Los países invitados por Trump recibieron un borrador de los estatutos fundacionales de la junta en los que se explica que los países que deseen formar parte de esta iniciativa deberán pagar una membresía de US$1.000 millones.
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El documento también deja ver que sus objetivos no se limitarían a la guerra en Gaza, sino que adjudica al Consejo de la Paz la misión de “promover la estabilidad” en el mundo y garantizar una paz duradera en las regiones golpeadas por conflictos. Un marco que, según los críticos de la junta, podría socavar a la ONU.
Uno de los puntos más comentados ha sido la decisión de Trump de invitar a Rusia su aliado Bielorrusia a formar parte del consejo, en un momento en que aún no hay avances sobre el conflicto en Ucrania y mientras los países europeos denuncian la “amenaza” que representa Moscú.
El “Consejo de Paz” comenzó a materializarse el sábado 17 de enero con invitaciones a varios países a que se unieran. Desde entonces, decenas de países han sido invitados a formar parte de la junta, aunque las respuestas han sido variadas.
Entre quienes aceptaron adherirse como miembros fundadores de la junta, que será presidida por el propio Trump, están Emiratos Árabes Unidos, Albania, Marruecos, Turquía, Paraguay, Argentina, entre otros. Naciones como China e Israel confirmaron que recibieron la invitación, pero no decidieron su adhesión.
Una reacción más fría llegó de parte de aliados clave como Francia y Canadá, que descartaron unirse en las condiciones actuales. El ministro de Exteriores de Francia Jean-Noel Barrot incluso afirmó el lunes que la junta es “incompatible con los compromisos internacionales de Francia y, en particular, con su pertenencia a las Naciones Unidas”.
Por su parte, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, informó que fue invitado, pero se apresuró a decir que le resulta “muy difícil imaginar” figurar en una junta de paz junto al mandatario ruso, Vladimir Putin.

Trump convocó una reunión de la Junta de Paz para hoy en la ciudad suiza de Davos, en paralelo a la 56ª edición del Foro Económico Mundial de Davos. La tensión ya rodea el evento debido a los intentos de Estados Unidos de hacerse con el control de Groenlandia, algo que la Unión Europea rechaza.
Críticas
Aunque aún hay pocos detalles sobre cómo funcionará el Consejo de Paz, sus estatutos son claros en una cosa: Trump estará a cargo.
El republicano será “el presidente inaugural del Consejo de Paz”, con poderes amplísimos, y único autorizado a invitar a países a participar. Tendrá la última palabra en las votaciones y en la creación o disolución de entidades derivadas de la junta.
“Esto parece indicar que Trump busca hacerse el amo del mundo, porque las prerrogativas del presidente del Consejo de Paz son amplísimas. La situación es extremadamente preocupante porque Trump está absolutamente desatado y nadie lo frena. Miremos lo que está pasando con Groenlandia, que es mucho más alarmante”, dice a El Comercio el internacionalista Enrique Banús, director del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Piura.
Para el analista internacional Francisco Belaunde es claro que Trump estaría apuntando a “reemplazar a Naciones Unidas” con un consejo que no solamente tratará el tema de Gaza, sino también otros conflictos. De hecho, al anunciar el martes 20 la creación del Consejo de la Paz, el mandatario estadounidense repitió sus críticas a la ONU y afirmó que este organismo “nunca” le ha ayudado a resolver ninguna guerra.

“Hay dos razones por las que varios países muestran reticencias a este consejo. Primero, los países no quieren ser cómplices de un organismo que pueda dejar de lado a Naciones Unidas. Además, el hecho de invitar a Putin o incluso al presidente de Bielorrusia, que es un dictador también, es absolutamente inaceptable, más aún en el contexto de la guerra de Ucrania. Sentarse en un consejo de paz con Putin es absolutamente escandaloso”, dice Belaunde.
El factor Rusia
Los expertos coinciden en que la invitación a Rusia para formar parte del Consejo de Paz muestra que Donald Trump sigue manteniendo simpatías con Putin, lo que para muchos países europeos es inaceptable.
Belaunde cree que para Putin esta invitación significa ser aceptado nuevamente desde el punto de vista internacional, porque si bien Rusia no es que está totalmente aislada -tiene a sus aliados de los BRICS- para Moscú es muy importante que Estados Unidos la reciba de nuevo. “Entonces es un golazo para Putin ser invitado a ser parte de ese consejo”, apunta.
Por otro lado, Banús destaca que la invitación no ha sido exclusivamente para Rusia, por lo que es muy pronto para saber si Washington y Moscú podrían tener un mayor acercamiento.

“Trump ha enviado la invitación a unos 60 gobiernos, eso es casi un tercio de los países del mundo. Que Trump tiene una cierta admiración por Putin, eso ya se sabe, pero lo ha invitado junto a decenas de países. Obviamente que esto le da aire a Rusia y es claro que tiene una cierta animación por Putin, pero es muy pronto para ver si esto acercará a Rusia y Estados Unidos. El Consejo de Paz aún es una especie de quimera”, señala.
Añade que solo el tiempo dirá a dónde lleva la creación de esta junta de paz, qué tipo de relación se establece entre sus miembros, o si al final los que trabajan son los gremios más concretos que integrarán el consejo y donde participarán menos personas, entre ellos Tony Blair y representantes de países como Turquía y Emiratos. “Hay que ver si esto en algún momento tiene algún efecto práctico”, considera Banús.
Mientras tanto, la tensión con Europa sigue al alza. Belaunde explica que si se suma a las disputas por Groenlandia, la forma en la que Trump está creando el Consejo de Paz socava más los vínculos entre Estados Unidos y sus aliados europeos. “Más aún cuando ante la negativa de Macron a ser parte de ese consejo, Trump amenazó con imponer aranceles de 200% al vino francés. Es una reacción totalmente infantil que muestra cómo Donald Trump maneja estas cosas”, dice el experto.
Banús enfatiza que los países europeos van a rechazar la invitación de Trump. “Ya lo ha hecho Francia, Alemania se inclina para decir que no. En un primer momento parecía algo relacionado con Gaza y había una cierta predisposición, pero rápidamente se han dado cuenta hacia dónde va esto y están diciendo que no”, señala.













