Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Chile registró esta semana desbordes de masas de agua y provocados por fuertes precipitaciones en su capital, Santiago, siendo el acomodado barrio de Las Condes una de las zonas más afectadas por los recientes eventos.
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—¿Se pueden considerar los desbordes e inundaciones de Chile como una muestra de lo que sucederá en Perú durante los meses siguientes a causa del fenómeno El Niño?
Primero que hay que entender de que, por su contexto, lo que ocurrió en Santiago obedece básicamente a un fenómeno diferente de lo que ocurriría en el Perú.
Santiago de Chile está a aproximadamente 2.000 metros de altura y allí ellos también tienen lluvias que de alguna manera han sido detonadas por el calentamiento que se produce por El Niño; sin embargo, ellos también ven históricamente la ocurrencia en este tipo de fenómenos.
En los videos se ven grandes masas de agua mezcladas con tierra, piedras y material sólido y a eso último se le llama flujo de detritos, que es lo que nosotros denominamos huaicos.
No obstante, el nivel de intensidad de las lluvias que Chile recibe es diferente. Cuando analizamos un riesgo, hay varias cosas que tenemos que evaluar y la primera es el peligro, que está determinado por la probabilidad de ocurrencia del fenómeno y en Perú esta es diferente respecto a Chile.
De hecho, se estima que las lluvias aquí van a ser extraordinarias por el fenómeno El Niño y, si bien cierto que en Chile está teniendo lugar dicho evento, hasta cierto punto se constituye en casos más puntuales.

El último fenómeno de El Niño altamente devastador en el Perú fue el de 1997-1998. Diversas estimaciones aseguran que el de 2026-2027 será mucho más potente. (Foto: Andina)
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Se prevé que en el Perú la intensidad del fenómeno y de la lluvia sea mucho mayor y que este no solo se desarrolle en zonas concentradas, pues se va a dar en toda la región costera del norte del país desde Tumbes hasta Lima. Estaríamos hablando de que en Perú van a producirse lluvias en una escala mucho mayor de lo que se está evidenciando en Santiago.
Por otro lado, no solo hablamos de peligro sino también la vulnerabilidad, que tiene que ver con dónde están construidas las viviendas y el entorno geográfico de estas. Cuando hablamos, por ejemplo, de Santiago de Chile, se tiene un territorio que no es tan desértico como el nuestro, lo que hace la posibilidad de huaicos no sea tan alta como la que tendríamos en Perú.
Tenemos un territorio más desértico y la probabilidad de que se arrastren materiales sólidos es mayor. Lo que ocurrió allá (en Chile) es que meses antes hubo un incendio que generó un mayor desplazamiento de material y posibilitó que los huaicos tuvieran más impacto del que normalmente tendrían. Es una condición muy localizada, muy propia.
«En el Perú la realidad sigue siendo diferente que la de Chile porque en el propio nivel de peligro es distinto»
—¿Puede haber algún punto en común adicional con respecto al caso peruano o sigue siendo muy grande la distinción de ambos contextos?
Sí podría tener más relación con el caso peruano lo que sucedió en el último mes en la región de Las Condes, donde había llovido bastante. Hubo afectación incluso tratándose de una comuna de altos recursos económicos, pero las casas allí están construidas en la zona de la quebrada, vulnerable por una exposición bastante alta a posibles flujos de agua.
Todo ese aumento de lluvias hizo que el suelo se sature y con esa saturación la posibilidad de que el agua se infiltre fue menor. Esto a su vez hizo que las corrientes superficiales fueran mayores y este conjunto de fenómenos propició lo que terminó sucediendo en Santiago de Chile.
En el Perú la realidad sigue siendo diferente porque en primer lugar el propio nivel de peligro es distinto: tenemos el aviso del fenómeno El Niño a gran escala en toda la costa norte, tenemos un terreno más desértico y con una alta susceptibilidad al arrastre de residuos sólidos y tenemos también el problema de la exposición.
Aquí en muchos lugares las personas construyen en las quebradas, a pesar de que debería de estar prohibido, pero estas viviendas existen por motivos sociales o económicos y eso incrementa el nivel de exposiciones de la gente como de sus casas. Los contextos de Perú y Chile son diferentes, entendiendo a mi parecer que las condiciones peruanas son más preocupantes.
—Entendiendo que tenemos una posibilidad mayor de un impacto mucho más fuerte del fenómeno, ¿qué tipo de infraestructura tiene importancia crítica de cara a prepararnos para este evento climático?
Hay que entender el comportamiento del agua. Cuando llueve en una determinada zona el agua o bien se infiltra o bien queda en la superficie almacenada en los lagos y en un tercer escenario se termina evaporando. La parte que nos preocupa es obviamente es la superficial.
