Hace unos días el diputado Marlon Aguirre, de Juntos por el Perú, anunció la posibilidad de retirarse de su agrupación política para enrolarse en Fuerza Popular. Adujo como causa de su eventual decisión diferencias con el diputado Ernesto Zunini, portavoz de la bancada de JP en su respectiva cámara. Poco después, Aguirre informó que las discrepancias y conflictos se estaban superando.
Hace unos días el diputado Marlon Aguirre, de Juntos por el Perú, anunció la posibilidad de retirarse de su agrupación política para enrolarse en Fuerza Popular. Adujo como causa de su eventual decisión diferencias con el diputado Ernesto Zunini, portavoz de la bancada de JP en su respectiva cámara. Poco después, Aguirre informó que las discrepancias y conflictos se estaban superando.
Si bien por los modos previos de manejo en los sucesivos Congresos que ha tenido el país no genera sorpresa que algunos parlamentarios se retiren de las bancadas por las que fueron elegidos, sí es turbador que la decisión haya estado a punto de adoptarse a solo algo más de un mes después de haber asumido el cargo. Más aún, la sorpresa se acrecentó cuando el anuncio era un pase (o varios) de la oposición al oficialismo.
Es conocido que JP es un frente que incluye a personas directamente de Juntos por el Perú, así como a integrantes del entorno de Pedro Castillo, a personas cercanas a Antauro Humala y, probablemente, a independientes que se sumaron a la agrupación de Roberto Sánchez. Sin embargo, constatar que es un frente político y no estrictamente un partido no impide extrañarse por qué haya quienes, con tanta facilidad, consideren lícito y normal pasar de una agrupación que se presentó como de izquierda a integrarse en una de derecha.
Ciertamente, igual sorpresa causaría que un congresista de Fuerza Popular anunciara su paso a las filas de su principal adversario electoral, algo que ha estado lejos de suceder, tanto ahora como en el Parlamento anterior. Y es que en FP los intereses o proyectos individuales están subordinados al mando central y a un proyecto político, mientras que en otras organizaciones no ocurre ni lo uno ni lo otro: no se vislumbra mando central fuerte y legitimado, ni proyecto político cohesionador. Enfrentar esta precariedad es, sin duda, un gran reto para las agrupaciones de izquierda, de centro e incluso para las otras derechas, más allá de Fuerza Popular.
Llámese partido, frente político o movimiento, la cohesión básica en torno a una propuesta –que puede integrar matices y diferencias aceptables– constituye un componente imprescindible del actual quehacer político peruano. De lo contrario, será imposible tener consistencia y voluntad política para enfrentar desafíos como la corrupción dentro del Estado y la otra cara de la moneda: la lucha contra los negocios ilegales y el creciente crimen organizado.
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