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Las campañas al Óscar se ganan con actuaciones memorables, pero también pueden perderse con una mala frase. Para los actores, la carrera por conquistar el favor de la Academia suele estar dominada por entrevistas, apariciones públicas y gestos cuidadosamente calculados; aun así, cualquier comentario puede alterar el clima de la competencia. Timothée Chalamet lo está descubriendo en carne propia. Hace apenas un mes, el actor estadounidense de 29 años parecía encaminado al premio; hoy, sus probabilidades han caído tras unas declaraciones poco afortunadas sobre la relevancia cultural de la ópera y el ballet.
Las campañas al Óscar se ganan con actuaciones memorables, pero también pueden perderse con una mala frase. Para los actores, la carrera por conquistar el favor de la Academia suele estar dominada por entrevistas, apariciones públicas y gestos cuidadosamente calculados; aun así, cualquier comentario puede alterar el clima de la competencia. Timothée Chalamet lo está descubriendo en carne propia. Hace apenas un mes, el actor estadounidense de 29 años parecía encaminado al premio; hoy, sus probabilidades han caído tras unas declaraciones poco afortunadas sobre la relevancia cultural de la ópera y el ballet.
Se puede debatir largo rato si las formas de arte de los siglos XV y XVI siguen diciendo algo al gran público de hoy que ve películas cortadas en TikTok —probablemente a eso apuntaba el comentario del actor—, pero en medio de una campaña al Óscar esos matices importan poco. El daño parece estar hecho. Chalamet todavía podría ganar —y quizá gane y opte por guardar silencio por el resto de su carrera—, pero no sería la primera vez que una estatuilla se esfuma por un comentario fuera de lugar.
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“Muchas veces, cuando los candidatos al Óscar sienten que necesitan reforzar el voto de los miembros de la Academia empiezan a hacer declaraciones o gestos en sus apariciones públicas que no siempre les juegan a favor”, explica la crítica e historiadora de cine Mariale Bernedo. Uno de los antecedentes más antiguos que recuerda es el de Chill Wills (1902–1978), nominado por “El Álamo” (1960). “Era un actor veterano que sentía que su gran oportunidad para ganar el Óscar había llegado. Venía de una trayectoria muy mixta, con papeles cómicos y dramáticos, y de pronto tenía este papel dirigido por John Wayne”, recuerda Bernedo. La campaña, sin embargo, terminó saliéndose de control cuando Wills publicó un anuncio en el que afirmaba que el elenco de la película estaba “rezando más fuerte que los verdaderos texanos en El Álamo para que Chill Wills gane el Óscar”. El mensaje fue percibido como de mal gusto —considerando que muchas personas murieron defendiendo ese fuerte— y la polémica terminó sepultando las ilusiones del actor. Lo mismo le pasó a Karla Sofía Gascón, favorita para ganar el Óscar por “Emilia Pérez” el año pasado, pero cancelada luego de que salieran a la luz una serie de polémicas publicaciones del pasado en redes sociales, que lo no le hicieron ningún favor.

Karla Sofía Gascón, de “Emilia Pérez”, llegó a la temporada de premios con una de las historias más comentadas del año, pero una polémica en redes sociales terminó empañando su campaña. (Photo by VALERIE MACON / AFP)
/ VALERIE MACON
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En algunas ocasiones, esos exabruptos pronunciados en la recta final terminan funcionando. Uno de los ejemplos más recordados ocurrió durante la campaña de 2023 por “Todo en todas partes al mismo tiempo”. En los días previos al cierre de la votación, la actriz Michelle Yeoh publicó en Instagram un texto en el que recordaba que su competidora, Cate Blanchett —favorita hasta entonces por “Tár”— ya había ganado el Óscar en otras ocasiones, mientras que el premio había sido esquivo para las mujeres asiáticas. El mensaje desató críticas inmediatas por impertinente, en vista de que las reglas de la Academia prohíben referencias negativas o comparaciones directas entre nominados. Yeoh borró la publicación poco después, pero quizá su mensaje caló. Al final, ganó el Óscar y Blanchett se fue con las manos vacías.