El problema es que esa agua que queda en la superficie en una cuenca determinada se termina juntando y va a incrementar el caudal. Si la intensidad de la lluvia es muy fuerte, demasiada agua se reúne en muy poco tiempo y eso va a afectar a las poblaciones que están cauce abajo.

Los departamentos más afectados por las precipitaciones de 1997 fueron Tumbes, Piura y La Libertad. (Foto: Archivo histórico El Comercio)
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¿Qué se puede hacer ahí? Si hablamos de obras de gran magnitud, en zonas donde ya se ha identificado que puede existir una crecida del caudal y activación de huaicos, se pueden construir represas o también lagunas artificiales para que se almacene el agua. De esa manera, al llover esa agua se empieza a acumular de forma controlada.
Esto no es una práctica común porque estamos hablando de una intervención a gran escala que compromete mucho presupuesto y entendiendo que en el país tenemos muchos puntos críticos no es lo usual hacer ese tipo de construcciones. Sin embargo, sería una solución porque se controla la crecida en el río y justamente esa es una de las funciones de las represas.
Otra solución es pensar en las obras que estarían directamente relacionadas o involucradas con la población. Estaríamos hablando, por ejemplo, de muros de gaviones o muros de contención de concreto para que canalicen el agua que está pasando por el río y para que no se erosionen sus márgenes laterales. Al ser el agua correctamente analizada se protegen los puntos críticos.
Con la urbanización muchas personas invaden la zona de influencia del río y disminuye la capacidad hidráulica del cauce. Cuando hay crecidas de agua el río ya no puede extenderse y volverse más ancho porque habría viviendas en los alrededores.
Seguramente se van a construir estructuras de gaviones o muros de contención a los costados y lo único que le quedaría al río por no poder extenderse lateralmente son dos cosas: o bien aumenta su nivel o incrementa la velocidad del flujo, haciéndose más caudaloso.
Cuando pasa esto en los puntos críticos hay una probabilidad de que este río termine desbordándose, afectando justamente a la zona con las casas construidas cerca del cauce fluvial. En ese sentido, la identificación de los puntos críticos es clave para hacer las implementaciones de reforzamiento, porque son miles de kilómetros por donde pasa el río y proteger toda la longitud del este sería técnicamente inviable considerando la cantidad de cuencas que tenemos.
Lo que se tiene que hacer es identificar cuáles son estos puntos críticos y reforzarlos con infraestructura como muros de gaviones, muros de contención y también los puentes ante la socavación, que justamente se vio en el 2017.
La socavación es un fenómeno en que el agua va erosionando poco a poco las bases de los estribos o de los pilares intermedios. Entonces llega un punto donde el pilar intermedio se queda sin piso y en vez de estar sostenido por un terreno firme empieza a estar apoyado sobre agua. Como esta última genera presión hidráulica hace que todo el puente tienda a voltearse y eso significa que la estructura va a colapsar.
Para eso deberían existir obras de intervención y mantenimiento de los de los pilares intermedios o estribos, se debe verificar que estos no se estén erosionando y que no exista socavación. Esto se ataja a través de enrocados alrededor de los de los pilares, por citar un ejemplo.
Asimismo, en toda la cuenca este debería existir una limpieza de los residuos, incluyendo que está de los residuos pequeños y la descolmatación, que hace referencia más profunda que incluye el retiro de arbustos y plantas en el cauce de los ríos.
Hace poco viajé a Piura y vi la existencia de cuencas ciegas, que son una suerte de depresiones donde el agua se acumula y no puede desembocar en ningún lado. Pese a que hay obras como muros de contención y la ciudad está algo protegida, el cauce del río está desprotegido en incluso ves árboles dentro de este.
Esto para nada es bueno porque el recorrido del río debe estar limpio porque cuando tenga lugar la crecida se va a llevar árboles y arbustos. Si el agua por sí sola ya es destructiva, con estos elementos más piedras y tierra tendrá un potencial de destrucción mucho mayor por tener una mayor densidad y eso es lo que se debe evitar.
En las ciudades también se deben limpiar las alcantarillas y justamente en el caso de Santiago de Chile se hablaba de un colapso de estas. Si el sistema de alcantarillado está colapsado, esto reduce su capacidad hidráulica y el agua, en lugar de ir por ese camino, comenzará a recorrer la superficie.
—¿En su experiencia profesional ha encontrado regiones del país que concentren demasiados de estos puntos críticos?
Hay un dato muy interesante procedente de un reporte de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) donde existían cerca de 2.000 fichas técnicas referenciales que constituyen aproximadamente un número similar de puntos críticos.
Ahora esa información debería estar actualizada, pero hasta hace unos meses solo se estaba trabajando cerca del 20% de esos 2.000 puntos críticos.
Estamos hablando de una gran brecha justamente en la atención de esos espacios y esos puntos críticos están repartidos en todas las ciudades desde Lima, Trujillo, Piura y Tumbes.
