viernes, agosto 14

¿Existen todavía reglas para vestir durante el embarazo? Hace apenas unos días, Anne Hathaway llegó a la alfombra roja de la premiere de su nueva película, The End of Oak Street, con un look que rápidamente encendió las redes sociales: un top halter celeste de Atelier Prabal Gurung, corto por delante y con una dramática caída posterior, combinado con jeans de tiro muy bajo que dejaban su pancita completamente al descubierto.

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El estilismo dividió opiniones. Mientras algunos celebraron la propuesta, otros la calificaron de poco favorecedora e incluso aparecieron comentarios cuestionando la forma de su vientre y acusando a la actriz de utilizar una barriga falsa. Hathaway respondió a las especulaciones con humor desde sus propias redes sociales: “Fake hair, real bump”.

Pero más allá de la anécdota, la polémica abre una conversación mucho más interesante: ¿por qué seguimos teniendo una idea tan específica de cómo debería verse y vestirse el cuerpo de una mujer embarazada?

Durante décadas, la moda premamá estuvo construida alrededor de la idea de adaptar, cubrir y, muchas veces, disimular la pancita. Hoy ocurre casi lo contrario. No existe una única silueta, tampoco una lista de prendas permitidas y mucho menos la obligación de esconder un cuerpo que está atravesando una de sus mayores transformaciones.

Rihanna fue una de las grandes responsables de acelerar este cambio. Durante su primer embarazo, en 2022, convirtió su pancita en protagonista absoluta de sus looks: crop tops, transparencias, pantalones de tiro bajo, cadenas corporales y abrigos abiertos. Más que crear un nuevo uniforme de maternidad, hizo algo mucho más interesante: demostró que no tenía por qué existir uno.

Y esa es la verdadera evolución de la moda en la gestación. Celebrar a las mujeres también significa celebrar sus cuerpos reales y aquello de lo que son capaces, incluida la extraordinaria capacidad de dar vida. Mostrar la pancita, no debería resultar provocador ni extraño. Puede ser sensual, elegante, experimental, clásico o simplemente cómodo.

Y también puede ser muy fashion.

Lo interesante es que el comentado look de The End of Oak Street no ha sido un episodio aislado. Desde que anunció su tercer embarazo, Anne Hathaway ha convertido su press tour en una pequeña masterclass de moda de maternidad contemporánea.

Hathaway ya había demostrado durante la promoción y las premieres de La Odisea que no existe una única manera de hacerlo. En Londres apareció con un espectacular vestido azul de Dior, mientras que en otras apariciones de la gira experimentó con diferentes siluetas, proporciones y firmas.

La maternidad no reemplazó el estilo de Anne Hathaway. Simplemente se convirtió en una nueva variable dentro de él.

En un registro mucho más cotidiano aparece Alexandra Leclerc, quien durante su embarazo ha mantenido prácticamente intactos los códigos que ya definían su guardarropa: vestidos femeninos, siluetas relajadas, accesorios de lujo y esa estética Riviera que caracteriza muchas de sus apariciones alrededor del circuito de Fórmula 1.

Su caso demuestra otra posibilidad dentro del maternity style: no necesariamente hay que construir una nueva identidad estética durante el embarazo. El cuerpo cambia, las proporciones cambian y algunas prendas también tendrán que hacerlo, pero el estilo personal puede permanecer.

Vestidos largos y fluidos, estampados, accesorios protagonistas y piezas que acompañan naturalmente la nueva silueta forman parte de una propuesta mucho menos disruptiva que la de Hathaway, pero igualmente interesante.

En el extremo más sofisticado encontramos a Barbara Palvin, quien convirtió sus últimas apariciones en Cannes en una auténtica cátedra de elegancia durante el embarazo.

La modelo eligió precisamente el festival para revelar públicamente que esperaba su primer hijo junto a Dylan Sprouse y lo hizo sobre la alfombra roja con un delicado vestido celeste de Miu Miu que acompañaba su nueva silueta.

Palvin ha explorado una visión mucho más clásica del glamour en el embarazo: vestidos largos, siluetas femeninas y diseños que abrazan el cuerpo sin intentar esconderlo.

Y esta conversación ya no pertenece únicamente a las celebridades.

Durante la reciente Copenhagen Fashion Week, entre los looks de street style también llamaron la atención distintas mujeres embarazadas que incorporaron naturalmente la pancita a sus estilismos.

Es probablemente una de las señales más claras de que esta transformación ya trascendió la alfombra roja. Vestidos ceñidos, prendas oversized, tops, transparencias, capas o simplemente la ropa que cada mujer ya utilizaba antes del embarazo: no existe una fórmula universal para vestir la maternidad porque tampoco existe una única manera de vivirla.

Quizá esa sea la gran diferencia frente a la moda para embarazadas de otras décadas. Ya no se trata de diseñar prendas para esconder un cuerpo que está cambiando, o de perder el estilo personal en esa etapa, sino de permitir que cada mujer decida cómo quiere mostrarlo.

Anne Hathaway puede llevar un top halter con jeans de tiro bajo. Barbara Palvin puede elegir el glamour absoluto de Cannes. Alexandra Leclerc puede mantener intacta su estética relajada y femenina. Y otra mujer puede sentirse mucho más cómoda cubriendo completamente su pancita.

Todas son válidas.

Porque la moda nunca ha sido ajena a los cambios sociales y, en este caso, está acompañando una conversación mucho más grande sobre la relación que tenemos con el cuerpo femenino.

La maternidad no significa poner el estilo en pausa. Y la pancita tampoco necesita esconderse para ser elegante.

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