La estrepitosa eliminación de Botafogo a manos de Cienciano le ha inflado el pecho a los apóstoles de la altura en la Videna. El estadio Monumental de la Universidad Nacional del Altiplano se perfila como la sede de algunos partidos de la próxima eliminatoria, presumiblemente ante los rivales más duros y temerosos de jugar juntito al cielo; Argentina y Brasil.
La estrepitosa eliminación de Botafogo a manos de Cienciano le ha inflado el pecho a los apóstoles de la altura en la Videna. El estadio Monumental de la Universidad Nacional del Altiplano se perfila como la sede de algunos partidos de la próxima eliminatoria, presumiblemente ante los rivales más duros y temerosos de jugar juntito al cielo; Argentina y Brasil.
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El anuncio suena bonito para las graderías. Los 3,822 metros de altura sobre los que se sitúa el hermoso recinto puneño asoman atractivos para conseguir lo que hace rato no se obtiene a nivel del mar (a los albicelestes no les ganamos por eliminatorias desde el 85 y la última vez que vencimos al ‘Scratch’ fue por la mano de ‘Ruidios’). Después del colapso emocional que provocó el fracaso en el repechaje a Qatar y el fiasco del último proceso, la alternativa de dar un paseo por las nubes suena a canto de sirenas, sin Odiseo que se resista.
Aplaudo el entusiasmo de Ferrari, los ojitos burbujeantes del Tín y la sonrisa algo resignada de Mano, pero estamos haciendo las cosas al revés. Como siempre. Antes de buscar una ayudita de la naturaleza para anotar los goles que no hacemos, urge empezar a resolver los problemas que realmente importan: formar buenos jugadores, mejorar la competencia en todas las categorías, impulsar el fortalecimiento de los clubes (además de obligarlos a convertirse en verdaderas instituciones), y otros etcéteras mas. En suma, apuntar al fondo y no a la superficie, ejecutar una reestructuración profunda que permita consolidar las bases para que, en el mediano plazo, no debamos recurrir a estos empujoncitos tan incómodos para conseguir un resultado deportivo.
¿Oiga y por qué Colombia, Ecuador y Bolivia sí pueden usar los atajos que les provee la madre natura y nosotros no? Pues si nos ponemos serios veremos que en esos países hace rato que se dieron cuenta que la geografía no tiene chimpunes y, como se constató en el último Mundial, el talento no alcanza sin una preparación técnico, táctica y física de excelencia. Si no se trabaja, no hay forma de competir.
Quizás porque esto es fútbol y hasta un córner puede cambiar un destino, a Perú le vaya bien en esta nueva aventura. Puede ocurrir que los cálculos de Jean y el team brasileño acierten. Y si se concreta la propuesta de jugar con 64 equipos el 2030, y nueve de los diez sudamericanos agarran cupo directo, hasta cantemos “Contigo Perú” en un estadio marroquí. ¿Pero no nos estaremos engañando como ha sucedido tantas veces? ¿Vale la pena hacer todo este despliegue a cambio de un éxito que, a fin de cuentas, solo será pasajero?¿Que más necesita suceder, cuánto más necesitamos sufrir para reconocer que la mejor fórmula para conseguir el éxito es chambear duro y parejo, y que las ayudas no siempre llevan por buen camino?



