“Eran como las tres o las cuatro cuando desperté con una canción completa en mi cabeza. Era ‘Jamás impedirás’. Busqué papel y lapicero, pero no encontré nada. Entonces vi una camisa colgada de un clavo, lo retiré y con el clavo escribí toda la canción sobre la pared celeste de yeso de mi habitación. Dios me la regaló, me la puso en los oídos. Desde aquel momento nunca dejé de componer y todas mis canciones comenzaron a tener éxito”, recuerda emocionado.
La primera en grabar “Jamás impedirás” fue Cecilia Barraza, quien entonces daba sus primeros pasos en la música. Más adelante, el tema cobraría nueva vida en las voces de Lucha Reyes, Cecilia Bracamonte, Lucía de la Cruz y otras grandes intérpretes del criollismo.
Pero su inclinación por el romanticismo había nacido mucho antes de aquella experiencia. Tenía apenas ocho o nueve años cuando descubrió las novelas de amor que, según recuerda, no eran lecturas habituales para un niño de su edad. Una de ellas fue “Aura o las violetas”, del escritor colombiano José María Vargas Vila. “Después de leer ese libro nació mi gran preferencia por todo lo romántico”, confiesa.
Esa sensibilidad dio vida a canciones como “Yo perdí el corazón”, “Huellas”, “Las horas que perdí”, “El artista” y “Que somos amantes”, que retratan amores imposibles, desengaños y despedidas. Aunque no todas surgieron de sus propias vivencias. Muchas nacieron de las historias que amigos y conocidos le confiaban y que él, con su talento, transformaba en canciones capaces de conmover a generaciones.
Una de esas confidencias dio origen a “Que somos amantes”, canción que Escajadillo compuso en 1980, cuando hablar abiertamente de una relación extramatrimonial todavía era un tema tabú. Un amigo le había contado su historia sentimental y él decidió llevarla a la música, pese a los prejuicios de la época.
“Pensé que había llegado el momento de romper con ese tabú. Me arriesgué”, recuerda.
Por aquellos días recibió la visita de Carlos Ayllón, padre de Eva Ayllón, quien le pidió una composición para que su hija participara en el Festival de Ancón. La joven cantante ya se presentaba en algunas peñas, pero todavía no había competido en un certamen de esa importancia. Escajadillo recordó entonces aquella historia de amor prohibido y decidió escribir “Que somos amantes”.
Eva interpretó el tema en el festival. Aunque llegó a la final y no ganó, la canción terminó convirtiéndose en una oportunidad decisiva para su carrera.
“‘Que somos amantes’ le abrió las puertas a Eva Ayllón, así como a mí me las abrió ‘Jamás impedirás’”, comenta.
Escajadillo habla de sus composiciones con el mismo cariño, sin importar cuánto éxito hayan alcanzado. Cada una ocupa un lugar especial en su vida.
“Todas me emocionan. A todas les tengo un cariño inmenso porque son regalos de Dios. Antes de componer siempre le agradezco y le pido que me ilumine. Quizás ‘Jamás impedirás’ sea esa estrellita que me regaló para alumbrar el camino de mi vida”, reflexiona.
Antes de conquistar al público con sus canciones, el destacado compositor soñaba con triunfar en el fútbol. De joven jugó en Los Caimanes de Puerto Eten, equipo al que ayudó a ascender a Primera División con un gol decisivo.
“Yo sé lo que es inflar una red con un gol de campeonato. Por eso en Puerto Eten me quieren mucho, me consideran un hijo adoptivo”, recuerda orgulloso.
Jugaba en distintas posiciones y dominaba ambas piernas, pero al llegar a Lima para postular a la universidad dejó atrás las canchas. La música terminó ganándole terreno al fútbol, aunque su pasión por el balón nunca desapareció.
Años después, ambas pasiones volvieron a encontrarse. Pese a ser hincha de Alianza Lima, compuso “Universitario y yo”, inspirada en la despedida del futbolista uruguayo Rubén Techera del club crema. También conoció y rindió homenaje a Lolo Fernández, ídolo de Universitario, en un encuentro que todavía recuerda con emoción.
“Soy hincha de Alianza, pero siempre he dicho que, si no lo fuera, sería hincha de la U”, confiesa. También tiene pendiente dedicarle una canción al equipo blanquiazul. “No sé cuándo, pero, Dios mediante, será una de las canciones deportivas más importantes de mi vida”, asegura.
Otra de sus composiciones deportivas nació de una curiosa apuesta con Man Bok Park, entrenador de la recordada selección peruana femenina de vóley. Corría 1982 y Escajadillo había escrito una canción para la selección de fútbol que disputaría el Mundial de España.
Un día, mientras almorzaba en un restaurante, coincidió con el técnico surcoreano, quien escuchó a los comensales cantar aquel tema. Al enterarse de que Escajadillo era el autor, lo mandó llamar y le preguntó por qué componía canciones solamente para el fútbol y no para las voleibolistas, que también representaban al Perú.
“Me comprometí a componer y grabar una canción, pero le puse una condición: si le gustaba, tendría que invitar a almorzar a las 16 personas que lo acompañaban y a cuatro invitados míos. Al sábado siguiente le llevé ‘Vóley peruano’, que muchos conocen erróneamente como ‘Manos morenas’. Le encantó y pagó la apuesta”, recuerda entre risas.
A pocos días de una nueva celebración del Día de la Canción Criolla, Escajadillo también reflexiona sobre el presente del género al que ha dedicado buena parte de su vida. No comparte la idea de que los jóvenes hayan perdido interés por esta música. Considera, más bien, que el problema está en la escasa difusión de nuevas composiciones.
Cuestiona que muchos espacios radiales continúen repitiendo las mismas canciones, mientras los intérpretes y compositores jóvenes enfrentan enormes dificultades para dar a conocer su trabajo.
“Es una bandeja que ya está podrida, chancada, machacada, porque siguen repitiendo lo mismo”, sostiene.
A sus 83 años, Escajadillo sigue componiendo y mira el paso del tiempo con nostalgia. Cuando se le pregunta cómo quisiera ser recordado, su respuesta es sencilla: que sus canciones sigan sonando cuando él ya no esté.
“Si tengo esa dicha, desde otra dimensión, de que sigan cantando mis temas, veré complacido que sigo siendo recordado”, concluye.

