Si hay algo que el gobierno debiera mantener, como lo viene haciendo desde un comienzo, es que en su comunicación cotidiana prevalezca el propósito de ofrecernos una “verdad oficial” creíble y confiable. Esto es y será clave en la formación de una opinión pública mejor orientada al entendimiento real de los asuntos de gobierno y Estado, que del 2016 al 2026 han venido acumulando acelerados ciclos de crisis e inestabilidad.
Vemos ahora que los propios actos de gobierno encierran el propósito oficial de no esconder ni disfrazar absolutamente nada, como lo acaba de advertir el titular de la PCM, Luis Galarreta: no habrá solicitud de facultades legislativas al Congreso mientras no se tenga una propuesta completa, que a su vez debe recoger las opiniones de las primeras líneas de funcionarios que vienen siendo recién definidas.
He aquí una expresión de orden, transparencia y coherencia respecto del objetivo central de construir y hacer gobierno y Estado por sobre el ritual tradicional de ejercer y controlar el poder. Recuérdese cualquier ritual de gobierno de tiempo atrás: la carrera en la solicitud de facultades legislativas hacía que el Congreso respondiera también a la carrera con el otorgamiento de esas facultades con la ignorancia total de la dirección que adoptarían las políticas aprobadas.
Y así como el Ejecutivo evita hoy poner la carreta delante de los caballos, el Congreso, según declaraciones de Miguel Torres en El Comercio, espera completar sus cuadros de comisiones en Diputados y Senado para demostrar que no solo puede dar la talla que exigen las circunstancias del país, sino también la que exigen los desafíos de hacer, igualmente, gobierno y Estado, desde el terreno de la ley, el control y la fiscalización. Es cierto que últimamente se han tomado medidas importantes dentro del marco legal y constitucional, como el restablecimiento de relaciones con México; la decisión de zanjar el problema de Petro-Perú; y la determinación de poner en pie a Essalud, la más gigantesca estructura hospitalaria del país, hoy en día colapsada.
De lo que se trata es que, en adelante, el gobierno pueda tomar decisiones, no sobre el vacío ni el caos, sino sobre la organización de todos y cada uno de los ministerios, cuyos cuadros políticos y técnicos tienen que saber qué rumbo asumir. Se espera que las decisiones legislativas, por cierto muy distintas, descansen, del mismo modo, sobre la organización de sus mesas directivas, comisiones y juntas de portavoces, con un elevado sentido de contrapeso político y legislativo.
La aprobación del 60% a Fujimori; la confianza en ella de entre el 65% y el 71% para impulsar la inversión privada, generar empleo y mejorar la economía; el apoyo del 86% a las FF.AA. para liderar la seguridad ciudadana; y el acuerdo del 67% de que el Congreso le otorgue al gobierno facultades legislativas (Datum, 9/8/26) parecen expresar lo que no estamos viendo: un gobierno en su duro esfuerzo de armar el Estado desde adentro.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.