Demi Moore vivió una de las temporadas de premios más celebradas de su carrera por “La sustancia”, aunque el Óscar se le escapó en la recta final. (Photo by Kevin Mazur/Kevin Mazur/Getty Images)
/ Kevin Mazur
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Conéctate a los Óscar
Los premios de la Academia se podrán ver este domingo 15 de marzo a través de la señal de cable de TNT y en la plataforma de streaming HBO Max. La gala comenzará alrededor de las 6:00 p.m. (hora peruana) y será conducida por el presentador Conan O’Brien, quien repite como anfitrión por segundo año consecutivo.
Además, El Comercio hará una transmisión en vivo especial con reacciones a todas las incidencias de la ceremonia, con un gran panel de invitados. Podrá seguirla por el YouTube y las redes sociales del Diario.
Hay campañas que no cruzan ninguna línea evidente, pero aun así terminan cayendo un poco pesadas por su insistencia o por un tono excesivamente triunfalista que algunos perciben como arrogancia. El propio Chalamet ya había generado comentarios así durante 2025, cuando competía por el Óscar por su interpretación de Bob Dylan en “Un completo desconocido”. En aquella oportunidad, mientras recogía su premio en los SAG Awards, Chalamet declaró que no creía en la falsa humildad y que solo aspiraba “a la grandeza”, una frase que muchos interpretaron como una falta de modestia. Semanas después, perdió el Óscar ante Adrien Brody por “El brutalista” (2024).
Quizá hay algo en la desesperación por el Óscar que no seduce mucho. Como recuerda Mariale Bernedo, hay candidatos que construyen campañas muy sonoras alrededor del esfuerzo invertido en un papel, como si el sacrificio fuera en sí mismo un mérito que la Academia estuviera obligada a reconocer. Bradley Cooper llevó esa lógica hasta sus últimas consecuencias durante la promoción de “Maestro” (2024). Dirigió, produjo y protagonizó el ambicioso ‘biopic’ sobre Leonard Bernstein, y dedicó años al proyecto —años que incluyeron, entre otras cosas, aprender a dirigir una orquesta real—. La entrega era genuina. Pero en cada entrevista, se olía demasiado su impaciencia. Tuvo siete nominaciones al Óscar, no se llevó ninguno.
Bradley Cooper desató una campaña de alta intensidad en medios para conseguir el Óscar por “Maestro”. Puede que haya causado rechazo en los votantes. (Foto: Difusión)
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Finalmente, hay una crueldad particular reservada para quienes lo hacen todo bien y aun así pierden. Le ocurrió a Sylvester Stallone en 2016, cuando perdió el Óscar por “Creed” después de haber ganado el Globo de Oro; un golpe que debió dolerle más que cualquiera recibido por el propio Rocky. El caso más reciente es el de Demi Moore. A los 62 años, la actriz entregó una actuación exigente en “La sustancia”, un trabajo que fue reconocido durante toda la temporada de premios. Ganó el Globo de Oro, el Critics Choice, el BAFTA y el premio del Sindicato de Actores.
Moore no cometió ningún exabrupto. De hecho, sus discursos de aceptación eran ejemplares en cada palabra dicha. Pero cuando llegó la noche de la Academia, el premio terminó en manos de Mikey Madison por “Anora”. La película de Sean Baker había sido el verdadero ‘underdog’ de esa temporada y cobró fuerza en la recta final, mientras Moore se fue derrotada, sin explicarse qué pasó. Tal vez las campañas se descarrilan en el último tramo, cuando el agotamiento de meses de promoción hace aflojar la guardia o endurecer el tono. Lo que queda claro es que en Hollywood todos saben que el Óscar es un premio extraño: a veces recompensa al mejor, a veces al más oportuno, y otras simplemente al que no parecía necesitarlo tanto. //




