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Esta vez, Alonso Cueto regresa con una historia que, de algún modo, comenzó a gestarse hace más de tres décadas en las páginas de Somos. “Cuando Bernardo Roca Rey dirigía la revista, me propuso escribir una serie en la que una mujer mayor recordara su vida en Lima. El personaje se llamaba Alejandra y los textos aparecían como si fueran sus verdaderas memorias”, recuerda el escritor desde la sala de su casa. “Siempre me quedé con la ilusión de convertir esa idea en una novela, darle una continuidad y una vida propia. Con el tiempo nacieron Adriana y ‘Memorias de una limeña’, añade.
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― La novela plantea que la memoria no reproduce el pasado, sino que lo reinventa. ¿Hasta qué punto esa idea también define el oficio del novelista?
Recordar es contarse una historia a uno mismo utilizando los materiales de la memoria, pero inevitablemente agregando detalles, interpretaciones y emociones. Nunca es reproducir exactamente lo que ocurrió. He visto matrimonios discutir un mismo episodio y cada uno defender una versión completamente distinta. La memoria es un archivo, un depósito de información. El recuerdo, en cambio, es el esfuerzo personal por seleccionar aquello que realmente tiene sentido para nuestra vida.
― Después de leer tanto sobre Lima, ¿qué descubriste de la ciudad?
Más que descubrirla, confirmé algo que siempre había sentido. Viví ocho años fuera del Perú, entre Europa y Estados Unidos, y cuando regresé muchos me preguntaban por qué volvía si todos mis amigos se habían quedado afuera. Yo siempre quise regresar. No sé explicar del todo esa relación con Lima. Las grandes decisiones de la vida casi nunca tienen una explicación racional. Creo que mis padres me enseñaron a querer esta ciudad y ese vínculo nunca desapareció.
― En el libro aparecen figuras como Abraham Valdelomar, José Carlos Mariátegui o Magda Portal. ¿Qué representan para ti?
Representan una época de enormes ilusiones. Valdelomar quería transformar el país desde la cultura; Mariátegui tenía una fe inmensa en el futuro del Perú; Magda Portal apostó toda su vida por una causa colectiva. Había una convicción de que era posible cambiar el país. Eran personajes apasionados, contradictorios, capaces de jugarse la vida por sus ideas. Quise que acompañaran el recorrido de Adriana porque representan ese momento vibrante de nuestra historia.
― ¿Qué queda de aquella Lima en la ciudad actual?
La identidad de Lima nunca ha sido única. Existe la Lima tradicional de balcones y casonas, pero también la Lima inmensa construida por millones de migrantes. Ambas son igualmente limeñas. Es una ciudad marcada por el mar, por los cerros y por ese cielo gris que tanto ha influido en nuestros escritores. Ese gris no solo habla de melancolía; también habla de resistencia y de supervivencia. Hoy, además, vemos una ciudad llena de emprendedores que siguen reinventándola todos los días.

El escritor ve con esperanza el futuro del país ya que los peruanos tenemos «una enorme capacidad de resistir, emprender y levantarnos». (Foto: Diego Moreno)
/ Diego Moreno
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― ¿Ves con optimismo el futuro del Perú?
Si algo sostiene al Perú es la esperanza. Los peruanos hemos demostrado una enorme capacidad para resistir, emprender y levantarnos después de cada crisis. Somos un país construido sobre la diversidad y las diferencias. El reto es convertir esa riqueza en un proyecto común.
― ¿Qué historias te interesan contar ahora?
Ya empecé una nueva novela ambientada en la Lima del siglo XXI. Lima sigue siendo un paraíso para un escritor porque es una ciudad llena de contrastes, personajes e historias. Siempre hay algo que contar. Me interesa explorar esos encuentros inesperados entre personas de mundos completamente distintos. Ahí aparecen las mejores historias y, por ahora, es el universo que quiero seguir explorando.
― Después de tantos años escribiendo, ¿cómo es hoy tu relación con la literatura?
Escribo por necesidad. Me levanto todas las mañanas y lo primero que hago es sentarme frente al escritorio. Es un impulso que no sé explicar. Quizá tenga que ver con la muerte de mi padre. Descubrí muy joven que la literatura era una forma de dialogar con la muerte, de resistirse al paso del tiempo. Ahora, a mis 72 años, siento que esa necesidad es incluso mayor. Escribir sigue siendo, para mí, la mejor manera de rebelarme contra el olvido.
Además…
A saber
Próxima a cumplir 70 años, Adriana Verón Taipe ha decidido escribir la historia de su vida. Entre recuerdos, omisiones e imaginaciones, la escritura se convierte en el escenario donde la protagonista intenta reconciliarse con aquello que vivió y con todo lo que nunca llegó a suceder. “Memorias de una limeña” se presenta este 6 de agosto, a las 7 p.m., en el auditorio César Vallejo de la FIL Lima.

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