La red de bodegas donde los cubanos compraron por décadas a precios subsidiados con la libreta de abastecimiento o cartilla, está siendo desmantelada de a poco justo cuando la isla se abre a la economía de mercado bajo la presión de Estados Unidos.
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“El cubano se siente mal, porque no estamos acostumbrados” a sobrevivir sin estos subsidios, señala.
El sistema de las bodegas y de la libreta fue implantado por Fidel Castro en 1963, ante la escasez de alimentos que el gobierno comunista atribuyó al embargo que Washington acaba de imponer a la isla.
Este embargo sigue vigente y ha sido reforzado por el gobierno de Donald Trump con un embargo petrolero de facto desde enero, lo que ha sumido a la isla en una profunda crisis.
Aún en los peores tiempos, la libreta logró garantizar “un mínimo” de alimentos “a los que tenemos poquito”, dijo América Guillén, de 82 años.
A mediados de junio, al anunciar la privatización de sectores enteros de la economía, el primer ministro, Manuel Marrero, reiteró la voluntad del gobierno de reformar la “libreta”.
Marrero destacó entonces la urgencia de pasar a subvencionar a “las personas vulnerables” y no a los productos básicos, destinados a toda la población del país, actualmente de 9,4 millones de habitantes.
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