El Gobierno anunció un paquete de S/18.000 millones para el 2027, frente al Fenómeno El Niño (FEN) y al alza del precio de los combustibles. Las medidas incluyen bonos para las familias más vulnerables, subsidios a combustibles, mantenimiento e inversión en infraestructura y garantías de crédito para las micro y pequeñas empresas (mypes). El paquete va en la dirección correcta, dada la magnitud del FEN prevista para los próximos meses. Según el ENFEN, El Niño costero extraordinario se mantiene como el escenario más probable hasta enero del 2027 y un evento de esa magnitud podría impactar significativamente los ingresos de las familias y la continuidad de los negocios.
El impacto de un Niño extraordinario puede darse por distintas vías: inundaciones y huaicos en la costa, pérdidas de cosechas en el sur andino y menor pesca artesanal por el calentamiento del mar. Según el CENEPRED, alrededor de 6,6 millones de personas viven en zonas de riesgo muy alto por inundaciones y huaicos. Si se suman los pequeños agricultores y pescadores expuestos, estimamos que alrededor de 7,6 millones de personas podrían verse afectadas. De ellas, cerca de cinco millones son pobres o vulnerables, es decir, están en riesgo de caer en pobreza ante un golpe como este, o dependen de actividades especialmente expuestas al fenómeno.
Para estas familias, perder la vivienda, la cosecha o la pesca puede traducirse rápidamente en menores ingresos y mayor riesgo de pobreza. Según un estudio de la Universidad Nacional de Australia sobre El Niño costero del 2017, en los distritos inundados del norte los ingresos de los hogares cayeron cerca de 20% ese año y la probabilidad de caer en pobreza aumentó en 17 puntos porcentuales. Además, según la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), uno de cada seis hogares afectados de la costa norte tuvo que reducir su alimentación o consumo para enfrentar el impacto.
El impacto del FEN también alcanza a las mypes, que enfrentan menores ventas y mayores dificultades para conseguir crédito cuando más lo necesitan. Según el Ministerio de la Producción (Produce), El Niño costero del 2017 afectó a más de 164 mil empresas en ocho regiones, principalmente de comercio y servicios, debido a la paralización de sus actividades. Esto es especialmente crítico para las mypes, que dependen de sus ventas diarias y cuentan con reservas de efectivo limitadas. A ello se suma que, según un estudio publicado por el BCR, las entidades financieras ajustan anticipadamente su oferta de crédito ante cambios en el pronóstico climático. Durante los episodios de El Niño, un aumento en su probabilidad se asocia con una redistribución del crédito hacia zonas menos expuestas y una reducción en las más vulnerables. Para las mypes, las alternativas son más limitadas, pues el 75% de las que tienen crédito dependen de una sola entidad financiera, frente al 40% de las medianas y grandes empresas.
Los recursos para responder ya están anunciados. El reto ahora es lograr que lleguen a tiempo y a quienes más los necesitan. La ayuda humanitaria será indispensable durante la emergencia, pero también deben estar listos los mecanismos para sostener los ingresos de las familias y permitir que los negocios sigan operando. Por ello, desde Apoyo Consultoría proponemos tres ajustes, tanto para mejorar la implementación de las medidas anunciadas como para aprovechar mejor un instrumento que ya existe, el seguro agrícola, de modo que el apoyo llegue oportunamente a las familias, los productores y las mypes afectadas.
Preparar desde ahora un esquema de entrega del bono que permita iniciar los pagos sin esperar a que concluya el empadronamiento municipal y ajustar después el padrón, la cobertura y el número de entregas conforme se conozca mejor el daño. Hoy, actuar con rapidez enfrenta dos obstáculos. Por un lado, el padrón de hogares en las zonas expuestas aún está incompleto. Por otro, el procedimiento exige cruzar ese padrón con el listado de damnificados que levantan las municipalidades casa por casa, información que llega tarde porque su recojo puede tomar meses. En el 2017, el bono se pagó cinco meses después del pico de lluvias, cuando muchas familias ya habían tenido que endeudarse o reducir su consumo. Para evitar que ese retraso se repita, proponemos cuatro acciones complementarias.
Completar el padrón y dejar listos los canales de pago antes de las lluvias. El MIDIS ha avanzado en actualizar el Registro de Información Social en zonas expuestas a El Niño, pero aún es necesario cubrir vacíos. Para ello, puede aprovecharse el Censo 2025 y habilitar un registro digital de hogares con DNI y ubicación de la vivienda. Las entidades financieras, a través de sus billeteras digitales, también podrían contribuir a completar esta información y dejar habilitado el canal de pago.
