No es exagerado decir que en poco tiempo los niños sabrán usar la inteligencia artificial (IA) antes de aprender a escribir. La revolución de la IA, que ya trastoca casi todo aspecto de nuestra vida diaria, ha puesto a la humanidad ante incómodas preguntas sobre el impacto y los riesgos de su uso, un debate que se aborda con urgencia, sobre todo en el campo de la educación.
Los salones de clases ya no son los mismos. Estudiantes de todo el mundo, tanto en colegios como en universidades, ya no solo tienen las respuestas a cualquier pregunta al alcance de la mano, sino que pueden recurrir a chatbots con IA generativa para producir ensayos, corregir textos, completar investigaciones y modificar textos de otros autores hasta que parezcan propios. Y en cuestión de segundos.
Esta transformación lleva meses preocupando a políticos, educadores y padres de familia en cada vez más países. A las inquietudes por la sobreexposición a pantallas y redes sociales –que ya llevó a gobiernos y escuelas a emitir estrictas prohibiciones– se suman los temores por estudios que plantean que la IA podría afectar el aprendizaje y el pensamiento crítico. Un informe reciente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) advirtió que la IA está ocasionando una “rendición cognitiva”, como se conoce a la tendencia a adoptar los razonamientos producidos por una inteligencia artificial reduciendo al mínimo el análisis.
Noruega empezó a aplicar en agosto una restricción casi total del uso de herramientas de IA generativa para los alumnos de primaria, mientras que para los chicos mayores también rige un uso restringido de esta tecnología en su educación. Otro ejemplo de políticas severas se da en Nueva York, donde hace pocas semanas se anunció la prohibición del uso de inteligencia artificial generativa en las escuelas públicas desde preescolar hasta el octavo grado durante un año.
En paralelo, las grandes empresas tecnológicas –entre ellas Google, Microsoft, OpenAI y Anthropic– han aumentado los esfuerzos para introducir la IA en las aulas y compiten por difundir sus chatbots de IA en centros de educación. Un ejemplo claro fue la decisión de Google de habilitar hace poco el asistente de inteligencia artificial Gemini en Google Classroom, una aplicación utilizada por millones de estudiantes de todas las edades.
EN LA AGENDA GLOBAL
Un desafío con variados enfoques y estrategias
1.Programa piloto con chatbots en Islandia
A fines del 2025, se puso en marcha un programa piloto para integrar la IA en la educación con responsabilidad. Los profesores utilizaron chatbots como Claude (Anthropic) para generar juegos e ideas en clase.
2.Guías diferenciadas por edades en China
Impulsó una guía nacional sobre el uso de IA en escuelas primarias y secundarias, con permisos por edad. La guía se convirtió en una política estatal que incluye cursos obligatorios y examen de IA para docentes.
3.Regla estricta en Dinamarca
En agosto endureció las reglas para exigir que los estudiantes defiendan de forma oral sus trabajos escritos y así frenar el uso fraudulento de IA. También elabora una estrategia nacional más amplia para regular la IA.
4.Solo para apoyo didáctico en Brasil
Tiene un marco regulatorio que incluye políticas para escuelas y universidades. Se destaca que el docente es insustituible y que la IA debe utilizarse solo como apoyo didáctico, desaconsejando su uso en la primera infancia.

Debate complejo
Las respuestas de colegios, universidades e incluso autoridades que se han animado a tomar postura reflejan la complejidad del debate. Aun cuando los propios gigantes de la IA han advertido sobre los riesgos de esta tecnología y han instado a desacelerar su desarrollo, los enfoques sobre el impacto de la IA en la educación son diversos.
El último informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), publicado el 8 de setiembre, alertó de una caída histórica del rendimiento escolar, con un deterioro especialmente preocupante en lectura, vinculado en gran parte al uso de los dispositivos digitales, pero también de la inteligencia artificial.
Google Classroom es una herramienta poderosa para gestionar clases virtuales de manera organizada y efectiva. Desde la creación de clases, hasta la asignación de tareas, la gestión de calificaciones y la comunicación con los estudiantes, esta plataforma facilita todo el proceso de enseñanza online. | Crédito: smartmockups.com / Composición Mag
/ Ronie Bautista Gonzales
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El estudio realizado entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en el 2025 concluye que si bien el uso de IA para tareas escolares está ampliamente extendido, la relación entre el uso de esta tecnología y el rendimiento estudiantil es compleja y varía según cómo y para qué la utilicen los alumnos.
PRUEBA PISA 2025
- 46% de los estudiantes de los países de la OCDE utiliza chatbots de IA semanalmente o con mayor frecuencia para ayudarlos a aprender, según el informe PISA del 2025, presentado en setiembre.
- 28% de los alumnos entrevistados afirma que sus compañeros se distraen con el uso de dispositivos digitales durante la mayor parte o la totalidad de las clases de ciencias.
Ministros de 25 países de la Unesco firmaron recientemente una declaración para impulsar y vigilar el uso de la IA en la educación, donde los beneficios dependen de una “gobernanza deliberada, apoyo humano y una adecuada preparación”.
Julio César Mateus, docente e investigador de la Universidad de Lima y experto en educación y comunicación, cree que el debate sobre el impacto de la IA en la educación se mantendrá abierto. Un punto clave para el experto es que la rápida masificación de la IA ocurrió de manera poco responsable y antes de que sus propios creadores conocieran sus efectos, lo que se suma a problemas que ya existían con la digitalización de las aulas.
“Creo que el debate se enfoca mal cuando toma unos visos más bien radicales, maximalistas, que resume todo a sí o no. Yo creo siempre en que la respuesta y el debate tienen que tener una mirada contextual, donde se tome en cuenta el nivel, la situación concreta de los estudiantes, de las familias, de la posibilidad de acompañamiento. Reducir la discusión a hablar del uso correcto o incorrecto muestra un enfoque totalmente erróneo”, afirma a El Comercio.
La inteligencia artificial ya llegó a las aulas. (Foto referencial: generada con IA / Gemini)
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Mateus considera que ya que la inteligencia artificial ya está sobradamente presente en las actividades escolares, los docentes necesitan herramientas y guías concretas ante los nuevos desafíos en el aula.
“Todos sabemos o sospechamos que la IA debe tener un uso ético, pero ¿qué significa en concreto? Los docentes no tienen las herramientas ni los elementos completos para poder tomar una decisión pedagógica. Y estamos hablando de modelos de lenguaje que cambian todas las semanas, por lo que hay un alto nivel de incertidumbre e inestabilidad. Creo que hay una asimetría muy grande entre capacidades reales de los docentes, las posibilidades que les brindan las instituciones y los usos de esta tecnología que están absolutamente descontrolados de parte de los estudiantes”, señala.
Mientras la incertidumbre persiste, millones de estudiantes en el mundo seguirán formándose rodeados de una tecnología cada vez más sofisticada. La pregunta es si podrán adoptar la innovación sin perder las habilidades necesarias para su desarrollo y si llegarán a tiempo las medidas necesarias para garantizarlo.



