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Vivimos en un mundo lleno de plástico. Lo encontramos en mares, bosques y montañas. Incluso en nuestro propio organismo, en forma de micropartículas. Y mientras la ciencia estudia sus consecuencias para nuestra salud, también encuentra vías para darle una nueva vida con sentido. Las botellas recicladas, por ejemplo, uno de los productos plásticos más extendidos, podrían contribuir a una noble causa: salvar a los delfines de una de sus mayores amenazas.
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El estudio
Conscientes de esta problemática, un equipo internacional de investigadores desarrolló y probó dos posibles soluciones de bajo costo para intentar reducir la captura incidental de delfines y marsopas. Los resultados de la investigación se publicaron en la revista científica Fisheries Research.
“Una de las ideas de Per Berggren, primer autor del artículo e investigador de la Universidad de Newcastle, fue encontrar una manera de reducir estos costos”, explica Alfaro-Shigueto, quien también participó en el estudio.
Para ello, los investigadores utilizaron materiales reciclados, disponibles localmente y de fácil adquisición que, de otro modo, terminarían convertidos en desechos: botellas de vidrio con un perno suspendido en su interior, que funcionarían como emisores acústicos, y botellas de plástico, que actuarían como reflectores acústicos.
La propuesta consiste en aprovechar principios similares a los utilizados por dispositivos especializados, pero mediante objetos comunes que puedan adaptarse a las redes de pesca sin necesidad de incorporar componentes electrónicos costosos.
¿Cómo funcionan?

Los investigadores utilizaron botellas de vidrio y plástico adaptadas a redes de pesca y evaluaron sus propiedades acústicas en laboratorio. Los dispositivos buscan facilitar que los cetáceos detecten las redes y eviten quedar atrapados.
/ Fisheries Research.
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Cada dispositivo responde a una estrategia diferente. Las botellas de vidrio funcionan mediante la emisión de sonidos: el movimiento del agua hace oscilar el perno suspendido en su interior, que golpea las paredes de la botella y produce una señal acústica que podría alertar a los animales sobre la presencia de las redes.
Las botellas de plástico, en cambio, aprovechan la ecolocalización. Los delfines emiten chasquidos de alta frecuencia para orientarse y detectar objetos en su entorno. El aire contenido dentro de las botellas refleja estas señales, lo que podría facilitar que los animales identifiquen las redes y eviten quedar atrapados.
“El material plástico de la botella tiene una impedancia acústica similar a la del agua y, por lo tanto, la retrodispersión acústica de una botella de plástico expuesta al sonido en el agua resultaría principalmente del aire dentro de la botella”, señalan los investigadores en el estudio.
Las propiedades acústicas de ambos dispositivos se midieron en un tanque de pruebas anecoico de la Universidad de Newcastle, en el Reino Unido. Las botellas de vidrio produjeron señales sonoras bajo el agua, mientras que las de plástico mostraron una capacidad de reflexión acústica considerablemente mayor que la de una red de enmalle convencional.
En particular, las mediciones indicaron que las botellas de plástico podían reflejar señales acústicas con una intensidad entre 100 y 1.000 veces mayor que las redes, lo que podría facilitar su detección por parte de los cetáceos. Sin embargo, esta propiedad física no garantiza, por sí sola, que los animales logren evitar las redes.
Las pruebas en el mar
La investigación seleccionó tres pesquerías para poner a prueba la eficacia de los dispositivos: una costera con redes de deriva frente a Zanzíbar, Tanzania; otra de alta mar con redes de deriva frente a Salaverry, Perú; y una tercera con redes de enmalle de fondo frente a Torres y Passo de Torres, Brasil.

La investigación se desarrolló en tres zonas pesqueras de Perú, Brasil y Tanzania, donde científicos probaron dispositivos elaborados con botellas recicladas para reducir la captura incidental de cetáceos.
/ Fisheries Research.
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En el caso peruano, la elección de Salaverry no fue casual. El puerto tiene una importante actividad pesquera artesanal y abastece mercados de ciudades como Trujillo. Además, los investigadores mantenían desde años atrás relaciones de confianza con los pescadores de la zona.
