Si algo se ha perdido en Universitario además de puntos, partidos y oportunidades es la sensación de estabilidad. Esa que -tras muchos años de crisis- parecía haber encontrado el club en base a una planificación que lo había llevado a ser competitivo a nivel deportivo y exitoso en el plano administrativo. La gestión, eso que tanto le cuesta al fútbol peruano en todas sus formas, fue clave para alcanzar la hegemonía local y dar ese ansiado salto de calidad progresivo a nivel continental. ¿Cómo se deshace todo eso con casi los mismos en un semestre?
Si algo se ha perdido en Universitario además de puntos, partidos y oportunidades es la sensación de estabilidad. Esa que -tras muchos años de crisis- parecía haber encontrado el club en base a una planificación que lo había llevado a ser competitivo a nivel deportivo y exitoso en el plano administrativo. La gestión, eso que tanto le cuesta al fútbol peruano en todas sus formas, fue clave para alcanzar la hegemonía local y dar ese ansiado salto de calidad progresivo a nivel continental. ¿Cómo se deshace todo eso con casi los mismos en un semestre?
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Parece muy lejano ese 26 de octubre del 2025. Apenas siete meses después del tricampeonato, casi el mismo equipo ha pasado de asumir una condición de héroe a una de espanto. La reciente eliminación en fase de grupos de la Copa Libertadores es la evidencia máxima: sin ‘cucos’ mayores como rivales y con el tiempo suficiente para planificar el torneo continental (logró el tricampeonato en tiempo récord), esta ‘U’ -antes de Rabanal, luego de Coco y ahora de Cúper- terminó luchando una ansiada clasificación posiblemente con el peor delantero de los últimos tres años que ha llegado al club.
Uno mira el resumen ante Tolima y no entiende cómo es que se pudo retroceder tanto, menos aún cuando los videos de tik tok recuerdan a un Álvaro Barco prometiendo traer a los mejores. Sí, Barco, que ya tampoco está porque su gestión es, posiblemente, la responsable desde este presente totalmente ajeno a la imagen de tricampeón que había que cuidar y reforzar este 2026.
¿Qué perdió esta U que tanto le había costado hacer suyo con Fossati? Mucho, muchísimo. Primero, lo más sencillo de rastrear: dinero. La decepcionante campaña en la Libertadores -esa donde Barco y Velazco decían que se iba a dar el salto de calidad- generó una pérdida solo en premios de Conmebol de US$ 1,570,000.
A diferencia del 2025, esta U ganó solo un partido en grupos y no clasificó a octavos de final. Son 5 millones de soles que se dejaron de percibir por este concepto. A eso habría que sumarle la taquilla de octavos que aseguraba un Monumental de 70 mil personas.
Esta U pasó de ingresar US$ 4,910,000 en el 2025 por Libertadores a solo US$ 3,340,000. Esa diferencia en algún momento se hará notable. Más aún tras el otro fracaso determinante: el torneo local.
Javier Rabanal fue destituido como entrenador de Universitairo. (Foto: Getty Images)
/ Eurasia Sport Images
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Porque si la ‘U’ del Apertura 2025 fue absolutamente dominador, la del Apertura 2026 terminó siendo muchas dudas y pocas certezas. En lo deportivo, con Rabanal, con Coco y ahora aún con Cúper, Universitario ha ido perdiendo aquellos rasgos que lo hicieron campeón en todo: ya no es el mejor local ni intratable en el Monumental, ya no es el mejor visitante y tampoco es el cuadro que arrasaba con sus rivales con facilidad de gol.
Esta ‘U’ después de Fossati se alejó del arco rival al extremo que la primera urgencia que hoy impide que Héctor Cúper duerma sus siete horas es la falta de gol. Cómo es posible que el actual tricampeón del fútbol peruano acumule cinco partidos (450 minutos) sin anotar.
Ahí las responsabilidades son compartidas: Rabanal que nunca ejecutó su estilo propio por respetar demasiado lo que ya había y la administración de Velazco por contratar sin guiarse de las exigencias propias de un club tricampeón. El ejemplo más claro es cómo se terminó jugando ante Tolima: con Gassama como esperanza de gol.
La recuperó orden, agresividad defensiva y sentido táctico con Cúper. Algo que -por ahora- no le ha servido de mucho, solo para sacar empates inútiles: cuarto en el Apertura y último en la Libertadores.
Han pasado más de dos meses y aún no se justifica en el campo la llegada de Bryan Reyna, por estadísticas el último gran fiasco de la administración crema. No juega y cuando lo hace, no es influyente. Cuesta, sí.
