Los metales críticos son parte de la discusión en la agenda global, porque son insumos imprescindibles para los cambios tecnológicos que ya se avizoran; y que, en el caso particular del cobre, destaca por su alta demanda. La mayor demanda del cobre se explica por los centros de datos e inteligencia artificial, donde se proyecta un incremento anual de 26%; por la inversión en energías renovables, donde se estima un crecimiento de 14%; y por los vehículos eléctricos, con un aumento del 12%.
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Para desarrollar todo el potencial exportador del corredor del norte, que se calcula en 1,5 millones de toneladas finas de cobre anual, se requerirá una planificación sincronizada público – privadas, que permita: 1) el desarrollo del puerto de Eten, con una capacidad exportadora mayor a 5 millones de toneladas anuales a granel (concentrados de cobre); 2) el diseño y construcción de un concentra ducto, como el existente en Antamina, que permita transportar la pulpa de concentrado hasta un punto como el poblado de Chilete, y desde este punto realizar el transporte en camiones y así constituir un sistema logístico multi – modal; y 3) se requerirá ampliar las líneas de transmisión interconectadas en 500 kV, para así atender el incremento en la demanda de energía, de todas las nuevas minas de cobre de este corredor.
Para el análisis el potencial exportador del corredor sur, que también sería del orden de 1,5 millones de toneladas finas de cobre anual, hemos considerado pertinente sub dividirlo en un sub corredor sur costero, que abarca las regiones de Arequipa y Moquegua, y que al día de hoy podría exportar a través del puerto Matarani; y el sub corredor sur alto andino, que abarca las regiones de Apurímac y Cusco; su desarrollo requerirá una mirada conjunta público y privada, de manera que se discutan y se implemente infraestructura compartida. La misma situación que atraviesa el corredor norte.
Respecto a todos los proyectos de cobre localizados en el corredor sur alto andino, planteamos una premisa que ayudaría a acelerar su puesta en valor; 1) en su primera fase, explotarían el mineral de cobre secundario o “supergeno”, que puede lixiviarse con ácido sulfúrico y por ende producir cátodos de cobre; y dejarían para una segunda fase, la
explotación del mineral de cobre primario, que requerirá plantas de flotación, depósitos de relaves y desarrollar un concentra ducto similar al planteado para el corredor norte. Este concepto de desarrollar los yacimientos de cobre por fases no es nuevo. De hecho, tiene en la mina de Cerro Verde, un ejemplo exitoso, con reconocimiento mundial. 2) acordado, el paso anterior, lo que correspondería sería desarrollar un sistema logístico de transporte y almacenamiento de ácido sulfúrico, que podría robustecerse con la expansión de la fundición de Ilo; para lo cual la línea férrea debería extenderse de la estación Imata, hasta al menos el poblado de Tintaya (150 km.).
En resumen, el Perú produce en la actualidad 2,7 millones de toneladas de cobre fino anual y con el pleno desarrollo de su portafolio norte y sur, podría alcanzar una producción del orden de 5,7 millones; cifra ligeramente superior a la actual producción chilena. Sin embargo, el pleno desarrollo de este portafolio requerirá la implementación de un modelo colaborativo público y privado, porque el compartir infraestructura reduce la huella ambiental, incrementa el retorno sobre la inversión y acelera su puesta en marcha. El desafío está en nuestras manos.

