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Los recientes movimientos telúricos en Venezuela, Junín (Perú) y Colombia recuerdan que vivimos en una zona altamente sísmica, pero que ya nuestros antepasados conocían muy bien hace más de cinco mil años, para lo cual aplicaban tecnologías constructivas que aun hoy siguen inspirando a investigadores.
Los recientes movimientos telúricos en Venezuela, Junín (Perú) y Colombia recuerdan que vivimos en una zona altamente sísmica, pero que ya nuestros antepasados conocían muy bien hace más de cinco mil años, para lo cual aplicaban tecnologías constructivas que aun hoy siguen inspirando a investigadores.
Y es que una de las imágenes que se ha repetido sobre estos recientes casos ha sido el derrumbe de edificaciones, antiguas y modernas.
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Los investigadores de la Zona Arqueológica Caral (ZAC) han identificado un sistema constructivo sismorresistente que permitió a los edificios monumentales de la Ciudad Sagrada de Caral-Supe y de otros asentamientos resistir numerosos sismos a lo largo de milenios.
Las evidencias arqueológicas muestran que los antiguos constructores de Caral desarrollaron diversas soluciones de ingeniería para dar estabilidad a sus edificaciones. Entre ellas destacan las shicras, bolsas tejidas con fibras vegetales, como junco y totora, rellenas con piedras de distintos tamaños.
Estas fueron colocadas estratégicamente en los rellenos constructivos de las plataformas y cimentaciones de los edificios piramidales. En nota de prensa, se informó que el sistema se complementó con muros escalonados de baja altura y otras soluciones arquitectónicas que permitían distribuir mejor las cargas, disipar la energía generada por los movimientos sísmicos y otorgar mayor estabilidad a las estructuras.

Megashicra en la zona de Vichama. (Foto: Difusión)
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Las edificaciones monumentales reunía varias técnicas de construcción. (Foto: Difusión)
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“Ante un movimiento sísmico, las shicras proporcionan mayor estabilidad a las estructuras, disminuyen los empujes y aumentan el amortiguamiento y la ductilidad. Individualmente y en conjunto controlan los desplazamientos producidos por las fuerzas de inercia sísmica”, explicó Ruth Shady Solís, directora de la Zona Arqueológica Caral.
Además, las investigaciones desarrolladas en Vichama, ciudad agropesquera de Végueta-Huaura, han permitido identificar una evolución de esta tecnología constructiva mediante el uso de megashicras, bolsas de fibra vegetal de mayor tamaño y peso.
Las shicras vienen inspirando investigaciones para mejorar las formas de construcción. (Foto: Difusión)
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Estas estructuras fueron utilizadas como parte de los sistemas de cimentación y estabilización de los edificios públicos, evidenciando el perfeccionamiento de los conocimientos de ingeniería transmitidos a lo largo del tiempo.
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La eficacia ha sido corroborada por investigaciones arqueológicas y estudios experimentales contemporáneos. El fallecido ingeniero Julio Vargas Neumann, destacado docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, comprobó experimentalmente su comportamiento al incorporarlas en la base de un prototipo de vivienda de adobe sometido a simulaciones sísmicas.
Durante las pruebas, la vivienda construida con shicras soportó significativamente mejor el movimiento que otra estructura similar levantada sin este sistema, la cual presentó graves daños estructurales. El estudio, desarrollado en 2017 para el Ministerio de Vivienda junto con el arquitecto Roberto Prieto, concluyó que esta tecnología puede contribuir a mejorar el comportamiento sísmico de viviendas rurales de adobe de un piso y, además, ayuda a reducir el humedecimiento de los muros.
Si bien las edificaciones actuales responden a normas técnicas, materiales y sistemas constructivos distintos, el estudio de esta tecnología ancestral aporta valiosas enseñanzas sobre la adaptación al riesgo sísmico y continúa inspirando nuevas investigaciones orientadas a comprender y valorar el conocimiento desarrollado por las antiguas sociedades andinas.




