El Perú inicia una nueva etapa, con un nuevo gobierno y nuevas autoridades en el sector Transporte. Cada cambio de gestión abre la oportunidad de revisar políticas que afectan a industrias estratégicas como la aviación, que conecta regiones, impulsa el turismo y facilita el comercio.
No es un detalle menor. Las decisiones en regulación e infraestructura afectan directamente la conectividad, la competitividad del país y el acceso de más personas al transporte aéreo.
A eso se suma un contexto internacional que cambió de forma estructural. La volatilidad del combustible, del dólar y las tensiones geopolíticas dejaron de ser episodios excepcionales para volverse parte del día a día de la industria aérea.
Buena parte de los costos de una aerolínea se paga en dólares, mientras que sus ingresos locales llegan en soles. Cuando el tipo de cambio o el combustible se mueven, el impacto se siente casi de inmediato, y ninguna aerolínea lo controla.
Por eso, y porque esa incertidumbre llegó para quedarse, importa concentrarse en lo que sí depende de decisiones locales. Ahí hay evidencia concreta. IATA documentó el efecto de la TUUA de transferencia internacional en el Jorge Chávez: el tráfico entre Lima y Santiago cayó 10%, se cancelaron rutas y otras se desviaron hacia Panamá y Bogotá. Son pasajeros que hoy conectan en otro país, y turismo y comercio que el Perú deja de captar. Detrás de esa cifra hay algo más simple todavía: familias que pagan un poco más por volar o que deciden no hacerlo porque ese costo se suma justo donde el presupuesto es más sensible.
También hay una oportunidad. La TUUA aplicable a los pasajeros en conexión en Perú incorpora una carga adicional que incrementa el costo de los itinerarios y, considerando que países vecinos no aplican un esquema equivalente, reduce la competitividad del país como hub. Revisar la TUUA peruana con esa referencia permitiría abrir una discusión técnica con el MTC, Ositrán y las aerolíneas, para identificar alternativas que fortalezcan la conectividad del país. Es una tarea concreta, con plazo y con responsables, no una promesa abierta más.
Un cambio de gobierno es también la oportunidad de revisar políticas públicas a la luz de la evidencia disponible. En un contexto internacional cada vez más exigente, fortalecer la competitividad del transporte aéreo depende, en buena medida, de decisiones que sí están al alcance del país.
El Perú tampoco parte de cero. Jorge Chávez conecta con 49 destinos internacionales, este año se sumaron acuerdos de cielos abiertos con once países, y llegaron nuevas frecuencias hacia Europa, Norteamérica y el Caribe. Eso muestra que el mercado responde bien cuando existen condiciones que favorecen la conectividad y la competencia.
Las nuevas autoridades tienen ahora la oportunidad de evaluar esa evidencia y priorizar las medidas que consoliden el crecimiento del sector. En un entorno donde la incertidumbre seguirá siendo parte del negocio, contar con reglas predecibles y competitivas es clave para la conectividad aérea y su aporte al desarrollo del país, la única que sí depende de decisiones tomadas aquí.



