Algunas personas se acercan a Carlos Villagrán para pedirle una fotografía. Otras repiten sus frases, inflan los cachetes o imitan aquel llanto agudo que convirtió a Kiko en uno de los niños más reconocibles de la televisión. Pero también están quienes, al tenerlo enfrente, le confían sus recuerdos.
Una vez, alguien le contó que durante su infancia escuchaba a sus padres discutir con frecuencia. Cuando la casa dejaba de sentirse segura, encendía el televisor y buscaba “El Chavo del 8”. Allí, entre las travesuras del Chavo, los golpes de Don Ramón y los berrinches de Kiko, encontraba un lugar donde esconderse del miedo.
“Me han dicho: ‘Cuando no quería escuchar los gritos de mis padres, que peleaban constantemente, me refugiaba en el programa. Usted me cambió la vida’”, cuenta el artista mexicano con emoción.
Ese refugio explica por qué Kiko nunca terminó de despedirse. Mientras el mundo cambiaba y quienes lo conocieron de niños crecían, formaban familias y envejecían, él seguía apareciendo con el mismo traje de marinero, las rodillas torcidas, los cachetes inflados y una ternura escondida detrás de su arrogancia.
Carlos Villagrán lleva 52 años interpretándolo. Ahora vuelve al Perú como figura principal del Gran Circo Estelar, un espectáculo que reunirá números circenses internacionales, música, baile y las escenas más recordadas de su personaje.
“Se van a ver en las pantallas todas las tonterías que ha hecho Kiko durante tanto tiempo: ‘¡Chusma, chusma!’, ‘¡Ya cállate, que me desesperas!’, ‘¡Anda, di que sí!’. Vamos a estar con la familia del Perú, porque yo ya la considero mi familia. Por eso estoy emocionado”, afirma.
Kiko comenzó a tomar forma antes de que existiera “El Chavo del 8”. Carlos Villagrán interpretaba a un niño en una obra inspirada en canciones infantiles mexicanas cuando, entre el público, Roberto Gómez Bolaños reparó en su actuación.
Tiempo después, Chespirito lo convocó para un nuevo proyecto protagonizado por niños. Villagrán entró al vestuario, eligió un traje de marinero, se puso una gorra, dejó asomar algunos mechones de cabello y dobló las piernas. Sin saberlo, acababa de construir la silueta de un personaje que atravesaría generaciones.
“Le pregunté si debía hablar como niño y con los cachetes inflados. Me dijo: ‘Hazlo como en el teatro’. Y ahí nació Kiko, el cachetón”, relata.
Inflar las mejillas no fue sencillo al comienzo. El aire alteraba algunas consonantes y le impedía pronunciar correctamente ciertos nombres. En lugar de “Don Ramón”, decía “Don Damón”; “Lola” se convertía en “Doda”.
“Con el tiempo me fui adaptando y pude mejorar la dicción”, explica.
Aquel gesto que primero tuvo que dominar terminó convirtiéndose en una de las señas más reconocibles de Kiko. Su alcance volvió a sorprenderlo recientemente, cuando viajó a Miami para conocer a uno de los admiradores más célebres del personaje: Lionel Messi.
El futbolista argentino admiraba a Kiko desde hacía años e incluso se había disfrazado del personaje junto con Neymar durante una celebración del Barcelona. Al enterarse, Villagrán quiso conocerlo. ‘Bochy’ Hoyos, entrenador de los hijos del futbolista, facilitó el encuentro.
“Le dijo que Kiko estaba allí y quería darle un abrazo. Cuando nos vimos, los dos parecíamos niños. Messi no dejaba de reírse”, recuerda.
Para Villagrán, acostumbrado a ser quien despierta emoción en los demás, fue desconcertante encontrarse nervioso frente a alguien a quien también admiraba.
“Me dijo: ‘No vas a llorar, ¿verdad?’. Y empecé a llorar como Kiko. Fue un momento muy especial”, cuenta entre risas.
¿Cómo se envejece interpretando a un niño?
“Ay, divinamente”, responde Villagrán.
Para él, crecer no significa perder la curiosidad ni las ganas de jugar. “Un adulto compra un aparato con 25 botones y quiere tocarlos todos. En ese momento vuelve a ser un niño. Mientras no perdamos al que llevamos dentro, seremos felices”, reflexiona.
Kiko, asegura, no le quitó nada. Al contrario, le dio una vida que nunca imaginó. Solo existe una pequeña injusticia entre ambos: “Él trabaja y yo cobro”, bromea.
En varias oportunidades, Villagrán anunció que dejaría de interpretar a su querido personaje. Sin embargo, el público volvió a pedirlo y él aceptó prolongar una historia que ya ocupa más de medio siglo de su vida.
“Estuve 52 años haciendo a Kiko. Claro que va pasando el tiempo y uno siente un poquito de miedo, piensa que quizá ya es hora de despedirse. Pero seguimos adelante porque el público así lo quiere”, reconoce.
Villagrán asegura que no vio la serie “Chespirito: sin querer queriendo”. Prefiere quedarse con aquello que él mismo ayudó a construir: los capítulos, las risas y el recuerdo que permanece en el público.
“Para mí, la serie fue una venganza de los hijos contra Florinda Meza, quien alguna vez dijo que Roberto tenía ‘siete defectos: seis hijos y una esposa’. Hay cosas que pueden pensarse, pero no decirse en televisión, y creo que esa frase terminó perjudicándola. Yo prefiero quedarme con el programa que hicimos y con lo que dejamos a la humanidad”, asegura.
Sobre la posibilidad de reencontrarse con Florinda, responde con una de las frases más famosas de Kiko: “Yo no me junto con esa chusma”. Después adopta un tono más sereno: “Ella sigue su camino y yo el mío, con mucho respeto”.
A sus 82 años, Villagrán sigue recorriendo escenarios y tiene presentaciones previstas en Paraguay, Estados Unidos y otros países. Aunque alguna vez pensó en retirarse, el cariño del público prolongó su despedida. Hoy prefiere no ponerle fecha.
“Puede ocurrir en cualquier momento. No puedo decir ‘hasta que yo quiera’, porque no depende únicamente de mí. Seguiré hasta que Dios lo permita y mientras el público quiera verme”, concluye.
El Dato
El Gran Circo Estelar se presenta desde el 24 de julio de 2026 en Mall del Sur. Las entradas están a la venta en Teleticket.




