero sí, claramente lo que pase en el Perú va a tener un impacto. Lo mismo pasa en Colombia y en Brasil, porque lo que pase en estas tres elecciones, va a terminar de reconfigurar el mapa político electoral en Sudamérica.
Desde el 2023, excluyendo las elecciones en Perú y en Colombia, en 11 de las 14 elecciones presidenciales ganó la derecha y solo tres la izquierda: México, Guatemala y Uruguay. La derecha ha ganado las primeras vueltas en el Perú y en Colombia, habrá que ver cómo cierras ambos países. Hoy el péndulo, desde el punto de vista cuantitativo, es más favorable a que gane la derecha. Si gana la derecha en el Perú, se reafirma esta tendencia. Si, por el contrario, gana la izquierda en el Perú y en Colombia y Brasil también, eso implicaría a no tener una región tan uniforme hacia la derecha, sino con mayor heterogeneidad ideológica.
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— El margen que separa a Roberto Sánchez de Keiko Fujimori es mínimo, según las cifras de la ONPE. Y, de acuerdo con los conteos rápidos, existe un empate técnico. ¿Cómo interpreta los primeros resultados del balotaje en el Perú?
Ustedes se han vuelto adictos a los resultados ajustados. No hay otro país que haya tenido tres elecciones presidenciales en segunda vuelta con resultados tan ajustados, siempre, prácticamente en la zona del empate técnico. Y en esta elección, a su vez, se han ido al extremo, porque en primera vuelta también se discutió voto a voto y se judicializó quién quedaba en segundo y tercer lugar. Y ahora igual: se discute voto a voto para ver quién gana la Presidencia. Esto no lo hemos visto en ningún otro país.
— ¿Es un récord? ¿Es positivo o negativo?
Es un récord que realmente no termina de ser muy saludable, pero es lo que la ciudadanía decide. Y no es saludable porque genera una enorme incertidumbre y como en el Perú tienes un sistema tan garantista, entonces la definición de los resultados lleva un mes. Y esto genera efectos negativos para la inversión.
“No creo que el Perú pueda continuar otros cinco años con una política totalmente irresponsable”, afirmó Zovatto. (Foto: Joel Alonzo/ El Comercio)
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— En caso se confirme una victoria de Roberto Sánchez, ¿cree que esta coalición que se ha formado a su alrededor sea suficiente para contener la influencia de Antauro Humala?
Esto es una hipótesis, porque primero se debe confirmar el triunfo de Sánchez. Y, además, ver cómo termina de armar su coalición de gobierno […] Sobre el tema de Antauro Humala, yo creo que Sánchez, si gana, va a tener que definir si vuelve al discurso más radical o si busca un estilo más conciliador, es decir un estilo más Ollanta Humala y no Antauro Humala.
Gane quien gane, así gane Keiko Fujimori, la situación es muy desafiante, porque hereda un país altamente polarizado, dividido en dos partes, fragmentado no solo geográficamente sino ideológicamente. Y a su vez, hereda desafíos mayúsculos que van a requerir de mucho consenso y diálogo. Por un lado, Sánchez no tiene mayoría propia en ninguna de las cámaras del Congreso y va a tener que buscar acuerdos para blindarse de un posible intento de vacancia. Sánchez cometería un error, en caso ganara, si busca ir a los extremos.
— En los gobiernos de Ollanta Humala y de Pedro Castillo, las alianzas electorales de la izquierda solo duraron seis meses, una vez en el poder. ¿Existe un alto riesgo de quiebre en poco tiempo?
El riesgo está siempre presente. Y si ves la configuración de las cámaras [en el Congreso], se va a requerir de muchos acuerdos para las votaciones calificadas. Así que yo creo que la política se tiene que comenzar a conjugar en Perú en base en acuerdos, en negociaciones y en moderación […] Si pierden otros cinco años, el riesgo es que la política termine chocándose con la economía. Hasta ahora, la independencia del BCR, el papel de Julio Velarde, el crecimiento económico y el alto precio de los minerales ha ayudado a esta teoría de las cuerdas separadas, que el caos político no es lo suficientemente grave para desestabilizar a la economía. Pero todo tiene fecha de vencimiento. No creo que el Perú pueda continuar otros cinco años con una política totalmente irresponsable, porque tarde o temprano va a tener un efecto muy negativo en la economía del país.
