Se dice que los problemas también pueden traer oportunidades. Considero que el próximo aumento de la Remuneración Mínima Vital (RMV) podría ser precisamente una de ellas: una oportunidad para repensar el actual sistema de remuneración mínima en el Perú.
Se dice que los problemas también pueden traer oportunidades. Considero que el próximo aumento de la Remuneración Mínima Vital (RMV) podría ser precisamente una de ellas: una oportunidad para repensar el actual sistema de remuneración mínima en el Perú.
Si analizamos con detenimiento el artículo 24 de la Constitución Política de 1993, podemos llegar, válidamente, a la conclusión de que nuestra Carta Magna no necesariamente exige la existencia de una única RMV aplicable de manera uniforme en todo el país. En efecto, el tercer párrafo de dicho artículo establece expresamente que: “las remuneraciones mínimas se regulan por el Estado con la participación de las organizaciones representativas de los trabajadores y empleadores”. El uso del plural —“remuneraciones mínimas”— no debería pasar inadvertido. Esta disposición constitucional podría abrir la puerta a analizar la posibilidad de establecer remuneraciones mínimas diferenciadas en función de determinados factores objetivos y relevantes.
Por ejemplo, podría evaluarse una diferenciación vinculada al tamaño de la empresa o a determinadas regiones en las que la informalidad laboral supere niveles particularmente elevados, como podría ser el 85%. Bajo este esquema, el Gobierno podría mantener la propuesta de incrementar la RMV a S/ 1.300, pero establecer que dicho monto sea aplicable a las medianas y grandes empresas o a determinadas regiones, manteniéndose los S/ 1.230 para los empleadores o trabajadores que se encuentren fuera de dichos ámbitos.
Una propuesta de esta naturaleza permitiría superar la lógica tradicional de discutir únicamente cuánto debe aumentar la RMV cada cierto tiempo y trasladar el debate hacia una cuestión de mayor trascendencia: cómo diseñar un sistema de remuneración mínima que responda de mejor manera a la realidad económica y laboral del país.
Además, la idea de establecer remuneraciones mínimas diferenciadas no resulta ajena a la experiencia comparada en la región. En México, por ejemplo, un mismo trabajo puede estar sujeto a un salario mínimo diferente dependiendo de la zona geográfica del país. En Panamá, por su parte, los salarios mínimos pueden variar considerando factores como la región, la actividad económica, la ocupación o el tamaño de la empresa.