Las zonas que he visto más expuestas son básicamente Piura y Lima. En la capital estamos hablando de las quebradas de Lurigancho – Chosica, Chaclacayo y la cuenca de Huaycoloro, mientras que en Piura me preocupa el fenómeno de cuencas ciegas.
Cuando visité a los piuranos para constatar la situación encontré zonas donde las inundaciones habían llegado desde el nivel del piso terminado a una altura de dos metros: prácticamente todo el primer nivel de esas casas llegó a inundarse.
Eso no solo causa problemas para el acceso a esas viviendas, sino que esa agua se contamina mezclándose con la de desagüe generando focos de infección y que también favorecen la propagación de enfermedades a través de los insectos. También se puede producir contacto con las redes eléctricas y puede generar puesto que las personas electrocuten en contacto con el agua.

El fenómeno El Niño que afectó al Perú entre 1997 y 1998 fue calificado de extraordinario y dejó graves pérdidas. (Foto: Grupo El Comercio)
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Hay acciones que ya se han tomado y la gente me comentaba que ya se empezaron a construir canales, pero la pregunta sería si realmente esto es suficiente para para enfrentar un fenómeno de las magnitudes que se están proyectando.
Para tomar en cuenta, en el caso del 2016 y 2017 hubo una gran destrucción aquí en Lima, pero ese Fenómeno del Niño Costero no nos vino de sorpresa, ya que un año antes se empezó a avisar de que iba a existir un Fenómeno del Niño para el 2016.
En 2016 fue leve, pero al año siguiente las lluvias fueron fortísimas. Eso nos quiere decir que con el paso de los años el país estuvo más preparado con respecto al anuncio de la ocurrencia del fenómeno: hubo una mejora desde 1982 y 1983 con la tecnología de monitoreo de este tipo de fenómenos y ya podemos predecir que va a tener lugar un fenómeno de El Niño.
Sin embargo, a pesar de que tenemos el aviso, la sociedad no está necesariamente preparada para el fenómeno del niño y seguimos igual que en 1983 y 1997, no veo una mejora considerable. De repente se hicieron algunas obras, pero de cierta forma estas todavía tienen un alcance bastante limitado.
Si caminas por el Centro Histórico de Piura se ve que la ciudad nunca terminó por recuperarse completamente desde las últimas inundaciones: el pavimento está totalmente destrozado y muchas paredes siguen totalmente deterioradas por la humedad a la que estuvieron expuestas.
—¿Con tales indicadores que más debe preocupar sobre la capacidad de respuesta nacional y qué le podría decir a ciudadanos y gobierno?
Primero debemos enviar el mensaje de que en la actualidad las instituciones del Estado que se encargan justamente de la identificación de los puntos donde probablemente podrían existir huaicos ya está lista, sí se tiene un inventario.
Lo que no se puede predecir es dónde se van a producir exactamente estos y en muchas de estas zonas susceptibles ya se han hecho trabajos de reforzamiento de cuencas con geomallas para evitar el arrastre de sedimentos.
Hasta cierto punto sí hubo algunas acciones de gobiernos locales que ojalá sean suficientes; no obstante, se entiende de que estas medidas son para lluvias de una magnitud determinada y como esperamos un fenómeno extraordinario, tal vez estas gestiones no alcancen.
Por lo tanto, la ciudadanía que vive en estas zonas debería estar alertas ante los fenómenos. Si estas personas empiezan a detectar mucha presencia de lluvia en un periodo de tiempo determinado deberían tomar las precauciones del caso, no solamente colocando costales de arena.
Lo ideal sería que traten evacuar lo más pronto posible, porque cuando llegue el huaico puede terminar inundando todo el primer nivel de sus casas y si es que este tiene un potencial destructivo incluso puede hacer que toda la vivienda colapse.
A nivel a nivel familiar deberían de informarse sobre si donde viven hay una alta probabilidad de que sucedan huaicos. A estas alturas decir a las personas que se muden a otro lugar es difícil, pero por lo menos deben estar alertas a la probabilidad de desastre para evacuar en cuanto las lluvias sean pronunciadas, ya que lo primero es salvar sus vidas. Si pueden salvar también sus electrodomésticos u objetos importantes en el primer piso ya deberían ir trasladándolos también.
En lo que compete al gobierno hay que acelerar lógicamente acelerar obviamente las acciones que ya se tienen. A nivel de aviso estamos bien, el problema es a nivel de ejecución de las obras para que la población sea menos vulnerable.
Ahí es donde existe una brecha, pues hasta hace muy poco solamente se habían ejecutado trabajos en el 20% de los puntos críticos que se habían detectado. Lo restante es un porcentaje que está en ejecución o en el que simplemente no se ha hecho nada.