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— ¿El riesgo principal de un gobierno de Sánchez es que aplique su primer plan de gobierno?
Sí, ahí habría un riesgo. Eso quiere decir que Sánchez hizo de cara a la segunda vuelta, los ajustes a su programa y se moderó no por una convicción para gobernar, sino como una estrategia para ganar la elección y después volver a su plan original. Sería un error si él peca de querer volver a una posición extremista, porque creo que va a tener muchísimas dificultades.
— Y en el escenario de que Keiko Fujimori gane la elección, ella, al momento, solo ha ganado en nueve regiones de 25. ¿Puede llevar a cabo un buen gobierno con la oposición del sur, norte y centro andino?
Mira, hay un tema muy importante, los países con presidentes nuevos están exigiendo resultados rápidos. Y lo que vemos es que se desgastan aceleradamente. Mira el caso de Kast en Chile, no lleva ni tres meses y ya tiene un alto nivel de impopularidad. Mira a Rodrigo Paz en Bolivia, lleva seis meses y ya atraviesa una crisis mayúscula, que incluso compromete su continuidad […] Entonces, cuidado con llegar al gobierno generando muchas expectativas y querer impulsar reformas muy extremistas, porque si después uno no da resultados, termina pagando un costo muy alto en materia de crisis de popularidad. Y ya sabemos que el Perú es altamente inestable.
— Hace dos semanas, Fujimori Higuchi le llevaba de ventaja casi 6% a Sánchez y hoy pelean voto a voto. ¿A su juicio, cuáles fueron los errores de la campaña de Fuerza Popular?
He leído diferentes análisis, en el sentido, de que ella no se desempeñó muy bien en el debate. Pero cuidado, porque el porcentaje de gente que decide su voto en el Perú en las últimas 72 o 48 horas es alto. El Perú vuelve nuevamente a no elegir a quien más le gusta, sino a elegir al mal menor. El Perú vuelve de nuevo a una campaña de anti, que en un caso es el antifujimorismo y en otro el anticastillismo o anti-Sánchez. Entonces, cuando tienes estas campañas tan divididas y polarizadas, donde prevalece el voto anti, donde la emoción que prevalece no es la esperanza, sino el miedo, muchos electores terminan basando su elección no en el que más les gusta, sino en el mal menor […] El Perú tiene esa característica inédita de ser adicto a los resultados estrechos, elección tras elección. No hay ningún otro caso en América Latina donde se tenga tres elecciones seguidas así.
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— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no respaldó abiertamente a Keiko Fujimori, como sí lo hizo con otros candidatos de derecha en la región. Por ejemplo, en Argentina, Honduras y Colombia. ¿Por qué cree que se da esta situación?
Honestamente, no lo sé. Y me llama la atención, porque para la estrategia de Trump, de su “Doctrina Donroe”, el Perú es un actor de la mayor importancia. Es un país estratégico desde lo económico y que tiene importancia geopolítica, en el tema de migración, de la política antidrogas y contra el crimen organizado. Y, además, por la presencia de China en el puerto de Chancay. Entonces, hay un sinnúmero de razones por las que uno hubiera sospechado que Trump iba a meter sus narices en la campaña electoral.
— ¿En este escenario, la crisis de 10 años que vive el Perú está lejos de llegar a su fin? ¿Por qué?
Los problemas que han llevado a esta inestabilidad y esta ingobernabilidad son estructurales en el Perú. El Perú se ha quedado sin partidos políticos realmente representativos. Si Keiko Fujimori llega a perder por cuarta vez, quiere decir que ella y el fujimorismo encontraron su techo y ese techo es el 50%, que no puede perforar. Por un lado, tienes una crisis de representación y partidos extremadamente débiles. Y, además, en ciertas regiones del Perú sienten que el crecimiento económico no se traduce en desarrollo para ellos. Y tenías un Congreso unicameral que facilitaba el uso abusivo de la vacancia. Entonces, todas estas cosas se tienen que revisar más allá de la ideología, más allá de la derecha, izquierda y de los personajes. El país no puede seguir con una política caótica y pensar que la economía va a seguir estando en buenas condiciones. La teoría de las cuerdas separadas está llegando a su fin.




