El canal tradicional cumple un papel fundamental en la economía del país. Las bodegas no solo forman parte de la vida cotidiana de millones de hogares, sino que también constituyen una importante fuente de autoempleo y emprendimiento para miles de familias peruanas. Su relevancia es indiscutible: más del 70 % del gasto en bienes de consumo masivo se realiza a través de este canal¹.
El canal tradicional cumple un papel fundamental en la economía del país. Las bodegas no solo forman parte de la vida cotidiana de millones de hogares, sino que también constituyen una importante fuente de autoempleo y emprendimiento para miles de familias peruanas. Su relevancia es indiscutible: más del 70 % del gasto en bienes de consumo masivo se realiza a través de este canal¹.
Esta importancia se sustenta sobre una base aún más amplia. Según el Ministerio de la Producción, durante el último año operaron 2.33 millones de MIPYME formales en el país, que generaron empleo para 10.5 millones de personas². A ello se suma que el comercio minorista vinculado a bodegas concentró 879,910 puestos de trabajo3. Así, fortalecer este canal va mucho más allá de impulsar las ventas, significa promover la productividad, el empleo y la estabilidad económica de miles de familias peruanas.
A ello se suma un componente clave en materia de inclusión: el 44.2 % de las MIPYME formales y el 42.8 % de los emprendimientos en general están liderados por mujeres4. Aumentar la productividad de estos negocios es también una vía directa para promover la autonomía económica de miles de emprendedoras que, día a día, sostienen sus negocios con esfuerzo y visión.
En este contexto, y pese a su relevancia, el canal tradicional enfrenta desafíos estructurales que limitan su crecimiento como la competencia informal o las dificultades para acceder a financiamiento. Por ello, es importante sumarle, a todo su ímpetu, creatividad y resiliencia, habilidades de gestión que les permitan favorecer el desarrollo sostenible de sus emprendimientos.
Es aquí donde el sector privado debe desempeñar un papel decisivo como aliado del canal tradicional. Su experiencia operativa y capacidad de llegada le permiten aportar acompañamiento comercial, soluciones logísticas que reduzcan los quiebres de stock y herramientas prácticas para mejorar la gestión del negocio y la educación financiera.
El objetivo es que las bodegas aprovechen mejor las fortalezas que ya las distinguen: su cercanía con los consumidores, su aporte al empleo y su presencia en la vida cotidiana de millones de peruanos. Para lograrlo, necesitan condiciones que les permitan operar con mayor eficiencia, competir en un entorno más equitativo y crecer de manera sostenible, sin perder la esencia que las convierte en un actor clave para sus comunidades.
Si más del 80 % del consumo masivo en el Perú se realiza a través de este canal, impulsar su desarrollo trasciende el interés comercial: es una tarea relevante para el país. El desafío requiere sumar capacidades y esfuerzos para que miles de microempresarios puedan fortalecer sus negocios, avanzar hacia la formalización y continuar siendo protagonistas de la economía cotidiana.



