viernes, septiembre 25

Los primeros meses del nuevo gobierno nos presentan una nueva oportunidad para abordar un gran pendiente del Perú: fortalecer la conectividad aérea y convertirla en un motor de desarrollo. En este tiempo, hemos visto señales positivas: la reactivación de la Mesa de Conectividad liderada por Mincetur y nuevos espacios de conversación sobre infraestructura aeroportuaria. El desafío ahora es convertir esas señales en políticas y acciones sostenidas.

Los primeros meses del nuevo gobierno nos presentan una nueva oportunidad para abordar un gran pendiente del Perú: fortalecer la conectividad aérea y convertirla en un motor de desarrollo. En este tiempo, hemos visto señales positivas: la reactivación de la Mesa de Conectividad liderada por Mincetur y nuevos espacios de conversación sobre infraestructura aeroportuaria. El desafío ahora es convertir esas señales en políticas y acciones sostenidas.

En un país como el nuestro, donde el tráfico doméstico ya superó los niveles prepandemia, pero el turismo receptivo cerró el año pasado aún 22% por debajo del 2019, resulta fundamental ver la conectividad como un sistema. Necesitamos tener claro que infraestructura, costos y competitividad son parte de una misma ecuación.

Ya tenemos al nuevo Jorge Chávez y hay intenciones de avanzar en regiones; pero no todo es construir o ampliar. Para crecer también se requiere una gestión adecuada. Dar mantenimiento a las pistas para garantizar la seguridad de las operaciones es indispensable, pero también lo es planificar las obras con anticipación y en coordinación con los actores necesarios para evitar desconectar ciudades o afectar pasajeros de la noche a la mañana.

Además, es necesario cuidar la competitividad del sistema. Una infraestructura de la magnitud del nuevo aeropuerto de Lima naturalmente implica nuevos costos, pero es importante que estos sean compatibles con el objetivo que motivó la inversión: atraer más pasajeros y vuelos. Hoy, mientras la industria enfrenta un precio del combustible que no muestra señales de normalizarse, las aerolíneas registramos incrementos de más de 100% en algunos servicios en el principal terminal del país.

Para impulsar el crecimiento del mercado, invertimos en flota de última generación que nos permite ser más eficientes y entregar tarifas más accesibles. El desafío es que toda la cadena avance en esa misma dirección para fortalecer la conectividad nacional.

A ello se suma la TUUA de transferencia, un cargo de casi US$12 por tramo que encarece las conexiones a través de nuestra capital y ya está teniendo impacto. En junio, los pasajeros internacionales en conexión vía Lima cayeron 21,4%, una cifra preocupante si buscamos recuperar los niveles prepandemia en el tráfico internacional.

En un país donde volar es una forma esencial de conectividad, vale la pena preguntar ¿hay espacio para revisar tarifas y tasas para buscar eficiencias que estimulen la demanda? ¿Por qué no evaluar mecanismos para amortiguar el alza del precio del combustible, como se está haciendo con otros medios de transporte? ¿Podemos construir una política de conectividad que articule infraestructura, competitividad y crecimiento bajo una mirada de largo plazo?

La aviación peruana tiene espacio para crecer. El desafío es generar las condiciones para que ese crecimiento sea sostenible: infraestructura adecuada, planificación, predictibilidad y un entorno competitivo. Ese es el paso que puede marcar la diferencia entre seguir anunciando mejoras e iniciar un trabajo de largo plazo que se traduzca en más oportunidades y desarrollo para el Perú.

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