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El amor de Romeo y Julieta dura cinco días. Empieza un domingo, en un baile de máscaras, y termina el jueves en una cripta. Entre un extremo y otro caben una boda a escondidas, una pelea en plena calle, varias muertes y un destierro. Más que un idilio, es una carrera contra el reloj. Esa velocidad fatal es la que se ve en “Romeo y Julieta”, obra que se encuentra de temporada en el Teatro Municipal de Lima hasta el 8 de noviembre.
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Esa tensión también se construye con el espacio. El escenógrafo italiano Lorenzo Albani levantó un laberinto de metal que pesa tanto como las actuaciones. “Funciona por sí mismo y hace que la trama tenga otra capa más”, dice Óscar Yépez, intérprete de Romeo. María Grazia Gamarra, su Julieta, lo acompaña en esa idea. “Son esos espacios que tienen igual de importancia que la obra; hay que entender lo cómplice que puede llegar a ser con la historia”, agrega.
Ambos enfrentan, además, un terreno nuevo: es la primera vez que interpretan a estos personajes. La actriz cuenta que el director le advirtió desde el inicio que no sería la Julieta que ella imaginaba. Yépez dice que no recuerda haber sido Romeo en escena, aunque muchas veces lo fue fuera de ella, “así como otros tantos hombres que acaban fatalmente heridos como él, pero sin la muerte”, bromea.

La historia de los amantes de Verona tiene antecedentes literarios anteriores a Shakespeare. El dramaturgo inglés tomó como referencia un relato que ya circulaba en la tradición europea y lo transformó en la tragedia que hoy conocemos.
/ G Osorio
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Ahí radica el giro de esta puesta. Jean Pierre Gamarra la define como “un viaje contemplativo a través del dolor, la imposibilidad y la desesperanza”. Sin negar el odio entre las familias, la versión añade una sospecha incómoda. “Tenemos idealizado el amor, pero muchas veces somos nosotros mismos, los amantes, quienes nos convertimos en los propios obstáculos de eso que tanto deseamos”, sostiene Yépez.
Alrededor de los protagonistas, el entorno hace su parte. La violencia se hereda, el deseo pesa y el azar, que en otra obra sería un detalle, empuja decisiones sin regreso. María Grazia Gamarra anticipa el choque con las expectativas. “Aquí no hablamos de ese amor romántico que nos han pintado las películas, sino de ese amor más real, que tiene problemas, que se rompe desde dentro”, menciona.
Esa crudeza no es solo literaria. Yépez la reconoce en su propia experiencia y desmonta cualquier ternura fácil: hubo amores que lo consumieron por completo. “Fue hermoso, pero hermoso por el poder destructivo que tenía”, recuerda. Esa mezcla de belleza y daño es lo que, según el actor, busca el director: “una especie de estado sensorial constante”.
Sostener ese estado exige tiempo. “Si me hubieran dicho que tenía que ser Julieta hace algunos años, no habría podido asumir ese papel”, sentencia la actriz, quien comparte escena con Alonso Cano como Mercucio, Fernando Luque como Teobaldo, Amaranta Kun como Cupido y Sebastián Rubio como Paris.
A diferencia de adaptaciones que se inclinan por imágenes ya conocidas, aquí la apuesta se permite pausas largas, y Yépez lo explica así: “Es como cuando observas un atardecer. Lo último que quieres es que el atardecer se acelere y el sol caiga antes de tiempo”. Si el final ya está escrito, lo que esta versión pone a prueba es la resistencia de sus propios personajes, enfrentados a sí mismos.
Sobre la obra
Romeo y Julieta
Temporada: Hasta el 9 de noviembre,
Horario: Jueves, viernes y sábados 8 p.m. y domingo 7 p.m.
Lugar: Teatro Municipal de Lima
Entradas disponibles en Passline.