Autorizar una primera entrega sin esperar a que concluya el empadronamiento municipal. Una vez declarada la emergencia de nivel 4 o 5, debería autorizarse una primera transferencia a los hogares pobres previamente registrados en el distrito. Así, la ayuda podría comenzar a llegar mientras las municipalidades continúan identificando casa por casa a los damnificados.
Ajustar el padrón de las siguientes entregas conforme se conozca mejor el daño. En las semanas posteriores, el Estado podría combinar imágenes satelitales y aéreas con reportes locales para delimitar las zonas efectivamente afectadas. Esta información permitiría incorporar nuevos hogares afectados, excluir a quienes no fueron alcanzados por el desastre y utilizar el empadronamiento municipal para afinar las rondas posteriores.
Ajustar la cobertura y el número de pagos según la magnitud de la afectación. Cada pago debería cubrir la canasta básica alimentaria del hogar, unos S/800 en la costa y S/700 en la sierra. Los S/2.500 millones anunciados permitirían financiar tres pagos a unos 730 mil hogares pobres de las zonas expuestas. Si también se incluyeran los 690 mil hogares vulnerables a caer en pobreza, tres pagos elevarían el costo total a aproximadamente S/3.400 millones, por lo que se requerirían cerca de S/900 millones adicionales. La prioridad inicial debería ser atender a los hogares pobres y ampliar progresivamente la cobertura conforme se identifiquen las zonas efectivamente afectadas.
Estas medidas permitirían responder con mayor rapidez ante el próximo FEN, pero no deberían convertirse en la forma permanente de actuar frente a cada emergencia. Una vez superado este episodio incial, el Midis debería avanzar hacia un mecanismo que permita activar transferencias automáticamente ante futuros eventos. Un seguro paramétrico, por ejemplo, podría liberar recursos cuando las lluvias o sequías superen determinados umbrales.
Focalizar las garantías anunciadas en nuevos créditos para las mypes de las zonas afectadas. El Fondo Crecer debería respaldar créditos nuevos de capital de trabajo en distritos con emergencia de nivel 4 o 5, para que las mypes puedan reponer inventarios y sostener sus operaciones. Las entidades financieras conservarían parte del riesgo. Cofide debería simplificar la documentación exigida para ejecutar las garantías y fijar los plazos de pago, para facilitar la participación de las entidades que atienden a las mypes.
Lograr que el seguro agrícola que el Estado ya pagó llegue a los productores, y proteger también al ganado. El Seguro Agrícola Catastrófico ya existe y es financiado íntegramente por el Midagri, pero su efectividad depende de que los productores sepan que están cubiertos, puedan reportar sus pérdidas con facilidad y reciban la indemnización sin demoras. Para ello, se necesita avanzar en tres acciones.
Informar desde ahora a los productores asegurados. El seguro cubre a pequeños productores de agricultura familiar con hasta S/1.000 por hectárea perdida y alcanza más de dos millones de hectáreas. Sin embargo, muchos agricultores desconocen que están asegurados o cómo solicitar la indemnización. Las direcciones regionales agrarias deberían informarles, a través de sus promotores, la radio y el celular, qué cubre el seguro, cómo reportar una pérdida y qué pasos deben seguir para cobrar.
Extender la protección a los productores ganaderos. El seguro actual cubre cultivos, pero no animales. Por ello, el Midagri debería poner en operación antes del verano el seguro paramétrico para alpacas anunciado para Puno, que financia forraje cuando el pasto se seca, y establecer un cronograma para extenderlo progresivamente al resto del sur andino.
Hacia la siguiente campaña, contar con un padrón de productores cubiertos para facilitar el reporte y el pago. Para la campaña 2027, el Midagri debería proporcionar a las aseguradoras un padrón con la ubicación de las parcelas y un medio de contacto de los productores asegurados. Así, las aseguradoras podrían informarles directamente sobre su cobertura, recibir con mayor rapidez los reportes de daños y agilizar el pago de las indemnizaciones, sin depender únicamente de que el agricultor se acerque a una agencia agraria.
*Agradecemos los aportes de María Antonieta Alva, Luis Cordero y Eduardo Morón.

