domingo, junio 7

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Antes de ser Raphael, antes de los teatros llenos, de los discos de oro, de los Festivales de Eurovisión, de América Latina rendida a sus pies y de ese nombre artístico escrito con “ph” como una marca de eternidad, fue un niño llamado Miguel Rafael Martos Sánchez. Nació en Linares. Su madre era ama de casa; su padre, albañil. En la España dura de la posguerra, la música apareció en su vida casi como un refugio.

Antes de ser Raphael, antes de los teatros llenos, de los discos de oro, de los Festivales de Eurovisión, de América Latina rendida a sus pies y de ese nombre artístico escrito con “ph” como una marca de eternidad, fue un niño llamado Miguel Rafael Martos Sánchez. Nació en Linares. Su madre era ama de casa; su padre, albañil. En la España dura de la posguerra, la música apareció en su vida casi como un refugio.

Tenía apenas cuatro años cuando lo escucharon cantar en la Escolanía de San Antonio, en Madrid. Le pidieron unos agudos, él los dio, y allí empezó todo. A los siete ganó un premio como mejor voz infantil de Europa en el Festival de Salzburgo. A los once, al ver una función de “La vida es sueño” en un teatro portátil de Cuatro Caminos, comprendió que quería vivir bajo la luz del escenario: escuchar aplausos, conmover y ser algo más que una voz.

En los años 60 llegaron las primeras grabaciones, “Yo soy aquel”, “Hablemos del amor” y una expansión internacional que lo consolidó como una de las grandes figuras de la música en español. Raphael interpretaba y dramatizaba como si cada canción fuera una escena final. De esa intensidad nació el mito que sigue vigente hasta hoy.

Pero su historia no fue escrita únicamente desde el triunfo. También conoció la fragilidad. En el 2003 fue sometido a un trasplante de hígado. Décadas después, en diciembre del 2024, enfrentó un linfoma cerebral que lo alejó varios meses de los escenarios. Dos pruebas enormes, capaces de silenciarlo. A él, sin embargo, no le apagaron la vocación.

Hoy, con más de seis décadas de trayectoria, millones de discos vendidos, reconocimientos internacionales y una serie biográfica en camino, vuelve al Perú con “Raphaelísimo”.

«Amo Perú. Siempre digo que volver allí es como volver a casa. Su riqueza cultural, su diversidad, su gastronomía y, sobre todo, la calidez de su gente hacen que cada visita sea inolvidable. El cariño que recibo del público peruano es inmenso“, refiere el ‘Divo de Linares’.

Raphael a su llegada al aeropuerto Jorge Chávez, en marzo de 1972. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

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— Tiene en casa una foto del doctor que le realizó el trasplante de hígado. ¿Qué lugar ocupa hoy la gratitud en su vida?

Sí, la foto es del doctor Enrique Moreno. Imagínate lo que representa para mí. La gratitud ocupa un lugar central en mi vida. Te ayuda a recordar cuáles son las verdaderas prioridades y a mantener los pies en la tierra.

— Después de todo lo vivido, ¿qué significa hoy estar vivo?

Significa tener una nueva oportunidad cada día. Después de lo que he vivido, uno aprende a valorar lo esencial: la familia, la salud, el trabajo y el cariño de la gente. Me siento un privilegiado. Vivo desde un lugar más sereno, más tranquilo, dando importancia a lo que verdaderamente importa.

— ¿Cómo fue este nuevo regreso al escenario después de una prueba tan dura?

Muy emocionante, claro. Pero no me gusta recrearme en las dificultades. Prefiero centrarme en superarlas y mirar hacia adelante. Mi cabeza siempre está puesta en el mañana; no lo puedo evitar.

— ¿El miedo a no volver apareció en algún momento?

La verdad es que no. Siempre he mirado al futuro con ilusión, con motivación y con confianza. Desde el principio sentí que la vuelta a los escenarios estaba cerca, y afortunadamente así fue.