La participación de estos últimos fue voluntaria, un aspecto que Alfaro-Shigueto considera fundamental para desarrollar investigaciones de este tipo.
“Nosotros trabajamos en base de confianza con los pescadores. Los pescadores no tienen ninguna obligación al momento de usar formas de estas tecnologías. O sea, si lo hacen, lo hacen de forma voluntaria”, explica la científica.
Durante las pruebas realizadas frente a Salaverry, los investigadores registraron 60 pequeños cetáceos capturados incidentalmente en un total de 456 operaciones de pesca. Sin embargo, no encontraron una reducción estadísticamente significativa de las capturas con ninguno de los dos dispositivos evaluados.
En Brasil, en cambio, se registraron cuatro delfines capturados en las redes convencionales y ninguno en las equipadas con botellas de plástico. Aunque el resultado fue alentador, la diferencia tampoco alcanzó significación estadística, por lo que todavía no puede considerarse una demostración concluyente de su eficacia.
En Tanzania, por su parte, no se registraron capturas incidentales de delfines durante los experimentos, lo que impidió evaluar si los dispositivos contribuían a reducirlas.
El estudio plantea algunas hipótesis para explicar las diferencias entre los resultados de Perú y Brasil. En las redes de superficie utilizadas frente a Salaverry, el ruido submarino podría haber dificultado que los cetáceos detectaran las señales acústicas de las botellas. En cambio, las redes de fondo empleadas en Brasil operan en condiciones de menor luminosidad, lo que podría favorecer el uso de la ecolocalización por parte de estos animales.
Alfaro-Shigueto señala que las diferencias también podrían estar relacionadas con las especies involucradas. “También puede ser un tema de percepción de diferentes especies, de diferentes formas del sonido de las botellas”, explica.
Más allá de las botellas
Si bien los resultados de la investigación no son concluyentes, los autores consideran que las botellas de plástico podrían representar una alternativa de bajo costo para reducir la captura incidental de cetáceos en determinadas pesquerías. No obstante, advierten que se necesitan nuevos experimentos para determinar su eficacia y establecer en qué condiciones podrían utilizarse.
Otro aspecto importante es que las medidas de conservación no comprometan las capturas comerciales de los pescadores. Su aceptación depende, en buena medida, de que puedan incorporarse a las faenas sin perjudicar los ingresos de quienes dependen de esta actividad.
“Si esto afecta a su pesca objetivo, ellos no lo van a usar, porque obviamente no pueden darse el lujo de perder ganancias económicas. Muchas veces se van ya a la pérdida, porque cuando salen ellos gastan en gasolina, en víveres”, sostiene Alfaro-Shigueto.
La investigadora recuerda que anteriormente se han probado otras tecnologías para reducir la captura incidental en el litoral peruano, entre ellas luces LED y dispositivos acústicos electrónicos. En el caso de los pingers, los experimentos realizados frente a Salaverry mostraron una reducción de aproximadamente el 40 % en las capturas incidentales de pequeños cetáceos, aunque su costo continúa siendo una dificultad para su adopción.
Para Alfaro-Shigueto, el desafío no consiste únicamente en desarrollar herramientas eficaces y económicas, sino también en conseguir que las soluciones científicas puedan incorporarse a las actividades pesqueras mediante medidas de conservación y políticas públicas.
“Los investigadores podemos dar resultados positivos de nuestras investigaciones, pero si el Estado no inyecta esta parte de normativa o de un poco de guiar a los usuarios como los pescadores, queda solamente en una investigación, no se aplica”, advierte.
La científica destaca, además, que existe interés entre algunos pescadores artesanales por participar en iniciativas de conservación marina. “Hay pescadores curiosos que les gusta la conservación, que les gusta ver a los animales, y que quieren participar y ayudar en esto”, señala.
Para ella, ese interés representa una oportunidad para acercar la investigación científica a quienes trabajan diariamente en el mar y avanzar hacia prácticas pesqueras más sostenibles.


