jueves, octubre 8

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Para Aranwa Hotels, la gastronomía dejó de ser un servicio complementario al hospedaje. En sus hoteles de destino, como Paracas y Vichayito, los restaurantes, bares y demás operaciones de alimentos y bebidas ya explican entre el 45% y el 48% de los ingresos.

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Para Aranwa Hotels, la gastronomía dejó de ser un servicio complementario al hospedaje. En sus hoteles de destino, como Paracas y Vichayito, los restaurantes, bares y demás operaciones de alimentos y bebidas ya explican entre el 45% y el 48% de los ingresos. A nivel de la cadena, esta actividad representa entre 38% y 40% de sus ingresos durante los meses de alta afluencia.

Ese peso dentro del negocio también se está reflejando en las decisiones de inversión. Para la remodelación de su hotel de Vichayito, en Piura, Aranwa destinó alrededor de la mitad de los S/23 millones invertidos en el proyecto a renovar por completo su propuesta gastronómica.

El restaurante Horizonte y el bar Latitude son completamente nuevos, tanto en los espacios que percibe el huésped como en el equipamiento y las áreas de operación. La compañía también incorporó mayor capacidad de conservación y congelamiento, y tecnología para las áreas de cocina.

“Estamos apostando mucho en mejorar la experiencia culinaria en cada uno de los destinos y en cada uno de los hoteles”, señala Gonzalo Calderón, CEO de Aranwa Hotels.

La apuesta responde a un cambio en la propia concepción del negocio hotelero. Los destinos donde el huésped permanece varios días y concentra buena parte de su consumo dentro del establecimiento, restaurantes, bares y experiencias alrededor de la comida pueden convertirse en una fuente relevante de ingresos y, al mismo tiempo, en un elemento de diferenciación.

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Vichayito no es un caso aislado dentro de la estrategia de Aranwa. En Paracas, la cadena cuenta con el restaurante Veranda y el bar Jarana, desarrolla un nuevo lounge en el muelle y trabaja en su primera barra nikkei, Brisas.

En el Valle Sagrado, la compañía ha ampliado su propuesta con una terraza alrededor del bar y un espacio para fuegos y brasas. En Cusco, además, viene trabajando en la renovación de sus cartas.

La lógica también se replica fuera del Perú. Aranwa opera desde este año su primer hotel internacional, en Sarapiquí, Costa Rica, donde el restaurante Encuentro busca combinar la gastronomía costarricense con la peruana. Allí, la compañía ha destinado alrededor de US$6 millones en la operación y remodelación, con una parte importante de la inversión concentrada en mejorar el restaurante y el bar.

“Desde la adquisición de la propiedad al día de hoy, la gran parte y la gran fuerza de la remodelación y de las inversiones y de la apuesta que estamos haciendo, va por el lado de mejorar el restaurante”, sostiene el ejecutivo.

Para Aranwa Hotels, la gastronomía dejó de ser un servicio complementario al hospedaje. En sus hoteles de destino, como Paracas y Vichayito, los restaurantes, bares y demás operaciones de alimentos y bebidas ya explican entre el 45% y el 48% de los ingresos.

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En el caso de Vichayito, la inversión gastronómica también está vinculada a la continuidad de la operación frente a las condiciones climáticas. Las nuevas cámaras de conservación y congelamiento permitirían al hotel mantener autonomía de abastecimiento ante eventuales interrupciones.

“Esto es un negocio a largo plazo y la idea es que quienes quieran estar acompañándonos, pese a las advertencias, vayan a sentirse seguros y a tener un servicio de primera, tanto hotelero como culinario”, afirma Calderón.

La compañía también remodeló el año pasado su hotel de Paracas con una inversión superior a S/18 millones. Hacia adelante, prevé incorporar un componente gastronómico relevante en el Palacio Ricketts, en Arequipa, y continuar con mejoras en sus hoteles en el Valle Sagrado, el Colca y Cusco.

Para Calderón, el crecimiento de la gastronomía peruana también está modificando el atractivo turístico del país. “La gastronomía ya mueve más de US$ 3.300 millones localmente”, sostiene.

