Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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La presión de Estados Unidos sobre Cuba crece y apunta directamente a un cambio político en la isla. El secretario de Estado, Marco Rubio, llamó a los cubanos a establecer una “colaboración discreta con la CIA” y sostuvo que el país necesita un cambio “muy drástico”, mientras que el presidente Donald Trump anticipó que el actual Gobierno no durará mucho tiempo más. A este escenario se suma un revés diplomático para La Habana en la ONU, donde la resolución que exige el levantamiento del embargo estadounidense obtuvo su menor respaldo desde 1992.
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Trump agregó que cuando los buques estén frente a Cuba, los representantes del Gobierno de la isla “levantarán las manos” y que luego enviará ahí “a Marco Rubio a cerrar el acuerdo”. El mandatario afirmó que las autoridades cubanas terminarán cediendo ante la presión estadounidense.
El sábado 31 de octubre, Trump volvió a referirse a Cuba. En un acto en Florida, afirmó que el Gobierno Cubano “no va a durar mucho más” y anticipó que habrá cambios en la isla antes de que concluya su mandato, dentro de dos años y medio.
Trump calificó a Cuba como un “país fallido” y aseguró que su Administración sigue de cerca la situación.

El presidente estadounidense Donald Trump habla con la prensa a su llegada a una fiesta de Halloween en su residencia de Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida, el 31 de octubre de 2026. (Foto de Brendan SMIALOWSKI / AFP).
/ BRENDAN SMIALOWSKI
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La presión sobre Cuba no se limita a las declaraciones y amenazas de Estados Unidos. La isla también enfrenta un escenario diplomático menos favorable: la última votación en la Asamblea General de la ONU contra el embargo estadounidense registró el menor respaldo internacional en más de tres décadas.
La resolución pasó de 165 votos favorables en el 2025 a 130 en el 2026.
Los votos en contra de la resolución aumentaron de siete a 17, entre ellos los de Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador y Paraguay, además de Estados Unidos e Israel.
La votación evidenció también un giro en algunas posiciones diplomáticas tradicionales: Costa Rica votó por primera vez en contra después de más de tres décadas de respaldo al reclamo cubano, mientras que Colombia abandonó su apoyo y se sumó al rechazo. Alemania e Italia optaron por la abstención, al igual que el Perú, que estuvo entre los 25 países que no respaldaron ni rechazaron la resolución.
Un cambio en Cuba, por negociaciones o por la fuerza

Vehículos antiguos transitan frente a un mural con la bandera de Cuba pintada, el 25 de octubre de 2026 en La Habana. (EFE/Ernesto Mastrascusa).
/ Ernesto Mastrascusa
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El diplomático Juan Álvarez Vita, quien fue embajador del Perú en Cuba, considera que la isla se ha convertido en uno de los escenarios donde Trump podría intentar exhibir un triunfo de política exterior y que la ofensiva de la Casa Blanca contra La Habana debe analizarse en función de las necesidades políticas del republicano.
Álvarez Vita recuerda que la política estadounidense hacia la isla ha mantenido históricamente una dureza particular, incluso en comparación con la relación de Washington con otras potencias comunistas, como China y la desaparecida Unión Soviética.
“Cuba siempre ha sido, desde la época de Fidel Castro, una espina en su corazón. Eso no se puede negar”, señala.
Para el analista internacional Francisco Belaunde Matossian, el endurecimiento de la presión de Estados Unidos responde a una estrategia que mantiene abiertas distintas posibilidades para propiciar un cambio político en la isla, desde una negociación con el Gobierno de Miguel Díaz-Canel hasta una acción que termine con el actual régimen.
“Con Donald Trump nunca se sabe. Yo creo que estarían abiertos a las dos cosas. Lo que quieren, de todas maneras, es provocar un cambio. Entonces, si es mediante negociaciones o, en todo caso, mediante la capacidad de derrocar al régimen, mantienen las dos opciones”, explica Belaunde a El Comercio.
El analista considera que la estrategia estadounidense pasa, por ahora, por incrementar la presión sobre La Habana para forzar una transformación política. “Lo que sí buscan es aumentar la presión para, en todo caso, provocar un cambio de una u otra manera”, insiste.
¿Puede el régimen cubano resistir?

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel (c), participa en el homenaje al excombatiente de la Revolución, Camilo Cienfuegos, en el aniversario 67 de su muerte, en La Habana. (EFE/ Ernesto Mastrascusa).
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Belaunde considera que el Gobierno de Díaz-Canel tiene dificultades para aceptar una salida negociada, debido a la naturaleza del sistema político cubano y a su resistencia a abandonar el poder.
“Ese tipo de régimen no es una dictadura clásica, es un régimen totalitario, y lo que hace es buscar cerrarse al poder como sea. No quieren perderlo, aun cuando es evidente que para la población sería lo mejor”, sostiene.
El analista compara esta resistencia con la que han mostrado otros gobiernos autoritarios, como el de Nicolás Maduro en Venezuela y el régimen iraní. Indica que cuando existe una estructura de poder sustentada en una tradición ideológica y en la voluntad de mantenerse en el Gobierno a toda costa, resulta especialmente difícil conseguir una transición.
Respecto a la posibilidad de que la captura de Maduro disuada a las autoridades cubanas, Belaunde sostiene que La Habana interpreta que ambos escenarios son diferentes. Sin embargo, no descarta que la presión estadounidense pueda llevarla a negociar.
“Podría ser que cedan en negociaciones, pero ellos saben que toda negociación tendría que contemplar una transición a una democracia. Y esa es la parte que no les gusta. Ellos lo que quieren es mantener el poder”, afirma.
Belaunde explica que también se debe tener en cuenta la incertidumbre sobre las consecuencias judiciales que podrían afrontar los actuales dirigentes cubanos si abandonan el Gobierno. “¿Qué pasa judicialmente con los que dejan el poder? ¿Serán juzgados o no serán juzgados? Eso también será parte de mantener su disposición a negociar”.


