En marzo de 2020, cuando Kluiverth Aguilar apenas tenía 16 años, Alianza Lima anunció la venta del lateral al City Football Group por una cifra cercana a los 2,5 millones de euros. En 2021, ya con 18 complidos, fue enviado al Lommel SK de Bélgica y se convirtió en una de las transferencias más importantes de un jugador peruano al extranjero. Era, también, el comienzo de una tendencia que en los siguientes años tendría nuevos protagonistas: futbolistas de la Liga 1 que salían directamente hacia Europa sin pasar antes por otro mercado sudamericano.
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En 2023 llegaron los casos de Luis Iberico y Jesús Castillo. El primero pasó de Melgar al Riga de Letonia con 25 años. El segundo, con apenas 22, fue transferido de Sporting Cristal al Gil Vicente portugués.
Y luego apareció una nueva generación. Joao Grimaldo, Nicolás Amasifuén, Gabriel Soto, Bassco Soyer, Jefferson Cáceres, Víctor Guzmán, Adrián Ugarriza, Franco Zanelatto y, finalmente, Osorio.
El listado muestra algo evidente: el mercado europeo ya no busca únicamente futbolistas consolidados. También observa cada vez más a los juveniles de la Liga 1. Sporting de Portugal, Gil Vicente, Santa Clara, Partizán, Slovácko y otros clubes han encontrado en el campeonato peruano una fuente de jugadores jóvenes con potencial de desarrollo.
Sin embargo, el camino de regreso también es significativo. De los 18 futbolistas que salieron directamente desde la Liga 1 hacia Europa desde 2020, ocho ya volvieron al torneo peruano. Aguilar, Rodrigo Vilca, Matías Succar, Aldair Fuentes, Fernando Pacheco, Luis Iberico, Joao Grimaldo y Jefferson Cáceres son parte de ese grupo según la situación actual proporcionada.
Algunos regresaron después de no encontrar continuidad. Otros cambiaron de club varias veces antes de volver. También existen casos en los que la experiencia europea sirvió para ampliar su recorrido profesional, aunque finalmente terminaron nuevamente en el fútbol peruano.
El 44% de retornos no necesariamente significa que las transferencias hayan sido un fracaso. Esa sería una lectura demasiado simple. Para un futbolista de 18, 19 o 20 años, llegar a Europa significa ingresar a un entorno competitivo completamente diferente: nuevas exigencias físicas, culturales, tácticas y, en muchos casos, la necesidad de adaptarse lejos de su familia.
El verdadero problema está en qué ocurre después de la venta. Una transferencia puede representar un ingreso importante para el club peruano y abrir una puerta para el jugador, pero si no existe una ruta clara de desarrollo, el salto puede terminar siendo únicamente eso: un salto.
El caso de Aguilar es ilustrativo. Fue transferido siendo muy joven al City Football Group y pasó por Bélgica antes de continuar su carrera en Estados Unidos. No todos los jugadores de aquella primera camada tuvieron una trayectoria similar.
La lista de los últimos años también muestra que todavía es demasiado pronto para saber qué ocurrirá con los más jóvenes. Soyer, Guzmán, Soto y Osorio recién están dando sus primeros pasos. Lo mismo ocurre con aquellos que permanecen en Europa y todavía buscan consolidarse.
Ahí aparece el gran desafío para la Liga 1. Vender jugadores jóvenes a Europa es una señal positiva. Significa que existe talento y que los clubes pueden convertirse en vitrinas para mercados más grandes. Pero el éxito del modelo no debería medirse únicamente por la cantidad de transferencias realizadas, sino también por cuántos futbolistas logran permanecer, competir y crecer al otro lado del océano.
Desde Aguilar hasta Osorio han pasado seis años y 18 historias diferentes. El número más llamativo, sin embargo, no está solamente en las ventas: ocho regresaron a casa.
Europa sigue siendo el gran sueño para el futbolista peruano. El siguiente paso será conseguir que ese sueño no termine demasiado pronto.
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