martes, octubre 13

Se ha hecho cada vez más evidente la instrumentalización de un agresivo boicot parlamentario de Juntos por el Perú a la acción del gobierno frente al horror del crimen organizado y al amenazante fenómeno de El Niño. Esta encierra el doble propósito de dejar al gobierno con facultades legislativas recortadas al extremo y de llevarlo, atado a su demanda, al terreno de la confrontación y la virulencia verbal intimidante en el Congreso.

Resulta insólito que un abierto y agresivo boicot como este, que podría restringirse a los 32 votos de Juntos por el Perú en Diputados, encuentre en Ahora Nación, Buen Gobierno y Obras el apoyo complaciente de 42 votos, número con el que estas agrupaciones podrían conformar una coalición opositora claramente diferenciada de aquella otra controlada por el expresidente golpista Pedro Castillo.

El dictamen de facultades legislativas aprobado a rajatabla en Diputados, mezquinamente limitado a 20 de 66 puntos y elevado ahora al Senado, parece encajar en la misma suerte subyacente de paralizar al gobierno y arrastrarlo a la confrontación.

Frente a ello y a lo ocurrido en Diputados, la presidenta Keiko Fujimori tiene que adoptar ya un juego político más sagaz que no tenga que anular sus metas y objetivos de aquí a cinco años ni hacerla resbalar a escenarios de pugilato que montan sus adversarios para acusarla de autoritaria.

En el Senado, las bancadas de Ahora Nación, Buen Gobierno y Obras suman 16 votos, frente a 14 de Juntos por el Perú. Otra oportunidad, ahí también, para que ellas formen un bloque de izquierda propio, evitando confundirse, como pasa en Diputados, con los oscuros designios prosenderistas de Juntos por el Perú.

Para estos tres partidos que responden a los liderazgos de Alfonso López Chau, Jorge Nieto Montesinos y Ricardo Belmont, está servida en bandeja la chance de convertirse no en la oposición que quiera Fuerza Popular, sino en la oposición más alineada con sus electores, que no son de las filas de la Movadef ni de la Fenatep.

Si Fujimori tuvo la gran virtud de ganar las elecciones sorteando confrontaciones que en campaña electoral son muy difíciles de sortear, como presidenta, jefa del Estado y encarnación de la Nación, su gran virtud tiene que ser la tolerancia, que no supone debilidad ni pérdida de autoridad. Su condición de última instancia de poder la coloca por encima de la organización política del país. Ahí reside su capital de visión, inteligencia, serenidad, control, cálculo y respeto estricto por el Estado de derecho. No importa cuáles sean los desafíos, dificultades y reveses a lidiar. Nada debería justificar su descenso a la provocación de sus adversarios.

¡A serenarse, señora Fujimori! Su gobierno no está en cuenta regresiva sino en apenas los primeros setenta días de cinco años. A la misma izquierda que le exige resultados en dos meses usted debiera pedirle la rendición de cuentas de aquellos gobiernos y municipios del sur del país que malgastaron miles de millones de soles del canon y del presupuesto en los últimos diez años, en las narices de sus electores.

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