El ejecutivo considera que el posicionamiento internacional de la cocina peruana puede convertirse en uno de los motores para recuperar el turismo receptivo y superar los niveles registrados antes de la pandemia.

“Necesitamos otro atractivo de similar potencia que Machu Picchu y creo que la gastronomía va a ser la que nos va a guiar para recuperar los turistas que hemos perdido prepandemia”, afirma.

Pero la oportunidad, según Calderón, no está únicamente en el visitante extranjero. El mercado nacional también ha cambiado y muestra una mayor disposición a viajar alrededor de experiencias gastronómicas.

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“El peruano ya es mucho más culto a nivel culinario. Espera comer bien, de manera contundente. Somos más críticos entre nosotros a nivel de sabores y eso es bueno”, señala.

Para una cadena como Aranwa, ese comportamiento termina impactando directamente en la manera en que se diseña la experiencia hotelera. La compañía busca que sus restaurantes dialoguen con el destino en el que se encuentran, en lugar de ofrecer una propuesta uniforme.

La estrategia gastronómica también tiene una dimensión económica que trasciende al hotel. Aranwa trabaja con proveedores locales y busca incorporar productos de las zonas donde opera.

Para Calderón, el crecimiento de la gastronomía genera una cadena de demanda que alcanza a distintos actores del destino. A ello se suma el movimiento generado para transportistas y otros proveedores vinculados a la actividad turística. Desde esta perspectiva, el restaurante funciona también como un mecanismo para conectar el negocio hotelero con la economía local.

La apuesta por la gastronomía se da, además, en un año en el que Aranwa prevé cumplir e incluso superar ligeramente sus objetivos comerciales. El retraso en la reapertura de Vichayito —inicialmente prevista para Semana Santa y finalmente concretada en Fiestas Patrias— los obligó a realizar inversiones adicionales y postergó el inicio de operaciones. Sin embargo, el desempeño de otros destinos permitió compensar ese efecto.

“Como empresa vamos a llegar a la meta prevista. Incluso creo que vamos a tener un 1% o 2% de incremento sobre las ventas esperadas a nivel cadena”, afirma Calderón.

El ejecutivo señala que Paracas y Valle Sagrado han tenido un buen desempeño durante el año. Si se comparan únicamente los hoteles que estuvieron abiertos tanto en 2025 como en 2026, la compañía registra un incremento de ventas superior al 5%.

Para Aranwa Hotels, la gastronomía dejó de ser un servicio complementario al hospedaje. En sus hoteles de destino, como Paracas y Vichayito, los restaurantes, bares y demás operaciones de alimentos y bebidas ya explican entre el 45% y el 48% de los ingresos.

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Para el último trimestre, la expectativa también es favorable. Vichayito viene tomando ritmo después de su reapertura, mientras que Paracas ya registra una fuerte demanda para las celebraciones de fin de año. A ello se suma la temporada alta de los hoteles ubicados en Cusco, Valle Sagrado y Colca.

Para 2027, sin embargo, la compañía anticipa un escenario más prudente. El principal factor de cautela será el impacto que pueda tener el fenómeno de El Niño en los destinos turísticos, especialmente en el norte del país.

La estrategia, no obstante, no contempla detener las inversiones. Aranwa busca consolidar su operación en Costa Rica y continuar con nuevos proyectos en Perú. Entre los próximos desarrollos figura el Palacio Ricketts, en Arequipa, que será un hotel boutique de lujo de 13 habitaciones. La compañía también tiene proyectos en Barranco, Surco y Chancay, además de evaluar oportunidades en Miraflores y San Isidro.

En Costa Rica, el objetivo es consolidar la operación y seguir evaluando oportunidades de crecimiento. En Perú, mientras tanto, la compañía continuará con la renovación de propiedades existentes. Para el 2027 prevé iniciar una mejora paulatina del hotel ubicado en el Valle Sagrado y avanzar con mejoras en el hotel ubicado en el Colca.

“No vamos a detenernos en apostar por el turismo, por la gastronomía peruana y porque de verdad tenemos fe y la certeza de que podemos ser una potencia”, concluye Calderón.

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