— A los 83 años, sigue llenando teatros y cruzando océanos. ¿Qué le da el escenario que no encuentra en ningún otro lugar?

Qué buena pregunta. No sabría explicarlo del todo. Es mi vocación, mi motor, mi forma de entender la vida. La música, el público, ese encuentro que tenemos cada noche… Todo eso forma parte de mí. No sabría vivir de otra manera.

— ¿El retiro es una palabra que alguna vez ha contemplado o le resulta ajena?

Me resulta bastante ajena. Mientras tenga ilusión, salud y un público que quiera seguir acompañándome, continuaré haciendo lo que más me gusta. De eso no tengan ninguna duda.

— ¿Qué le pide hoy a la vida?

Nada. Sinceramente, no podría pedirle mucho más. Con todo lo que he vivido, me siento más en deuda con la vida que al revés. Lo que hago es agradecer y seguir trabajando para ofrecer la mejor versión de mí mismo, para mi público, para los míos y para mí.

— Después de más de seis décadas de carrera, ¿qué cambió en usted y qué permanece intacto?

Gané serenidad, perspectiva y experiencia. Lo que permanece intacto es la pasión por la música y el respeto absoluto por mi profesión y por mi público.

LEE MÁS: Raphael vuelve a Lima con su “Raphaelísimo Tour” en octubre de 2026

— Su público atraviesa cuatro generaciones. ¿Cómo se explica esa conexión tan poco común?

Eso habría que preguntárselo a ellos. Yo solo intento ser honesto en cada cosa que hago. Me obsesiona la autenticidad, lo genuino, aquello que no puede copiarse. En el arte y en las personas. Creo que lo auténtico tiene más valor que nunca.

— ¿Sus canciones ya son más del público que suyas?

Sin ninguna duda. Las canciones nacen contigo, pero después emprenden su propio camino. Cuando alguien las incorpora a su historia personal, dejan de ser únicamente tuyas y pasan a formar parte de la vida de los demás.

— ¿Por qué dedicarle ahora un álbum a México?

No puedo hablar demasiado todavía porque es un proyecto que se está gestando y me gusta guardar algunas sorpresas. Lo que sí puedo decir es que México ha sido un país muy importante en mi vida y en mi carrera. Ya tendremos tiempo de hablar de ello. No sean impacientes. (Ríe).

— ¿Qué le emociona del auge mundial que vive hoy la música en español?

Me emociona comprobar cómo nuestra lengua, nuestros géneros y nuestra identidad cultural están conectando con personas de todo el mundo. Tenemos una riqueza artística extraordinaria y creo que estamos viviendo un momento histórico. Además, tengo la sensación de que esto no es una moda pasajera, sino un fenómeno que seguirá creciendo con el tiempo.

Raphael regresó a los escenarios tras superar un linfoma cerebral. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

Raphael regresó a los escenarios tras superar un linfoma cerebral. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

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— Netflix prepara una serie sobre su vida. ¿Qué significa para usted ver su historia llevada a la ficción?

Es una sensación completamente nueva para mí. Me hace mucha ilusión y me emociona profundamente. Pero curiosamente no me genera nostalgia. Como decía antes, yo siempre estoy mirando hacia adelante. Creo que la serie va a sorprender mucho. Se está haciendo con enorme respeto, cariño y atención al detalle, y eso me hace muy feliz.

— Después de haberlo vivido casi todo —éxito, enfermedad, renacimiento, vigencia—, ¿qué le falta todavía por hacer?

Muchísimas cosas. Soy una persona muy inquieta y siempre tengo nuevos proyectos en la cabeza. Dentro de poco podré contar más detalles, pero vienen cosas muy interesantes. Volveré al estudio, sigo explorando proyectos audiovisuales y continúo buscando nuevos desafíos. Mientras haya ilusión, siempre habrá algo más por hacer.

La definiría como una etapa de plenitud. Me siento agradecido, lleno de energía, con proyectos y con las mismas ganas de siempre. Sigo disfrutando profundamente de la música, de mi trabajo y de la vida.

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