A la par, los fichajes 2026 no han estado siquiera cerca de aportar lo que hicieron sus pares en el año anterior. Alzugaray por ejemplo, aunque da pincelazos, no tiene regularidad ni ha alcanzado picos de rendimiento que empujen a esta U dedo deddddddddddooo. ..ebilitada a reanimarse. El brasileño Silveira bien podría seguir no estando y no pasa nada. Es irrelevante, como Fértoli que tampoco es insustituible.
Quizá el único acierto efectivo sea Caín Fara en una línea defensiva que tiene un gran problema: envejece en una línea de tres que cada vez cuesta más sostenerla. Fara, con 32 compartió ante Tolima junto a Santamaría (34) y Di Benedetto (33).
Las consecutivas apuestas han optado por mantener lo que funcionaba sin mejorarlo. César Inga es uno de los grandes ejemplos: el jugador que parecía tener todo listo para emigrar, seis meses después ha perdido el titularato para convertirse en una pieza de recambio, tan irregular y poco trascendente como sus compañeros.
Si cerraba el 2025 en la selección peruana y a fines de enero pasado parecía hacer maletas, hoy anda lejos del radar para clubes de fuera. Pasó de ser un gran proyecto a un jugador de 24 años que no puede consolidarse en Universitario. Ya estamos casi junio y no ha anotado un solo gol el mismo defensa que hasta diciembre del año pasado era descrito como un lateral que pasa mucho al ataque y hasta anotó en un amistoso con la selección.
Era llamado a ser uno de los líderes, de los grandes proyectos, pero el contexto no lo ayudó. Quizá su salida truncada en enero tuvo mucho que ver en eso. ¿Y Paolo Reyna? Quien sabe.

Sekou Gassama fue presentado en el Estadio Monumental. (Foto: Universitario)
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Esta U perdió a su mejor futbolista pensando que sería fácil reemplazarlo. O mejor dicho, pensando en reforzar otras posiciones que finalmente tampoco se cuidaron. Rodrigo Ureña, el mejor de la U tricampeón, se fue a Millonarios y no generó sobresaltos en la era Barco.
“Ojalá que se le de porque es un jugador que merece tener una trayectoria internacional mucha más interesante”, respondía Álvaro Barco a la consulta sobre una posible salida de Ureña. Era julio del 2025 y el directivo respaldaba la oportunidad de salida antes de que el discurso sea cuidar a una pieza clave del equipo. Lo que vino después fue eso: salida de Ureña y una administración incapaz de encontrarle un reemplazo. La U ahí no solo perdió un jugador clave, también dejó ir a un futbolista que personificaba el perfil excepcional que se buscaba en la U: líder, agresivo, guerrero.
Sin Ureña, no hubo alguien que asuma desde el liderazgo ese rol. Corzo, capitán histórico, ya más desde la banca, fue imposibilitado de personificar esa tarea con protagonismo. Riveros, con unas de cal y otras de arena, tampoco. Y ni Flores ni Polo tienen perfil de liderazgo público.
Bryan Reyna fichó por Universitario hasta diciembre del 2026. (Foto: Prensa Universitario)
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Lo otro, un gran error, fue otra vez dejar a Alex Valera sin competencia por el puesto de 9. Por cuarto o quinto año consecutivo se falló para en traer un goleador. En el año que no se debía fallar, en el año que había más presupuesto, más ingresos, más taquilla, se apostó por una moneda al aire.
El Tunche perdió aún más protagonismo y cuando lo recuperó, tiró la camiseta para generar un escándalo. Quizá es la máxima evidencia de la frustración que se vive por estos días en el camerino. Orejas, adaptado al ataque para correr menos y caminar más, terminó afianzando su irregularidad para un semestre discreto. Carabalí y Polo, por las bandas, lo mismo.
Y que Gassama sea quien le compita el puesto a Valera necesariamente le dio al delantero nacional la calma para -sin querer- exigirse cada vez menos. Esta U hizo muchos goles que en el Apertura 2025 porque se jugó a lo mismo, casi, casi con los mismos. Nada evolucionó. Solo sus rivales.
Las apuestas fallidas, las salidas y la involución de quienes se quedaron hicieron que esta U que hasta hace poco era una mole intratable en el medio local y un equipo en progresivo ascenso a nivel Sudamérica, se convierta en tiempo récord en un problema. Uno mayor que hasta ahora tres entrenadores (Rabanal, Araujo y Cúper) en seis meses no han sabido resolver.
Habrá que esperar a ver cómo resuelve Cúper.
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