sábado, mayo 16

“Todo pasó y seguirá”, el recién editado segundo álbum de Cementerio Inocentes, encuentra a la banda –una de las más representativas de la escena local– tanteando las posibilidades formales del pop moderno: disparando melodías indelebles, ritmos precisos y ganchos irresistibles, al tiempo que estraperlea ornamentos sónicos, estructuras inesperadas y letras que oscilan entre lo impenetrable y lo evidente.

El disco llega casi una década después de «, el otrora bien recibido álbum debut de la agrupación, demostrando que el tiempo transcurrido entre ambos no pasó en vano. Allí donde « es tajante, temerario y desbordado, Todo pasó y seguirá es sutil, prudente y contenido en sus intenciones y en sus resultados, eso sí, sin sacrificar las dosis de intensidad, expresividad y energía necesarias para que el disco mantenga su vitalidad intacta.

LEE MÁS: No parece famoso, pero cuando canta todo se detiene. Ed Sheeran, el pelirrojo de la voz de oro que ama el Perú y cantará en el Nacional

Si « fue un disco de rock psicodélico con trazas de pop moderno, «Todo pasó y seguirá» es un disco de pop moderno matizado por las ambiciones artísticas del rock. “404”, la canción encargada de abrir el álbum está basada en el pulso bailable de una guitarra funk y en una sección rítmica que nos recuerda la influencia que la música disco ejerce sobre el pop contemporáneo, aunque la mutación permanente de timbres y sonoridades a lo largo del tema demuestra las altas pretensiones creativas de la banda, pretensiones que, afortunadamente, se encuentran bien correspondidas con el talento y las capacidades técnicas de sus integrantes.

Lo mismo ocurre con “Horas elevadas”, otro corte sobresaliente del disco, cuyo coro prefiere ignorar las convenciones de la música pop para deslizarse por una pendiente melancólica que se disuelve en una superposición de saxos que no habrían desentonado en el Kaputt de Destroyer o en cualquier otra muestra previa de sophisti-pop. Si mantenemos las comparaciones con otros discos a medio camino entre las expectativas comerciales y el pop de autor, “La senda” trae un mesurado funk minimalista con destellos de amargura cuyos antecedentes en otras latitudes podrían incluir el Parade de Prince o el GaGaGaGaGa de Spoon.

LEE MÁS: Cementerio Inocentes: La psicodelia nunca pasa de moda

En un orden más cercano de cosas, aunque en registros estilísticos completamente distintos, «Todo pasó y seguirá» recuerda a algunos discos peruanos de la década pasada, como Sincronía de Las amigas de nadie o Gomas de la extinta banda del mismo nombre, discos donde lo experimental y lo comercial, lo complejo y lo sencillo, se dan la mano hasta alcanzar un equilibrio perfecto.

“Complejo y ordinario”, dice la letra de “Oro y estaño”, otra de las canciones más atractivas del álbum, refiriéndose quizá a una antagónica pareja de novios, aunque, si se le escucha con atención y perspicacia, también podría ser un guiño a la propuesta estética del álbum, una propuesta destinada a satisfacer, en primer lugar, las exigencias de sus propios creadores, aunque sin perder de vista la posibilidad de activar el interés de una audiencia masiva. En otro mundo posible, donde el éxito comercial es fruto de la cristalización de una propuesta estética, Cementerio Inocentes gozaría de ambos.

Share.
Exit mobile version